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martes, 17 de junio de 2014

La fuentes de San Vicente, San Lorenzo y de la Puerta Real.

LAS FUENTES DE SAN VICENTE, SAN LORENZO Y GOLES

La búsqueda de las antiguas fuentes o pilas de Sevilla nos lleva en esta oportunidad hacia varios de los surtidores de los que menos se ha hablado sobre su existencia, pero sobre los  que hay sabidos fundamentos. En los anteriores artículos sobre las diferentes fuentes en la Historia de la Alameda de Hércules (  las de 1574 y las de 1674-75 ), expusimos varios artículos basados en  lo que realizaron los distintos consistorios, mencionándose la instauración de nuevas y reformadas conducciones de agua que, procedentes del manantial llamado los Caños del Arzobispo, llevaron el líquido elemento a fontanales establecidos no sólo en la Alameda de la Feria ( de Hércules ), sino también en la Plaza del Duque, mas algunos conventos y demás collaciones, incluyendo las de San Vicente, San Lorenzo, Goles....

LA FUENTE DE SAN VICENTE

Según lo que conocemos, la fuente manaba en las cercanías de la iglesia parroquial. Ese es el único testimonio formal sobre la ubicación de la pila, procedente de la Historia de Sevilla de Alonso Morgado, ejemplar impreso en Sevilla en 1587. El largo recorrido, desde la Carretera de Carmona ( entonces, a más de media legua de la ciudad ), donde estaba el manantial del Arzobispo, así como la poca cantidad de agua que restaba a la cañería tras haber surtido las anteriores fuentes ( San Vicente era una de las últimas en recibir ), mas los desniveles de las mismas conducciones, dieron lugar a que durante años se presentasen con asiduidad largos períodos de desavastecimiento unidos a la proliferación de obras.

Tanto la calle Cardenal Cisneros como la plaza de Doña Teresa Enríquez, fueron conocidas desde la instalación de la fuente, en 1574, por el nombre de la iglesia parroquial; esto es: Plaza de San Vicente. Un padrón de 1665 alude a la "plazuela de la Pila de San Vicente". Desde luego, esta última mención nos acerca más aún al establecimiento de la fuente. La Plaza de San Vicente, históricamente, era rectangular, alargada, cerrada en su extremo oriental hasta la apertura en 1960 de la calle Cardenal Cisneros. No obstante, hasta mediados del XIX existen alusiones a la fuente como resultado de las continuas reparaciones de las canalizaciones, mientras que en los distintos planos de la ciudad tampoco aparece el surtidor, pese a que se ha comentado que pudo haber estado adosado a la Parroquia, o bien a la altura de la Plaza de Doña Teresa Enríquez, o bien en lo que es hoy la nave correspondiente al espacio donde la Hermandad de las Siete Palabras conserva los enseres.

En el Archivo Municipal de Sevilla se conserva un plano, en torno a 1763-65, que presenta la distribución de las aguas procedentes del Arzobispo, detallándose la fuente de San Vicente tras las reformas realizadas por el asistente Larrumbe:


LA FUENTE DE SAN LORENZO

Respecto a la pila que se hallaba en la Plaza de San Lorenzo, la única información de carácter visual que tenemos es  la del mismo dibujo del A.M.S. Nos encontramos, por lo tanto, ante una fuente al parecer exenta y culminada en media bola; grande ( todo lo contrario que la de San Vicente ) y de un sólo grifo de riego. Recuerden que esta imagen pertenece a la de 1763-65, cuando desde la Alameda de Hércules partían dos cañerías y una de ellas abastecía a San Lorenzo, San Vicente, zona de Puerta de Goles,....tenemos la sensación que este surtidor pudo ubicarse en el centro de la Plazuela.


