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lunes, 1 de agosto de 2016

EL BAR DE LAS TRES CARABELAS

Si tuviéramos que encontrar alguna semejanza entre Londres y Sevilla, seguramente deberíamos apostar por la existencia de dos ríos que fueron y aún siguen estando entre los más importantes del orbe. Quizá poco más, pues la cuidada capital británica se parece muy poco a nuestra hispalense ciudad, dejando ésta algunas huellas en lugares como el British Museum, donde encontramos añejos documentos sevillanos de Pascual de Gayangos, o el famoso y tradicional Trafalgar Square, nombre éste bautizado a la sazón de la victoria inglesa en la famosa batalla naval celebrada en 1805 cerquita de los Caños de la Meca. Pues en dicha plaza londinense se encuentra la National Gallery Picture, poseedora de un par de obras del sevillano Diego de Velázquez. Si a lo anterior unimos la abundancia de palomas, nos iríamos acercando más al panorama hispalense, muy de algunos de nuestros parques más importantes como el de María Luisa o el de Murillo, por donde encontramos el Paseo de Catalina de Ribera, anexo a nuestro Alcázar, sólo que el paralelismo de parte de esta zona con el londinense mencionado, deja que desear en algún que otro aspecto....

Los ingleses, muy dados a la conservación de sus espacios tradicionales -ya sean de gran o escaso valor, contrasta con la particular y secular visión sevillana de borrar de la faz local cualquier construcción mientras que exista la oportunidad para ello. Perpetrar pequeños atentados sobre fábricas no valoradas por las leyes protectoras del patrimonio, no deja de resultar un deporte orientado al beneficio económico mientras se pueda pasar desapercibido en ello. En este caso, al parecer, es nuestro consistorio quien posee, para este caso en cuestión, la patente de corso.

Nos encontramos ante el otrora popular Bar Las Tres Carabelas, uno de los establecimientos - kiosco que se establecieron en el margen colindante a Jardines de Murillo - Paseo Catalina de Ribera, a la orilla del tramo de Menéndez Pelayo, unos metros antes de llegar frente al Hotel Alcázar y al posterior hueco donde estaba el desaparecido Ambulatorio de Socorro Prado. La perspectiva aérea nos ayudará mejor a localizar el lugar:

En realidad, este establecimiento es el único que aún resta ( en ruinas y en obras al parecer detenidas ) de la hilera de quioscos similares que abundaban en la misma zona, como fueron el Al Sur y el Cristales, figurando este último muy cerquita del de Las Tres Calrabelas, demolido hace muy poco tiempo y que, al igual que el resto presentaba un estado de total dejadez, llegando a haber estado ocupado por ocupas. Veamos una escena reciente que abarca en último término el de Cristales antes de su derribo, y en el primero el Carabelas ya abandonado. Entre ambas construcciones, se yergue un pino que pudiera ser de principios del XX: 

Fuente fotografía de abajo a color: sevilla21, autor Nautilus.

Precisamente, si pasamos los restos del Carabelas, se aprecia el armazón en ladrillo visto de lo que será una nueva sede que servirá como taller y alquiler de bicicletas, en la que algunas empresas colaborarán para gestionar lo que será otra nueva herramienta turística para una ciudad más que saturada de bicicletas y de toda clase de pequeños vehículos tipo tandem, scooters, etc.

El establecimiento de las Tres Carabelas, según los datos que disponemos, parece ser que pudo haber sido construido en la segunda mitad de década de 1960. Eran tiempos en que la ciudad pese a su fuerte crecimiento, aún gozaba de mucho espacio libre, incluso por este visitado y transitado sector, disfrutando este puesto de un enorme auge hasta la década de los 80. A partir del siguiente decenio, la botellona obligó al cerramiento de los jardines a partir de ciertas horas nocturnas, conllevando el decaimiento del sitio.

La perspectiva de abajo, presenta una terraza preciosa, con sabor funcional y marinero, abierta y con puntos de luz concentrados en las amplias cristaleras. Los veladores, en asientos de metal, ofrecían el sosiego necesario a un conjunto sencillo y espaciado. La imagen pudo haberse realizado a principios de los 70:

Otra escena interesante era la formada por la representación en hierro de las tres Carabelas, esculturas que al parecer, según Julio, el propietario argentino que tenía el kiosco de chucherías y helados del paseo, fueron arrancadas del bar por sus antiguos dueños. Al menos hemos recuperado una perspectiva de cada figura:

En este 2016, sin que haya leído noticias recientes sobre ello, se supone ha expirado el ultimátum del Ayuntamiento a la propiedad del pequeño edificio, para que se ejecutaran unas reformas de restablecimiento que no se han ejecutado. La Empresa de Terrazas de Sevilla S.L. quien solicitó la licencia para explotar como terraza bar, y reparar este kiosco a partir de 2011, dejó el sitio en deterioro. Los dueños del viejo bar renunciaron a la concesión administrativa el 30 de julio del 2015, por lo que la Gerencia de Urbanismo comenzó a tramitar la recuperación del local. Es decir, Parques y Jardines debió o debe ( si ha existido algún tipo de moratoria ) recibir informes sobre unos arreglos para restituir el edificio a como se hallaba antes de la concesión para aceptar la renuncia presentada por la empresa adjudicataria, que a simple vista a día de hoy, no llegamos a percibir finalizados por la concesionaria, con tal de que el mismo consistorio destine este espacio para jardineros y barrenderos.

