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martes, 11 de marzo de 2014

Las fuentes de la Alameda de Hércules en 1764-65

Tras las obras de remodelación de la Alameda de Hércules, ordenadas por el Conde de Barajas en el XVI, que incluían la colocación de tres fuentes, no hemos encontrado novedades sobre la eliminación de aquel fontanal y la colocación en su su lugar de otras nuevas. Los husillos, alcantarillas, cañerías, atajeas o zanjas, eran objeto de continua atención por parte del ayuntamiento; al igual que la arboleda, que solía ser regada, podada, e incluso hasta repuesta. Aquellos trabajos eran incesantes. El desnivel provocado debido al relleno de la zona con cascotes dio lugar a la continua inundación de las casas adyacentes. Por otra parte, el agua de las fuentes solía ser usadas por los vecinos para beber mientras que para el regadío se empleaba agua del río. En período de lluvias, las zanjas de la Alameda se colmaban de escombros e inmundicia. De esta manera, en los siglos XVII y XVII, el paseo solía ser a la vez lugar tanto de ocio ( principalmente en verano ) como lodazal o estercolero, por lo que se apremiaba la necesidad de una solución.

El viajero Jouvin, en El viaje por España y Portugal,  en 1672,  aludía al fontanal del bulevar: "....por las noches da gusto ver las carrozas y las personas de calidad pasearse al fresco de todas estas hermosas fuentes, cuyas aguas son las mejores de beber en la ciudad." Sin embargo, no podemos asegurar que aquellos surtidores fueran los de la reforma del XVI. Lo que sí está claro, es que la calidad de las aguas procedentes de los Caños del Arzobispo era magnífica; un manantial que pasaría a ser protagonista de la siguiente remodelación de la Alameda.


Entre 1760 y 1767, gobernó en Sevilla el asistente predecesor de Pablo de Olavide, Ramón de Larumbe, quien protagonizó una política de mejoras en la distribución del agua entre 1764-65, incluyendo una extensa remodelación de la Alameda de Hércules que incluía, además de la reposición del arbolado, nuevos asientos y alcantarillas, la inclusión de tres nuevas fuentes y la colocación de dos nuevas columnas ( las de los leones ), explicándose en las lápidas de las mismas, que están sobre los pedestales, las obras realizadas. La de la derecha, menciona la nueva cañería que desde la Fuente del Arzobispo surte a la (pila) de la Puerta de Córdoba, seis fuentes de esta Alameda, la de San Vicente; abasteciendo también al Convento de Capuchinos, San Hermenegildo, San Basilio, etc.

En el Archivo Municipal existen planos del siglo XVIII que explican la distribución de las aguas procedentes de la Fuente del Arzobispo, observándose las conducciones antiguas y nuevas. En el plano ( abajo ) se mantiene tres fuentes en el paseo de las columnas ( como en la reforma del XVI ), añadiéndose otras tres paralelas a las primeras en el paseo oriental, estando conectadas a la conducción vieja. La disposición de las pilas, presentaba dos de ellas a la altura de las columnas de los leones ( norte ), otro par en el centro y el último cerca de los Hércules. Las primeras eran de piedra de Morón, las siguientes de jaspe, y las últimas de piedra de Estepa.



Alameda de Hércules, ha 1780. Escena costumbrusta, en la que algunas de las fuentes probablemente pudieran ser las ubicadas en la reforma del Asistente Larrumbe, en 1764-65:


La disposición de las nuevas fuentes de la Alameda se verían reflejadas en el Plano de Olavide, de 1771, y en el posterior de Tomás López de Vargas Machuca, de 1788:

De esta forma concluimos la segunda de las entregas sobre las fuentes colocadas en la Alameda de Hércules, apoyada en la tesis doctoral de D. Antonio José Albardomero Freire, dentro de la serie de reportajes dedicados a su Historia que sevilladesaparecida.com dedica con asiduidad. En breve, continuaremos hablando sobre las distintas pilas y fontanales que pertenecieron al pasado hispalense, pero que desaparecieron, entre otros motivos, por la idiosincrasia de una ciudad que no suele valorar lo tradicional, siempre y cuando esta característica, en primera instancia, no deje beneficios crematísticos.

sábado, 8 de marzo de 2014

Fuentes: en la Alameda en tiempos de Felipe II

Las fuentes de la Alameda de Hércules ( I ): En tiempos de Felipe II

Uno de los procesos más importantes en la historia de la evolución urbana de Sevilla se produjo en el siglo XVI, motivada  por factores derivados de su establecimiento geográfico y por nuevas circunstancias históricas que provenían inmediantamente del Descubrimiento de América y que tras anteriores monarquías, se establecieron con la llegada del reinado de Felipe II, período en que gran parte de la Ciudad, Puerto de las Indias, sufrirá una intensa remodelación, la cual tendrá su reflejo, entre otros campos, en la arquitectura, los servicios publicos y la ornamentación. De esta forma, consideramos aprovechable el no extendernos en asuntos históricos que ampliarían innecesariamente una información que pretendemos sea resumida y cómoda para el lector, por lo que nos centraremos en el hecho que titula el asunto.

