sábado, 9 de mayo de 2020
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BUZÓN DE PREGUNTAS Y SUGERENCIAS
martes, 2 de agosto de 2016
EL KIOSCO DE LA CALLE ARFE
Entre la Freiduría y el Bar Arenal, en plena calle Arfe, existe desde hace aproximadamente una década, un puestecillo de prensa y chucherías de estilo moderno, muy del gusto impuesto por anteriores ayuntamientos de la ciudad, quienes a finales de la década de los 90 decidieron unificar a una serie de modelos de kioscos quizá más acordes al aspecto que la ciudad ofrecía en muchos lugares ( sobre todo de interés turístico, comprendiendo Casco Antiguo - Triana - Remedios - Rondas varias, etc. ), e incluyendo asímismo una comodidad y seguridad para el vendedor, superior a la que ofrecían años atrás aquellos puestos de chapa o madera, tan tradicionales entonces. La principal y única consecuencia de cara a la estética fue la pérdida de escenas seculares que durante tiempo inmemorial figuraron como parte del paisaje cotidiano de esta ciudad, desapareciendo para siempre aquellas cajitas de chapa plateada, madera verde, o rayadas en verde y blanco, que contribuyeron a barnizar calles y plazas de nuestra ciudad en un mosaico más costumbrista y personalizado, todo lo contrario a lo que actualmente se luce.
Ejemplo de lo anterior expuesto fue el puestecillo de chucherías y prensa que se encontraba justo delante del ángulo formado por los números 4 y 8 de la calle Arfe ( según referencias catastrales actuales ). La imagen es de la década de 1980:
Ya el plano urbano de 1943 contemplaba en aquella localización las iniciales "Kco", en aquel lugar:
Ejemplo de lo anterior expuesto fue el puestecillo de chucherías y prensa que se encontraba justo delante del ángulo formado por los números 4 y 8 de la calle Arfe ( según referencias catastrales actuales ). La imagen es de la década de 1980:
Ya el plano urbano de 1943 contemplaba en aquella localización las iniciales "Kco", en aquel lugar:
Una visión más actual de lo que fue el emplazamiento del quiosco, la tenemos en esta perspectiva extraída Google Maps 2015:
En la primera mitad del 2000, el kiosco fue desmantelado, y Antonio, el propietario, pudo disponer de otro que se colocó más adelante, justo en el pico que hace esquina Adriano-Antonia Díaz, en la misma acera al lado de la Cafetería-Pastelería Los Ángeles, lo que fue antiguamente el bar Nápoles de Pepe Valera. Por supuesto, es una estructura bunkerizada, verde muy oscuro, que aquí no vamos a reproducir pues está a la vista para el viandante; carente del encanto que tuvo el viejo puesto, cuya original ubicación además, personalizaba un rincón idílico que llenaba de vida el lugar.
Según nos relataba el propietario, el kiosco fue adquirido por su suegro Manuel Muñoz, a otro previo dueño, en una versión anterior de madera, renovándose ya en los 80 con chapa, tal y como vemos en las fotografías. Emplazado en pleno universo castizo de la ciudad, Antonio recuerda haber vendido a personajes populares, incluyendo naturalmente a toreros como Antonio Ordóñez o Espartaco, quien iba a pelarse muy cerca de allí.
Tejidos Arfe, Bar Nápoles, Almacenes Contreras, Ultramarinos en Arfe 10, Pescadería Arenal, Caja de Ahorros Provincial San Fernando, Calzados Ruiz, Mesón Sevilla, Bernardo Guerra, Bodeguita Arfe, la freiduría de Isabelita, el kiosco de la esquina.....
Sevilladesaparecida continúa dedicando investigación y tiempo a espacios como estos puestecillos que poco a poco fueron desapareciendo, de los que sólo quedan algunos repartidos principalmente en barriadas más extramuros. Y recuerde, si usted regentó alguna vez uno de estos kioscos, contacte con nosotros, porque nuestra razón de ser es la de recuperarlos para la memoria colectiva.
En la primera mitad del 2000, el kiosco fue desmantelado, y Antonio, el propietario, pudo disponer de otro que se colocó más adelante, justo en el pico que hace esquina Adriano-Antonia Díaz, en la misma acera al lado de la Cafetería-Pastelería Los Ángeles, lo que fue antiguamente el bar Nápoles de Pepe Valera. Por supuesto, es una estructura bunkerizada, verde muy oscuro, que aquí no vamos a reproducir pues está a la vista para el viandante; carente del encanto que tuvo el viejo puesto, cuya original ubicación además, personalizaba un rincón idílico que llenaba de vida el lugar.
Según nos relataba el propietario, el kiosco fue adquirido por su suegro Manuel Muñoz, a otro previo dueño, en una versión anterior de madera, renovándose ya en los 80 con chapa, tal y como vemos en las fotografías. Emplazado en pleno universo castizo de la ciudad, Antonio recuerda haber vendido a personajes populares, incluyendo naturalmente a toreros como Antonio Ordóñez o Espartaco, quien iba a pelarse muy cerca de allí.
Tejidos Arfe, Bar Nápoles, Almacenes Contreras, Ultramarinos en Arfe 10, Pescadería Arenal, Caja de Ahorros Provincial San Fernando, Calzados Ruiz, Mesón Sevilla, Bernardo Guerra, Bodeguita Arfe, la freiduría de Isabelita, el kiosco de la esquina.....