Pero sea cual sea el destino del resto del kiosco de las Tres Calaveras, es algo que jamás volverá a ser igual. Una vez más, ayuntamientos y empresarios abandonan lo que durante décadas fue, sin preocuparse por mantener unas simples paredes, un techo y unos cuantos decorados. Como los ingleses con el Argyll Arms de Londres, o con las viejas fábricas de Manchester, vamos....

viernes, 26 de abril de 2013

EL PATIO DE SAN LAUREANO

Situado en el tramo extramuros de la calle Alfonso XII, pasando la Puerta Real, dentro de la configuración de los Humeros y desembocando en prácticamente al final de la calle Marqués de Paradas, se halla la construcción conocida como el Patio de San Laureano, la cual ha llegado a nuestros días bajo gran parte de su configuración principal, no sin antes haber soportado muchísimos avatares y cambios. La solución final a la fábrica fue la creación de viviendas privadas interiores, que exteriormente han pintado una imagen nueva, pero ya alejada de la pintoresca que se conoció en las décadas de la segunda mitad del siglo XX.

La zona de los Humeros estaba formada por una serie de huertas islámicas que pasaron por diversos dueños en los años del repartimiento de tierras y propiedades, desde mediados del XIII. En concreto, los cultivos del sur de la colación fueron a manos del rico judío Zulema; después pasaron a la Catedral. Pero con el paso de los años, la parte campestre más pegada a la muralla y a la Puerta de Goles, fue transformándose en un muladar donde los vecinos depositaban las inmundicias y así el adarve fue creciendo en altura, sirviendo primero de refugio improvisado ante las inundaciones y, más tarde, como espacio donde se colocó un molino de trigo, en 1455, aprovechando el viendo generado en la elevación.

En 1526, Hernando Colón, hijo del Descubridor de América, se hizo con las huertas, comprándoselas a la Iglesia de San Miguel. En parte de lo que luego fue la superficie de el Patio, Colón edificó una hermosa casa, sobre cuyo estilo y composición se han realizado hasta la fecha diversos estudios, coincidiéndose en la originalidad del edificio, posíblemente construido en ladrillo y compuesto por dos loggias en doble piso, bajo unas medidas de 55 x 22m.

Abajo, plano de lo que debió ser la casa de Hernando Colón superpuesta al posterior Patio de San Laureano, entonces jardines y huertas:

En 1563 la casa de Colón pasará a nuevos propietarios: el banquero genovés Pero Juan Leardo y su yerno Antonio Farfán. El siguiente ocupante fue el ollero Juan Perazo, fundando una ollería que ocupó parte de las caballerizas y jardines.

En 1585, la Hermandad del Santo Entierro se estableció en parte del edificio, ocupando como capilla, suponemos, la que fue de Colón en la casa, embargando finalmente el resto del lugar de los olleros, en 1672.

Finalmente, en paralelo a aquellos años, a principios de 1600 fue la Hermandad de la Merced quien, compartiendo la fábrica con la del Santo Entierro y con la ollería, fundara el Colegio de San Laureano, finalizado en su construcción en 1712.

Una vez establecido el Colegio, los religiosos administraban el viático a los vecinos del barrio de los Humeros a altas horas de la noche, debido al cierre de la Puerta Real.

González de León, en 1844, describió como pudo ser el edificio (que ya llevaba décadas abandonado): "'Este Colegio ... tenía bastante extensión: constaba de dos patios claustrados con columnas, de los cuáles aún permanece parte del principal. Asimismo, tenía buenos dormitorios y clases de estudio. Su iglesia era
pequeña , de una nave con poco adorno".


Entre 1750-61, en la antigua ollería de Perazo, se estableció y construyó la capilla de Nuestra Señora del Rosario, imagen que veremos más abajo.

El Colegio de San Laureano desapareció por causa, primero, de la reducción de religiosos en 1766; luego, en 1810, el Mariscal Soult expolió sus enseres, al igual que los de la Merced y del Santo Entierro. El edificio sufrió daños de consideración. Los mercedarios regresaron en 1814, pero un incendio puso fin a sus proyectos hasta que la desamortización en 1836 puso fin a la propiedad de aquellos. Posteriormente, el Patio realizó funciones de presidio correccional, luego, guarnición y almacén de provisiones. Para esto último lo destinó el general Lara, siendo el principal cambio del edificio en los últimos años. Del Colegio de San Laureano, de infausto sino, poco resta: su iglesia, un segmento de arquería y, tal vez, algunos muros y habitaciones.