LA FUENTE DE LA PUERTA REAL

Si a partir del Renacimiento las plazas comienzan a convertirse en centros neurálgicos de la ciudad - complementando en esta función central a la iglesia -, con la fuente incluida, ejemplo que vemos en la de San Lorenzo, en el medievo, las entradas a la urbe solían incluir entraditas a modo de patios de armas, incorporando también un surtidor que abasteciese principalmente a viajeros , lugareños y ganado variado. Esta guisa permanecía en muchas ciudades, incluyendo Sevilla, como sucedía en la monumental Puerta de Triana y en la de Goles ( o Real ), terminales de las conducciones mencionadas procedente de los Caños del Arzobispo, realizadas en el último tercio del XVI y, posteriormente en el XVIII. Siguiendo con el extracto del plano de 1763-65, apreciamos la fuente de la Puerta Real:


El británico Richard Ford ( 1796-1858 ), hispanista inglés que viajó por la geografía española,  y residió en Granada y Sevilla, habiendo escrito numerosos artículos costumbristas, incluyendo una guía para el viajante. Muy conocidos son sus dibujos sobre temas sevillanos,  como por ejemplo este de abajo, en el que comprobamos la representación una escena cotidiana ante la Puerta Real, hecho a lápiz. Se observa que el surtidor contaba con un abrevadero y un muro aparentemente semicircular. No estamos ante una construcción monumental. A la izquierda aparecen los pilares del hueco de un soportal, hoy en día conservados; mientras que apreciamos las capillas que flanquean a la que fue la Nueva Puerta de Goles, perteneciente al catálogo manierista de Hernán Ruiz II, construida en el lustro 1560-1565.


De esta forma finalizamos otra de las entregas que tratan sobre las diferentes fuentes sevillanas, canalizadas a través de unas larguísimas conducciones que procedían de los entonces lejanos Caños del Arzobispo, reformadas en épocas distintas, pero cuyo denominador original no fue otro que el Renacimiento, período este que supuso un auténtico esplendor y avance hasta entonces nunca visto en distintas disciplinas, incluyendo las construcciones de ingeniería para beneficio de aquella capital del mundo llamada Sevilla.

sábado, 8 de marzo de 2014

Fuentes: en la Alameda en tiempos de Felipe II

Las fuentes de la Alameda de Hércules ( I ): En tiempos de Felipe II

Uno de los procesos más importantes en la historia de la evolución urbana de Sevilla se produjo en el siglo XVI, motivada  por factores derivados de su establecimiento geográfico y por nuevas circunstancias históricas que provenían inmediantamente del Descubrimiento de América y que tras anteriores monarquías, se establecieron con la llegada del reinado de Felipe II, período en que gran parte de la Ciudad, Puerto de las Indias, sufrirá una intensa remodelación, la cual tendrá su reflejo, entre otros campos, en la arquitectura, los servicios publicos y la ornamentación. De esta forma, consideramos aprovechable el no extendernos en asuntos históricos que ampliarían innecesariamente una información que pretendemos sea resumida y cómoda para el lector, por lo que nos centraremos en el hecho que titula el asunto.

Sabido es que en 1574 el Conde de Barajas drenó los terrenos de lo que era la Laguna de la Feria con el propósito de construir en su lugar un paseo, una alameda, lo que se llamó la Alameda de la Feria. En 1570, Felipe II hizo su entrada en Sevilla, exponiéndose a tal fin ejemplos de arquitectura y ornamentación festivas temporales, preludio de lo que sería  cuatro años después la concepción de la estatuaria civil a modo de monumento público y permanente: las columnas y estatuas de Hércules  ( trasunto de Carlos V ) y Julio César  ( trasunto de Felipe II ), por vez primera en nuestra ciudad. Las columnas son concebidas a la manera de un pórtico triunfal, que será también elemento ordenador de aquella nueva realidad conocida por la Alameda de Hércules.