Sabido es que en 1574 el Conde de Barajas drenó los terrenos de lo que era la Laguna de la Feria con el propósito de construir en su lugar un paseo, una alameda, lo que se llamó la Alameda de la Feria. En 1570, Felipe II hizo su entrada en Sevilla, exponiéndose a tal fin ejemplos de arquitectura y ornamentación festivas temporales, preludio de lo que sería  cuatro años después la concepción de la estatuaria civil a modo de monumento público y permanente: las columnas y estatuas de Hércules  ( trasunto de Carlos V ) y Julio César  ( trasunto de Felipe II ), por vez primera en nuestra ciudad. Las columnas son concebidas a la manera de un pórtico triunfal, que será también elemento ordenador de aquella nueva realidad conocida por la Alameda de Hércules.

Piezas Indispensables para el ornato del bulevar serían la fuentes, que además formarían parte de un programa fontanal aún mayor si cabe, orientado también a surtir diferentes collaciones y zonas: tres en la Alameda, una en la Feria, San Vicente y el Duque, mas la reforma de las existentes en el Valle y Santa Lucía. Una obra hidráulica de consideración cuya inspiración pudo haber nacido en la persona de Felipe II durante su estancia de 1570 y que vio en los Países Bajos las mejoras de la nueva ingeniería renacentista sobre terrenos inundados, al igual que también conoció las largas alineaciones de árboles en los paseos italianos, habiendo también promovido el Palacio de Aranjuez.

El propósito  se orientaba a conjuntar la naturaleza, el arte y el espacio social; un jardín manierista que mezclaba pensamientos de tratadistas clásicos y renacentistas como Plinio y Vitrubio, Alberti y Serlio.

Para llevar a cabo el proyecto se invirtieron treinta mil ducados. El notario apostólico Francisco Siguenza, mencionaba las fuentes: ".....el conde de Barajas don Francisco Zapata de Cisneros, que fue assistente de esta Ciudad, queriendo illustrarlla con adornar una plaza tan grande como la que aquí auía, hizo esta Alameda, trayendo a las tres fuentes que vuesa merced en ella vee el agua del Arzobispo.......". Siguenza se refería a las Fuentes del Arzobispo, uno de los acuíferos que abastecieron Sevilla desde tiempo inmemorial, en paralelo a los Caños de Carmona y que se encontraría entre el actual Polígono Store y el ferrocarril de enlace, aquel manantial cuyo nombre se relaciona con el Arzobispo Don Remondo debido a su aportación a las conducciones de agua sobre dicho sitio.

Según Morgado en su Historia de Sevilla, pocos años después de que se urbanice la Alameda: "..... ante todas cosas se hizo limpiar y escombrar, y abrirlea la larga de la una y la otra vanda dos grandes zanjas de más de dos varas en ancho, y medio estado de hondo, por donde se desaguassen al río por su antiguo husillo." plantanda por unas y otras vandas grandes hileras de los mismos árboles, los cuales dividen una zanja de agua, que corre por medio dellos, de las que trasvierte las tres fuentes que se levantaron en esta calle mayor y más principal .....". Las fuentes, proyectadas por Asensio de Maeda, eran de aspecto tradicional italiano, hechas en diversos mármoles; a lo que escribió Ortiz de Zúñiga: "....bien labradas de piedra barroqueña, baxas, así porque el agua no alcanza a subir mucho por la poca altura que dimana, como por la comodidad del pueblo que las frecuenta......".

Esta pintura de la Alameda de Hércules pertenece a la segunda mitad del siglo XVII. Acusa rigidez y no fue tomada del natural, mientras que la fuente y las columnas no acusan las proporciones adecuadas. La hilera central de árboles tampoco obedece al ordenamiento inicial del proyecto:


Hasta el momento sólo tenemos informes de dos de las fuentes: una, hecha por Diego de Pesquera, que iba rematada por el dios Baco; la otra, de Bautista Vázquez, que contenía efigies de Neptuno y las Ninfa. La fundición de los bronces fue obra de Bartolomé Morel.  El diámetro de cada pila de cada fuente era de 16 varas ( 0'836 metros, equivalente de la vara según el patrón sevillano ). Abajo, óleo Ha. 1660. Escena costumbrista de la Alameda en que vemos una fuente  entre las columnas, apreciada mejor en el segundo extracto del lienzo que hemos ampliado:



Esta imagen al óleo corresponde a la primera mitad del XVII. Los restos arqueológicos y las estatuas no se pintaron del original, por lo que no podemos identificar si el emplazamiento de la fuente que vemos en primer término sea la que existió en realidad en aquel momento: 

La instalación de fuentes, parte del proyecto de remodelación de la Alameda, significó la fracción de un ambicioso plan que cambiaría parte de la fisonomía de la Ciudad. El concepto de las fuentes como elemento urbanizante se verá más adelante en la Fuente de Mercurio de la Plaza de San Francisco, al igual que otros lugares de Sevilla. En la próxima entrega sobre las fuentes, hablaremos de las colocadas en el siglo XVIII, tanto en nuestra querida Alameda como en otros lugares de la Ciudad del Betis.

viernes, 7 de marzo de 2014

TIENDAS DE ULTRAMARINOS DESAPARECIDAS DEL CASCO ANTIGUO ( II )

Comenzamos la segunda entrega del espacio relacionado con las tiendas de ultramarinos inexistentes desde hace años en el Casco Antiguo sevillano, que en esta ocasión nos lleva a dos lugares muy diferentes dentro de la configuración conocida de la Ciudad, pero que entre ambos guardaban una clásica relación, tanto en antiguedad como en tradición. 

ULTRAMARINOS LA MONEDA

Situado en una de las calle con más enjundia y solera de Sevilla, Almirantazgo, y en el mismo corazón del Postigo del Aceite se encontraba uno de los comercios de ultramarinos que llegaron a ser más célebres a partir de la segunda mitad del siglo XX. Justo en 1950, enfrente de lo que fue la desaparecida barreduela del Alfolí, que en 1906 formó parte del ilustre Cinematógrafo Salón Gaumont, se fundó por Felipe Justel Santamaría, comerciante de raíces montañesas, la tienda La Moneda, que venía a sustituir el espacio de unas antiguas oficinas. Al parecer, aquel despacho de ultramarinos debió su nombre a otra tienda que ocupó parte de una finca, frente a la Casa de la Moneda, en la calle Adolfo Rodríguez Jurado, que fue derribada para la construcción del edificio del Banco Exterior de España. Abajo, plano de lo que fue la tienda de ultramarinos, con el mostrador (m), dividiendo el espacio principal:


Estaba compuesta por dos habitaciones: despacho al público y almacén. Tenía tres accesos, dos en el frontal y otro en un lateral que comunicaba con una casa vecina. El mostrador era recto, de madera pintada y tapa marmórea. También se encontraban las clásicas sillas para los clientes.

Los tiempos actuales han pasado, al igual que por encima de otros establecimientos tradicionales, también por los ultramarinos La Moneda. En su lugar hay un excelente, recogido y coqueto bar-restaurante con el mismo nombre. Pero como todo va paralelo a los tiempos, nuestra apuesta no cambia por nada del mundo el contexto cotidiano de aquel pasado por el actual, por el panorama del espacio, el costumbrismo, la sencillez, la tranquilidad....


ULTRAMARINOS LAS BALEARES

Haciendo esquina entre las calles Baños y Redes, se encontraba esta tienda de alimentación que en 1963, Celso Vime García, la adquirió, pues existía desde una fecha anterior que desconocemos. De esa forma, junto a los ultramarinos El Carmen, al que dedicamos un espacio en el capítulo anterior dedicado a estos establecimientos de comestibles, son por el momento dos los encontrados en Baños y que, además, debieron ser coetáneos durante muchísimos años.

Estaba compuesta por tres habitaciones: despacho, trastienda en un lateral y trastienda al fondo. El acceso, único, era por la calle Baños. El espacio para las ventas era de unos 6 metros de ancho y cuatro de largo, mientras que el mobiliario se componía de estanterías de madera pintadas. Los rótulos ocupaban el frontón a modo de relieve saliente: Ultramarinos, Chacinas, Conservas, y en cursiva Las Baleares.

Ubicada frente al que fue el antiguo Cuartel del Carmen y formando parte de una vieja manzana de casas que linda por detrás con la Plaza del Duque de Veragua. En su lugar, la tienda ha sido sustituido por una tetería que conserva la antigua denominación.

Desde estas líneas, sevilladesaparecida.com valora positivamente los comentarios recibidos tanto en el portal de la red social Facebook como en la web betislibre.com, en agradecimiento a la fidelidad de los lectores y seguidores del blog dentro de este apartado dedicado a las tiendas de ultramarinos de Sevilla, que seguirá con nuevos y más variados reportajes sobre la misma temática.