Pero la esencia de San Laureano logró esquivar avatares tales como la vías ferroviarias, los ensaches y el derribo de la Puerta de Goles, llegando casi incólume al Siglo XX.

En la década de los 70, diversos locales que conformaban el Patio pasaron a manos de empresarios, como Juan Castrillón Montoto, quien estableció un local al estilo pub juvenil que tuvo poca continuidad, debido a la delincuencia y las drogas que invadieron la zona. Posteriormente, ya en los 80, nuevos intentos de colocar bares se dejaron el éxito en el camino. Abajo, espacio dedicado por el diario ABC, en 1978, donde se indincan las actividades que se establecieron en el Patio, que tras años de abandono llegó a recuperarse.


La imagen que vemos a continuación perteneciente al servicio fotogramático de la Junta de Andalucía del Patio de San Laureano visto desde el aire, en 1985:


Arriba, en primer lugar (1), un paquete de suelo resistente al tiempo, cuyo espacio formó parte, creemos, de la ollería de Perazo. Podríamos casi decir que es uno de los últimos supervivientes de los límites extramuros de Sevilla que nunca fue urbanizado. En caso de rellenarse mediante edilicia, la Capilla del Rosario quedaría cerrada y podrían afectarse sus cimientos. Durante la primera mitad de los 80 sirvió como aparcamiento, "el parking San Laureano" (aunque no tenía nada que ver con el Patio), una vez que no prosperó un proyecto particular de elevar un par de edificios de dos plantas. Como puede apreciarse en la foto de arriba, a la parcela aún no se le había sumado un espacio resultante de la nueva conexión Marqués de Paradas-Torneo, en 1992-1998. Otro proyecto reciente, fue el de la cesión de Urbanismo del paquete para que se construyera el Centro de Estudios Andaluces. Abajo, material colocándose ante la inminencia de las obras, en 2006. Sobre la evolución del asunto no estamos muy enterados, pero desde luego, creemos que un parque infantil no vendría nada mal al lugar, o por qué no, dejarlo tranquilo.


(2) Capilla del Rosario. Bendecida en 1761. Los vecinos de los Humeros, de esta forma podían venerar la imagen de la Virgen del Rosario realizada en aquel año, manteniéndose también la devoción por la práctica del Rosario. La Hermandad constituida solía organizar un vía crucis. En el presbiterio hay un retablo realizado en 1764. Entre otra imagenes destacables albergadas en la capilla está el Cristo de la Paz, que parece ser del siglo XIX, y un San José con el niño, muy del estilo de Felipe de Rivas. Cada 12 de octubre se concreta la procesión del Rosario público de la Aurora.
(3) El Patio, indicándose con las flechas algunos locales comerciales.
(4) Capilla del Patio de San Laureano y arquerías.

En la actualidad, el Patio de San Laureano es un edificio de viviendas privadas, cerrado, de aspecto hermético. Tanto por fuera como por dentro ya no es el mismo, ha perdido su antigua fisonomía. La Capilla, según muestran otros blogs dedicados a temas sevillanos, nos la exponen en estado ruinoso. Para terminar el asunto, colocamos la imagen de este "pastiche", que enseña la parte de atrás de la Capilla, lindando con la calle Goles, y el aspecto tan lamentable que vemos los restos de la muralla almohade:




lunes, 31 de diciembre de 2012

SALVEMOS LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES DEL PRADO

HAY QUE SALVAR LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES DEL PRADO DE SAN SEBASTIÁN

Las noticias sobre el derribo de la Estación de autobuses de Cádiz se suceden y parecen estar de moda últimamente. La posibilidad que el edificio sea remodelado es contemplada por las autoridades, pero la forma de pensar de quienes hacemos esta página tampoco defiende un cambio drástico del lugar, que lo llegara a convertir en irreconocible. En el trasfondo, una oscura manta de intereses económicos (como siempre) parece cernirse sobre ese espacio. Ya hicieron lo mismo con el antiguo Equipo Quirúrgico.


El conjunto se sitúa extramuros, al sureste de la ciudad histórica, muy próximo a la antigua estación de ferrocarril de San Bernardo, frente a los jardines del Prado de San Sebastián y la antigua Fábrica de Tabacos. Podríamos entender su construcción como una implantación urbanística orientada de limitar el informe espacio de El Prado, aportándole una fachada reconocible como ya hicieran la Fábrica de Tabacos y la Plaza de España.

Una escena de la Estación, tal vez en los años de 1940. Fue el principal nexo de transporte para pasajeros entre Sevilla y Cádiz provincia y capital, en aquellos tiempos de la postguerra en nuestro país. Desde entonces hasta ahora, términos y hechos como el "estraperlo", los mostachones de Utrera, los viajes del equipo del Betis cuando estaba en Tercera División, las vacaciones en El Puerto de Santa María, en Sanlúcar, Cádiz, o los marineros que iban y venían para San Fernando, han pasado a la historia.