Piezas Indispensables para el ornato del bulevar serían la fuentes, que además formarían parte de un programa fontanal aún mayor si cabe, orientado también a surtir diferentes collaciones y zonas: tres en la Alameda, una en la Feria, San Vicente y el Duque, mas la reforma de las existentes en el Valle y Santa Lucía. Una obra hidráulica de consideración cuya inspiración pudo haber nacido en la persona de Felipe II durante su estancia de 1570 y que vio en los Países Bajos las mejoras de la nueva ingeniería renacentista sobre terrenos inundados, al igual que también conoció las largas alineaciones de árboles en los paseos italianos, habiendo también promovido el Palacio de Aranjuez.

El propósito  se orientaba a conjuntar la naturaleza, el arte y el espacio social; un jardín manierista que mezclaba pensamientos de tratadistas clásicos y renacentistas como Plinio y Vitrubio, Alberti y Serlio.

Para llevar a cabo el proyecto se invirtieron treinta mil ducados. El notario apostólico Francisco Siguenza, mencionaba las fuentes: ".....el conde de Barajas don Francisco Zapata de Cisneros, que fue assistente de esta Ciudad, queriendo illustrarlla con adornar una plaza tan grande como la que aquí auía, hizo esta Alameda, trayendo a las tres fuentes que vuesa merced en ella vee el agua del Arzobispo.......". Siguenza se refería a las Fuentes del Arzobispo, uno de los acuíferos que abastecieron Sevilla desde tiempo inmemorial, en paralelo a los Caños de Carmona y que se encontraría entre el actual Polígono Store y el ferrocarril de enlace, aquel manantial cuyo nombre se relaciona con el Arzobispo Don Remondo debido a su aportación a las conducciones de agua sobre dicho sitio.

Según Morgado en su Historia de Sevilla, pocos años después de que se urbanice la Alameda: "..... ante todas cosas se hizo limpiar y escombrar, y abrirlea la larga de la una y la otra vanda dos grandes zanjas de más de dos varas en ancho, y medio estado de hondo, por donde se desaguassen al río por su antiguo husillo." plantanda por unas y otras vandas grandes hileras de los mismos árboles, los cuales dividen una zanja de agua, que corre por medio dellos, de las que trasvierte las tres fuentes que se levantaron en esta calle mayor y más principal .....". Las fuentes, proyectadas por Asensio de Maeda, eran de aspecto tradicional italiano, hechas en diversos mármoles; a lo que escribió Ortiz de Zúñiga: "....bien labradas de piedra barroqueña, baxas, así porque el agua no alcanza a subir mucho por la poca altura que dimana, como por la comodidad del pueblo que las frecuenta......".

Esta pintura de la Alameda de Hércules pertenece a la segunda mitad del siglo XVII. Acusa rigidez y no fue tomada del natural, mientras que la fuente y las columnas no acusan las proporciones adecuadas. La hilera central de árboles tampoco obedece al ordenamiento inicial del proyecto:


Hasta el momento sólo tenemos informes de dos de las fuentes: una, hecha por Diego de Pesquera, que iba rematada por el dios Baco; la otra, de Bautista Vázquez, que contenía efigies de Neptuno y las Ninfa. La fundición de los bronces fue obra de Bartolomé Morel.  El diámetro de cada pila de cada fuente era de 16 varas ( 0'836 metros, equivalente de la vara según el patrón sevillano ). Abajo, óleo Ha. 1660. Escena costumbrista de la Alameda en que vemos una fuente  entre las columnas, apreciada mejor en el segundo extracto del lienzo que hemos ampliado:



Esta imagen al óleo corresponde a la primera mitad del XVII. Los restos arqueológicos y las estatuas no se pintaron del original, por lo que no podemos identificar si el emplazamiento de la fuente que vemos en primer término sea la que existió en realidad en aquel momento: 

La instalación de fuentes, parte del proyecto de remodelación de la Alameda, significó la fracción de un ambicioso plan que cambiaría parte de la fisonomía de la Ciudad. El concepto de las fuentes como elemento urbanizante se verá más adelante en la Fuente de Mercurio de la Plaza de San Francisco, al igual que otros lugares de Sevilla. En la próxima entrega sobre las fuentes, hablaremos de las colocadas en el siglo XVIII, tanto en nuestra querida Alameda como en otros lugares de la Ciudad del Betis.