El emplazamiento de este conjunto responde originalmente a la proximidad a la estación de ferrocarril de San Bernardo, relación perdida en la actualidad al estar ésta en desuso. Esta vocación de nodo infraestructural del área se ha visto recientemente reforzada por la construcción, en el costado norte del edificio, de los nuevos andenes terminales del tranvía Metrocentro. A este hecho se suma la implantación de las paradas de autobús urbano y metropolitano frente a la fachada sur, y la localización próxima de la parada de la línea 1 del Metro en el Prado de San Sebastián.

Con el barrio de San Bernardo a su espalda y ocupando una parcela de 170 metros de largo por 70 de ancho, la presencia que el edificio debía tener por su relevancia infraestructural quedó reducida por la construcción en 1968 del Palacio de Justicia sobre la plaza de San Sebastián, que se abría frente su fachada oeste y servía de espacio público de ingreso para los viajeros. De igual manera, la mencionada construcción de las cocheras del tranvía en el lado norte de la estación ha modificado en gran medida la relación del edificio con el entorno, poniendo en cuestión la ya poco conseguida relación visual con la estación de ferrocarril de San Bernardo.

En las décadas de los 50 y parte de los 60, la Estación se hallaba más abierta y el Prado también estaba menos cerrado. Abajo, una escena cotidiana de viajeros al lado de las viviendas añadidas:


Se trata de un gran conjunto que a la función infraestructural suma un uso residencial en cinco bloques de viviendas de cinco plantas de altura. Estos bloques de viviendas se alzan como volúmenes perfectamente distinguibles sobre la planta baja, que hace las veces de zócalo en el que se alojan los usos públicos del conjunto: el programa administrativo de la estación en el extremo oeste, más locales comerciales localizados en las esquinas noroeste y suroeste de la parcela, y en la fachada sur, en su punto medio y en su extremo oriental.

El edificio se encuentra en buen estado estructural, tanto los bloques residenciales como la marquesina y la pasarela. Actualmente se están realizando obras de reparación y adecentamiento en fachadas e interiores de viviendas. El estado de mantenimiento de las dependencias de la estación no es bueno, pero aún conservan un sabor evocador.


En los últimos años, el entorno en el que se sitúa el conjunto ha sufrido cambios ligados principalmente al diseño de los nuevos sistemas de transporte público de la ciudad. En el entorno está prevista la construcción del nuevo edificio para la sede de la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía del arquitecto Antonio González Cordón y la consolidación del uso residencial en el solar que linda con las cocheras, con una residencia para jóvenes y ancianos, proyecto del arquitecto Alberto Nicolau, pero ya se verá.

Para el recuerdo sirvan las dos primeras imágenes de 1982 del antiguo reloj que se hallaba en el pasillo central. Desde 1948 hasta 1966 se colocó uno, propiedad de Manuel Iruela; a partir de ese último año fue sustituído por un Royce, que nos consta que por lo menos a principios de los 80 aún estaba en su lugar. Posteriormente se volvió a colgar el reloj primitivo, que es el que luce en la actualidad. Pero ¿dónde está el reló Royce?






A nivel social, el programa de construcción de estaciones para el nuevo transporte en autocar constituyó un verdadero salto cualitativo en la arquitectura de la ciudad. En Andalucía, es a partir de la década de los años 30 cuando este fenómeno, ya implantado con anterioridad en Europa, adquiere especial relevancia. En Sevilla, la estación ha ofrecido el punto tradicional de conexión de transporte público rodado con la ciudad de Cádiz. El uso continuado de la instalación ha contribuido a su asimilación como parte fundamental de la identidad del barrio y de la ciudad.

Los valores históricos del edificio son evidentes, sobre todo por tratarse de una infraestructura plenamente moderna construida a caballo entre la posguerra y los años más difíciles de la autarquía. La estación de autobuses del Prado de San Sebastián fue una de las primeras iniciadas en la posguerra a nivel nacional. La apuesta por la reactivación económica del país por parte de la recién instaurada dictadura se concretaba en edificios ejemplares como el de la estación, que conjugaba intencionadamente la escala monumental de la estación con el propósito de reconstrucción social en base a la promoción pública de viviendas.

Ya veremos que sucede; pero, desde luego, el caso de la Estación de Cádiz puede ser otro ejemplo más de como acabar con lo tradicional gracias a unos señores en cuyo tablero de ajedrez les va la necesidad, tal vez innecesaria para muchos de nosotros, de renovarse o morir.

domingo, 22 de julio de 2012

EL ALMACÉN DE MADERAS DEL REY

Algunas veces la belleza singular de Sevilla nos ofrece rincones determinados, que pese a que hemos caminado muchas veces por su lado, no nos detenemos a observar por el mero hecho de que lo desconocemos, o porque también no nos llame excesivamente la atención debido a que puede estar camuflado ante nosotros. Tal es el caso del antiguo Almacén de Maderas del Rey, un edificio de trescientos años de antiguedad que en su momento gozó de cierta importancia en nuestra ciudad debido a su utilidad. Actualmente existe, pero su fisonomía se cambió de tal manera que para nuestros sentidos puede pasar desapercibido. Se encuentra justo donde comienza la calle Arjona, umbral de Reyes Católicos, pero es más bien conocido porque forma parte del concesionario de Mercedez-Benz.

En 1680 fue fijada en Cádiz la cabecera de las flotas de Indias y el 12 de mayo 1717, fue firmado el Real Decreto que traspasaba a Cádiz los Tribunales de la Casa de la Contratación y del Consulado Marítimo. De aquella manera Sevilla dejó de disfrutar los privilegios de los siglos anteriores, entrando en un período de decadencia económica, centrándose básicamente la ciudad en el desarrollo industrial.

Consecuencia, entre otras muchas, de las nuevas reformas fabriles, fue la construcción del Real Almacén de Maderas de Segura en 1735, el cual servía de almacenamiento y venta de las maderas que provenían a través del río de los pinares de la Sierra del Segura y que se utilizaron en las Atarazanas para el armado de la Flota de Indias. El Almacén dependía del Alcaide de los Reales Alcázares y estaba dirigido por el abogado y académico Sebastián Antonio de Cortés. En la fotografía siguiente, el Almacén en 1950, todavía reconocible, en estado prácticamente íntegro:


Abajo, el Real Almacén de Maderas figurado en el Plano de Olavide de 1771. El lugar elegido para su ubicación fue el espacio comprendido entre la Puerta de Triana -aún sin derribar- y el puente de barcas del río. También, según se ve a la derecha del Almacén, aparece una de las cárceles de la ciudad:

Al contrario que otros edificios sevillanos y de la zona, el Real Almacén pasó desapercibido por el tiempo, sin ser prácticamente tocado, al contrario que la Puerta de Triana, la Cárcel, o incluso otro almacén de maderas existente en la segunda mitad del XIX, el que fue propiedad de Ramón Piñal y Alba, cuyo espacio parte fue ocupado por el edificio de la Asociación Sevillana de Caridad, obra de Aníbal González, construcción que aún no existe a la izquierda del Almacén, que señalamos en esta perspectiva de principios del XX, tapado por las naves de la Lonja del pescado:

En 1859, la calle Áncora, que estaba en la fachada lateral izquierda del edificio, pasó a denominarse Segura, en honor a la procedencia de las maderas que en su tiempo llegaban al Almacén. Pese a que en 1996 se intentó cambiar de nuevo el nombre de la vía por Almacén del Rey, continuó con su denominación anterior.

A partir de 1965-66, la empresa de transportes Damas ocupó el interior del singular edificio, utilizándolo como principal aparcamiento. Por aquellas fechas, también se incurrió en otra desacertada acción urbanística, edificando viviendas en el interior de la fábrica, cuando lo más adecuado hubiese sido el haberlo conservado en lo posible a su aspecto primigenio y no con esos adosados pastiches que le restaron su esencia de varios siglos.



jueves, 14 de junio de 2012

La casa del Doctor Alemán

LA CASA DEL DOCTOR ALEMÁN

En la calle Antonio Díaz, esquina con el paseo del Colón, justamente al lado de la Plaza de Toros de la Maestranza sevillana, se hallaba la clínica del Doctor Alemán, (otorrinonaringología) un edificio postromántico de bello y sencillo alzado, en el que se llegaron a celebrar tertulias taurinas y que formó parte del cerramiento de la Plaza. Sin embargo, un proyecto ya comenzado en la época del alcalde Juan Fernández en 1976, continuado con Fernando de Parias Merry, fue finalizado en mandato de Luis Uruñuela. Al parecer, la casa del Doctor Alemán impedía la visualización de parte de la Plaza desde algunos puntos exteriores. Una parte de su muro formaba la medianera con la reja del exterior de la Maestranza. Abajo, imagen en los años 70. En 1980 ya había dejado de existir:


La casa, propiedad de la Santa Caridad, fue expropiada, incluyendo un pequeño jardín donde había dos árboles que podían llegar a los cien años. Tanto el Doctor Alemán como la Fundación Benéfica Protectorado de la Infancia, fueron indemnizados respectivamente, mediante una operación que costó poco más de ventitres millones y medio de las antiguas pesetas de entonces.

El proyecto del Ayuntamiento respecto a la casa, formaba parte de otro plan mayor, que incluyó anteriormente el derribo del edificio que se encontraba entre Antonia Díaz-Iris (el callejón por donde entran las cuadrillas), siendo sustituido éste por otro similar (salvo que posee una planta más que el original); algo parecido a lo sucedido en su momento con el Hotel Cristina.