lunes, 2 de julio de 2012

La Pila del Pato, una fuente itinerante

La fuente conocida popularmente como la pila del pato, puede encontrarse entre la lista de surtidores de nuestra ciudad que más caminos han recorrido hasta nuestros días. Nada menos que cinco ubicaciones diferentes conoció la popular fuente, a través de una larguísima vida que ya supera los doscientos años. A pesar de todo, la fuente sufrió los avatares originados tanto por el vandalismo callejero como por la dejadez municipal, hechos prominentes que comenzaron en la transición española y que finalizaron hace realmente pocos años en lo referente al destino de la fuente.

En torno a 1833 se realizó una fuente para ubicarla en sustitución de la fuente de Mercurio, de Bartolomé Morel (entre otros autores), que se encontraba, al igual que ahora, en la Plaza de San Francisco. Hasta 1885 ( o 1850, según otras fuentes, tal vez menos fiables ) duró el primer asentamiento de la pila del pato -rehubicado en torno a 1865 hacia el centro de la plaza-, surtidor rematado con un pato de bronce, cuya procedencia aún no está clara del todo, ya que la fragmentación decorativa de su composición incluye también elementos renacentistas: decoraciones en el vástago abalaustrado, imágenes zoomorfas en los surtidores, gallones y el pato de bronce, sospechándose por tanto que la fuente pudiera incluir algunos elemenos de la primera fuente de Mercurio. Domínguez Bécquer, recogió en pintura la pila del pato en su óleo La Plaza de San Francisco durante la procesión de la cofradía de Pasión -1853-; no sin antes haberla dibujado FJ Parcerisa, en 1850. En 1862, Charles Clifford sería el primero en fotografiar el surtidor, tal y como nos muestra la imagen de arriba.

Como dijimos, posiblemente, en 1885 la pila del pato volvió a establecerse en otro lugar, concretamente en la Alameda de Hércules, quizás al final de donde están las columnas de los leones. Como posible comprobación nos sirven extractos de dos planos de la ciudad: el plano taquimétrico de 1890 (1) y el de Antonio de Padura y Manuel de la Vega-Campuzano, de 1891 (2): en ambos apreciamos, entre las columnas, una taza redonda, la cual pudiera ser, sin afirmarlo, la fuente en cuestión. Lo que sí parece seguro, es que el surtidor fue colocado algo más al noroeste de los leones, donde actualmente se hallan las estatuas de la Niña de los peines, Manolo Caracol y Chicuelo (3):

En 1953, la colocación siguiente de la fuente viajante, fue justo enfrente a los Jardines de Murillo, ubicándose donde actualmente se encuentran los primitivos juzgados, pero que fueron comenzados a construir en 1966, motivo que precipitó la marcha del surtidor a su actual emplazamiento: la Plaza de San Leandro, lugar en el que cumplirá próximamente medio siglo desde el último traslado. Como es de suponer, la pila tuvo muchos patos distintos a lo largo de su existencia. Su estructura, también fue muy retocada, debido principalmente no sólo a las obras de los traslados, sino a los actos de barbarie, entre los que no puede faltar el habitual grafitti. Es justo resaltar la labor hecha durante los mandatos en la Alcaldía de Sevilla , tanto de Alejandro Rojas Marcos como de Soledad Becerrill, quienes restauraron la fuente así como las canalizaciones del agua.

La Pila del Pato en la década de los 80. La Plaza de San Leandro, por aquel entonces, era un  plácido lugar, donde se hicieron famosas las reuniones de los heavys, todo ello, dentro de un ambiente bohemio, autóctono y liberal que nada tenía que envidiar a sitios como la Puerta Real o la Alameda. Actualmente, la plaza sigue con su encanto, pero está perdiendo su escaso espacio libre debido a la política del Alcalde actual, que, al igual que el anterior, otorgan a los bares más sitio para que éstos coloquen veladores.