Abajo, toma aérea realizada posíblemente entre los años 50 y 60 del pasado siglo. En cuadrado en rojo, la casa del Doctor Alemán. En su lugar se colocó el jardín que actualmente existe, habiéndose respetado al parecer los dos árboles de la desaparecida construcción:


A continuación, otra perspectiva de la casa en cuestión, en esta ocasión, tomada en la calle Velarde. Vemos el jardín del edificio, el cual se alza a la izquierda. El Colegio de Arquitectos se pronunció tarde, cuando el derribo ya se había aprobado en un pleno:

Finalmente, otro punto de vista de la casa, ahora frente al Paseo Colón. ¿ Fue realmente necesario la demolición de un edificio tan antiguo ? El cuadro pictórico nos lleva a otros tiempos, en los que al menos se podía disfrutar de imagenes como esta, mientras se demolían otras.



lunes, 5 de marzo de 2012

CONVENTO DE LA ASUNCIÓN, DERRIBO POR ACCIÓN Y OMISIÓN

Las décadas de los 50, 60 y 70 fueron prolíficas en lo referente al derribo de edificios históricos de la ciudad. Aquellos años, junto al período del siglo XIX, con los "ensanches" y  la "Gloriosa" de 1868, fueron los peores momentos para el urbanismo sevillano: murallas, puertas, palacios, casas señoriales, y un largo etcétera de construcciones arquitectónicas, muchas de ellas auténticas joyas, desaparecieron dejando a Sevilla sensíblemente mutilada en su patrimonio etnográfico. Por todo ello, sevilladesaparecida , dentro de sus márgenes, propone recordar aquello que fue y que nunca debió dejar de ser.

En esta ocasión, dentro de un entorno muy del Romanticismo sevillano como es la Plaza del Museo, hablaremos de uno de los edificios demolidos en el decenio de 1960, como fue el Convento de la Asunción de Nuestra Señora (mercedarias calzadas), lugar que durante siglos perteneció a la estética romanticista de un enclave que, pese a que aún conserva cierto sabor, desde la Puerta Real hasta el Duque no se parece casi en nada a lo que fue.


Dª María Zapata de la Fuente y Martel, viuda de D. Luis Manrique de Almonte, junto a las hermanas Jerónima de Aguilar y Teresa Rojas, fundaron el Convento de la Asunción bajo la obediencia del  provincial de los mercedarios sevillanos fray Luis de Peñaranda.

Se les otorgó la escritura el 24 de abril de 1567, que incluía el espacio donde se edificaría tanto el convento como la iglesia del mismo. Este lugar, formado por un núcleo de casas, abarcaba parte de la calle de las Armas (Alfonso XII), Abad Gordillo y San Vicente.

La iglesia y la escalera principal se proyectaron a partir de 1612 mediante trazas encargadas nada menos que al insigne Juan de Oviedo y de la Bandera, a la sazón entonces Maestro Mayor de la ciudad. En 1615, las obras fueron adjudicadas al maestro albañil Juan de los Reyes.

Juan de Oviedo (1565-1625), exponente de la arquitectura sevillana en la transición del XVI al XVII, fue además  un magnífico escultor y retablista. En el campo de la construcción religiosa, además del Convento de la Asunción, se le debe el Convento e Iglesia de la Merced ,  Convento de la Encarnación de Belén (demolida en 1881), Iglesia del Convento de San Benito, Portada del Convento de Madre de Dios, Portada de la Iglesia de Santa María de Jesús, donde interviene también como escultor.y retablista, etc. Según Francisco Pacheco, Oviedo participó en el templo conventual de San Leandro. Su obra artística es extensísima, llegando incluso a colaborar junto a Martínez Montañés y otros artistas en la creación del Túmulo de Felipe II.

En 1625, Oviedo falleció en Salvador de Bahía, Brasil, durante una batalla, realizando funciones de ingeniero militar.

La planta del templo de la Asunción era de cajón, es decir, rectangular, de una sóla nave, con coro alto y bajo a los piés; tres tramos, receptáculos para los retablos laterales y cubierta con bóvedas y lunetos separados con fajones. La cabecera estaba cubierta por una cúpula de media naranja, separada de la nave por un amplio arco toral. Las características de la nave eran muy similares al de San Leandro.

En la primera mitad del siglo XVIII se realizaron restauraciones diversas en el Convento, debido al estado de antiguedad de las casas sobre las que se asentó la fábrica.

En 1868 el Convento fue suprimido por la Junta Revolucionaria marchando las religiosas al Convento del Socorro de las franciscanas concepcionistas que aún existe en la calle Bustos Tavera. Sin embargo, en el acta de incautación figuraba "la falta de efigies en los altares laterales y la falta del frontal del altar mayor, así como los coros también desalojados. El portero del Convento, D. José Gallego Millán afirmó entonces que la abadesa autorizó a una cuadrilla de operarios llevarse aquel material artístico, del que afortunadamente aún se conserva lo más florido, como por ejemplo el retablo mayor, empezado por Luis de Figueroa en 1630, ahora en el Colegio de Santo Tomás (C/ San Vicente), o un magnífico azulejo de la Asunción (ha.1600) ahora en el Museo de Bellas Artes:


En 1871 las monjas solicitan la devolución de la iglesia y del convento. Las negociaciones son infructuosas por lo que las religiosas comienzan a pedir en pueblos y parroquias , retablos procedentes del convento  que estaban diseminados, concediéndolos en depósito la autoridad eclesiástica. Como mencionamos antes, muchos objetos fueron recuperados, otros no.

Las monjas tampoco recibieron indemnización alguna, por estar ya vendido el Convento, hasta que en 1895 permanecen en la Comunidad de Santiago de la Espada, habiendo recuperado con el paso del tiempo diversos objetos perdidos.

El Convento de la Asunción no volvería a recuperar su antiguo esplendor. Poco después de la "Gloriosa" se convirtió en un club republicano. A principios del siglo XX  la iglesia fue utilizada como almacén de maderas (no hay palabras para ello) y parte de ella fue adquirida por la Iglesia Española Reformada Episcopal, existiendo junto a ella la Iglesia Anglicana de San Jorge. Abajo, el edificio, tal vez de una fotografía tomada a finales de los años 50. Su aspecto exterior junto al de otras construcciones similares conferían a la Plaza del Museo un aspecto rancio, señorial y sosegado que hace muchos años que si no perdió del todo, modificó..

En la siguiente imagen, interior de la iglesia, convertido en un depósito de madera. La imagen habla por sí sóla. El Convento de la Asunción fue un ejemplo más de aquellos crímenes urbanísticos y artísticos que jamás debieron suceder. En su lugar se levantó un bloque de lujosos y amplios pisos, igual pudieron ser nuevos almacenes. Era la "moda" de la época.






 

viernes, 24 de febrero de 2012

EL TEATRO SAN FERNANDO DE SEVILLA (1847-1969)

Entre los crimenes urbanísticos perpetrados en la Sevilla de los años 60-70, destacamos de entre otros muchos el derribo del Teatro San Fernando. El teatro monumental que tuvimos en el mismísimo corazón de la ciudad, en la calle Tetuán desde mediados del siglo XIX, desapareció para siempre dentro de un doloroso y lento proceso que comenzó a finales de los años 60 para después permanecer en un absoluto abandono durante más de una década. Veamos su historia.


Arriba, imagen del Teatro poco antes de cerrar. La calle Tetuán ofrecía aún la escena pintoresca de los vehículos pasando, cosa esta que acabó a partir de los 90. Sin embargo, el San Fernando fue una pérdida irreparable para la ciudad que jamás se pudo restañar.

La dilatadísima historia del Teatro San Fernando comenzó en 1847, tras la utilización del solar que ocupó el Hospital del Espíritu Santo -que estuvo dedicado al tratamiento de la sífilis-, por parte de Julián José Sánchez y José de Caso. Los arquitectos fueron Steinacher y Rohault, los ingenieros que habían construido el "Puente de Hierro". La decoración del teatro corrió a cargo de Antonio Cabral Bejarano, mientras que Antonio Paradas se encargó de la carpintería.

En la primavera de 1847 terminaron las obras del teatro. Pero pronto corrieron fuertes rumores acerca de la hipotética defectuosa construcción del edificio. Ante aquellas circunstancias, el regidor José Mª de Ibarra afrontó las pruebas de resistencia del teatro, ordenando la colocación de numerosos cañones trasladados desde la Maestranza: se rellenó el patio, el escenario y las plantas del local, sumándose un peso superior mil veces al lleno del recinto. Durante tres días duró aquella prueba, dejando satisfechos a todos.

Según apuntaba Santiago Montoto, "el teatro costó dos millones de reales, aprovechándose materiales del viejo hospital, tales como columnas, artesonados y demás maderas, así como un centenar de columnas. En ocasiones, con tal de acelerar las obras, llegaron a trabajar hasta doscientos trabajadores día y noche".

"El teatro dispuso de un aforo de 3.000 personas sentadas, además de una zona dedicada a los huéspedes que podía albergar una compañía teatral completa. La sala de espectáculos fue la más suntuosa de España, contando con una enorme lucerna central de 150 luces."

"La sala tenía, además del patio de butacas, de un piso con plateas, y dos de palcos. El teatro estaba decorado de blanco con adornos de oro. Los asientos eran de caoba, tapizados con terciopelo carmesí, como el cortinaje."

Tanto el Teatro San Fernando como el café de Lombardos (conocido de esa forma por dar esquina a la antigua calle de ese nombre, actual Muñoz Olivé, se estrenaron el 21 de diciembre de 1847, representándose la ópera de Verdi "I Lombardi".

Abajo, fotografía del escenario del Teatro San Fernando. Al fondo, un hermoso ciclorama muy sevillano.


Muy pronto, el San Fernando se convirtió en la principal sala sevillana dedicada al menester teatral, superando al Teatro Principal del Marqués de Guadalcázar, por lo que no era de extrañar que el edificio de la calle Colcheros (antiguo nombre de Tetuán) se erigiera como el segundo teatro más importante de España en paralelo al Real de Madrid.

Gran parte de la sociedad del romanticismo sevillano se dio cita en el San Fernando: los duques de Montpensier, la Condesa de Castilleja de Guzmán, el Marqués de la Motilla o la mismísima Isabel II se llegaron a dar cita en los palcos del teatro.

En aquellos tiempos se disfrutaron de los dramas de José de Zorrilla, los cuadros de costumbres de los Álvarez Quintero, Muñoz Seca, Arniches; las comedias de Bretón de los Herreros o de Ventura de la Vega. Interpretándose, por supuesto, obras también dramáticas de Echegaray, Joaquín Dicenta, Victor Hugo, Gabriel D´Annunzio, Pérez Galdós, Ibsen o Marquina. También vaudevilles, mas la "alta comedia" con Benavente, Bernard Shaw, Pemán, Valle Inclán, Pirandello, Luca de Tena, los Machado....todo un siglo de la mejor dramaturgia en el mismísimo centro de nuestra ciudad.

En parte de los años 20 el teatro cerró de manera temporal permaneciendo abandonado debido principalmente al deterioro de su decoración, aunque a partir de 1934 fue reparado, incluyendo nueva iluminación eléctrica entre otros retoques, así como también nuevas salidas a Tetuán y Muñoz Olivé. Concretamente, el 11 de abril de 1934, el teatro vivió su reapertura. Los hermanos Álvarez Quintero compusieron para este momento el poema "salutación a Sevilla", representándose seguidamente su también quinteriana comedia "lo que hablan las mujeres".

Precisamente, en aquella década de los 30, el Teatro San Fernando comenzó sus proyecciones sonoras (novedad en la época), muy rentable económicamente, teniendo en cuenta la competencia que se originaba con las salas Duque, Exposición, Portela y Cervantes. El 22 de abril de 1934 se procedió a inaugurar el cine sonoro con la cinta "Yo, tú y ella".


Durante la Guerra Civil se formó en el San Fernando la compañía de Juan Calvo, debutando el 10 de diciembre de 1936 con una obra de Muñoz Seca. En febrero de 1937 a dicha agrupación se sumó la artista Concha Catalá. El 27 de marzo de aquel año debutó la compañía de Carmen Díaz, la cual contaba con figuras como Rafael Bardem o Luis Prendes. En 1938 se alcanzó la mayor densidad de obras en la última etapa del teatro (1935 hasta su cierre , en 1969), actuando compañías como la de la Agrupación Teatral Imperio, la de Francisco Arias y Eladio Cuevas, con su zarzuela "los brillantes", representada cincuenta veces, así como la "Compañía Nacional de Zarzuela", entre otras.

Desde 1939 hasta 1969 el folklore se impone: Marujita Díaz, Marifé de Triana, Estrellita Castro,  Juanita Reina, Paquita Rico o Concha Piquer entre otras, actúan en esos treinta años de los que a partir de 1956, el teatro pasa a ser adquirido por la empresa Lusarreta. Pese a que el 11 de agosto de 1969 se celebró en el coliseo el Primer Festival de Arte Flamenco de Sevilla, terribles enemigos como el cine, la televisión y las nuevas salas de baile de entonces (las "booites"), colaboraron para acabar con la vida del San Fernando, que vio como la especulación urbanística acechaba sin piedad.

Juanita Reina y Caracolillo, en 1967. Sólo quedaban dos años para el cierre. 

En 1973, tras una dejadez total, las piquetas municipales acabaron con el abandonado teatro. No se movió un dedo en conservar aquel espléndido y monumental coliseo neobarroco. Inclusive, hasta sus cuadros, al parecer pasaron a San Lorenzo del Escorial. Según la Delegación Municipal de Urbanismo, el derribo del Teatro San Fernando se enmarcó dentro de una operación inmobiliaria conocida como "Centro Comercial San Fernando". La empresa FIMSA, integrada a su vez en URBIS adquirió el solar del teatro y varios edificios anejos. Hasta ahí la primera parte de lo que fue una trama especuladora que a toda costa rápidamente se hizo con ese bocado apetecible que se llama parte de la calle Tetuán. Lo de la actual C & A ya lo saben: allí es donde estuvieron el San Fernando y el Bazar Sevillano. Todo ello, bajo la aquiescencia de aquellos dos alcaldes cuyos nombres y apellidos siempre estarán ligados al crimen urbanístico realizado en la Sevilla de los años 60 y parte de los 70: José Hernández Díaz (Catedrático de Hª del Arte) y Félix Moreno de la Cova.

Estado de ruina en que se hallaba el teatro, antes de su derribo por la piqueta.