Sevilladesaparecida continúa dedicando investigación y tiempo a espacios como estos puestecillos que poco a poco fueron desapareciendo, de los que sólo quedan algunos repartidos principalmente en barriadas más extramuros. Y recuerde, si usted regentó alguna vez uno de estos kioscos, contacte con nosotros, porque nuestra razón de ser es la de recuperarlos para la memoria colectiva.
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Los Kioskos antiguos (VIII)
lunes, 1 de agosto de 2016
EL BAR DE LAS TRES CARABELAS
Si tuviéramos que encontrar alguna semejanza entre Londres y Sevilla, seguramente deberíamos apostar por la existencia de dos ríos que fueron y aún siguen estando entre los más importantes del orbe. Quizá poco más, pues la cuidada capital británica se parece muy poco a nuestra hispalense ciudad, dejando ésta algunas huellas en lugares como el British Museum, donde encontramos añejos documentos sevillanos de Pascual de Gayangos, o el famoso y tradicional Trafalgar Square, nombre éste bautizado a la sazón de la victoria inglesa en la famosa batalla naval celebrada en 1805 cerquita de los Caños de la Meca. Pues en dicha plaza londinense se encuentra la National Gallery Picture, poseedora de un par de obras del sevillano Diego de Velázquez. Si a lo anterior unimos la abundancia de palomas, nos iríamos acercando más al panorama hispalense, muy de algunos de nuestros parques más importantes como el de María Luisa o el de Murillo, por donde encontramos el Paseo de Catalina de Ribera, anexo a nuestro Alcázar, sólo que el paralelismo de parte de esta zona con el londinense mencionado, deja que desear en algún que otro aspecto....
Los ingleses, muy dados a la conservación de sus espacios tradicionales -ya sean de gran o escaso valor, contrasta con la particular y secular visión sevillana de borrar de la faz local cualquier construcción mientras que exista la oportunidad para ello. Perpetrar pequeños atentados sobre fábricas no valoradas por las leyes protectoras del patrimonio, no deja de resultar un deporte orientado al beneficio económico mientras se pueda pasar desapercibido en ello. En este caso, al parecer, es nuestro consistorio quien posee, para este caso en cuestión, la patente de corso.
Nos encontramos ante el otrora popular Bar Las Tres Carabelas, uno de los establecimientos - kiosco que se establecieron en el margen colindante a Jardines de Murillo - Paseo Catalina de Ribera, a la orilla del tramo de Menéndez Pelayo, unos metros antes de llegar frente al Hotel Alcázar y al posterior hueco donde estaba el desaparecido Ambulatorio de Socorro Prado. La perspectiva aérea nos ayudará mejor a localizar el lugar:
En realidad, este establecimiento es el único que aún resta ( en ruinas y en obras al parecer detenidas ) de la hilera de quioscos similares que abundaban en la misma zona, como fueron el Al Sur y el Cristales, figurando este último muy cerquita del de Las Tres Calrabelas, demolido hace muy poco tiempo y que, al igual que el resto presentaba un estado de total dejadez, llegando a haber estado ocupado por ocupas. Veamos una escena reciente que abarca en último término el de Cristales antes de su derribo, y en el primero el Carabelas ya abandonado. Entre ambas construcciones, se yergue un pino que pudiera ser de principios del XX:
Fuente fotografía de abajo a color: sevilla21, autor Nautilus.
Precisamente, si pasamos los restos del Carabelas, se aprecia el armazón en ladrillo visto de lo que será una nueva sede que servirá como taller y alquiler de bicicletas, en la que algunas empresas colaborarán para gestionar lo que será otra nueva herramienta turística para una ciudad más que saturada de bicicletas y de toda clase de pequeños vehículos tipo tandem, scooters, etc.
El establecimiento de las Tres Carabelas, según los datos que disponemos, parece ser que pudo haber sido construido en la segunda mitad de década de 1960. Eran tiempos en que la ciudad pese a su fuerte crecimiento, aún gozaba de mucho espacio libre, incluso por este visitado y transitado sector, disfrutando este puesto de un enorme auge hasta la década de los 80. A partir del siguiente decenio, la botellona obligó al cerramiento de los jardines a partir de ciertas horas nocturnas, conllevando el decaimiento del sitio.
La perspectiva de abajo, presenta una terraza preciosa, con sabor funcional y marinero, abierta y con puntos de luz concentrados en las amplias cristaleras. Los veladores, en asientos de metal, ofrecían el sosiego necesario a un conjunto sencillo y espaciado. La imagen pudo haberse realizado a principios de los 70:
Otra escena interesante era la formada por la representación en hierro de las tres Carabelas, esculturas que al parecer, según Julio, el propietario argentino que tenía el kiosco de chucherías y helados del paseo, fueron arrancadas del bar por sus antiguos dueños. Al menos hemos recuperado una perspectiva de cada figura:
En este 2016, sin que haya leído noticias recientes sobre ello, se supone ha expirado el ultimátum del Ayuntamiento a la propiedad del pequeño edificio, para que se ejecutaran unas reformas de restablecimiento que no se han ejecutado. La Empresa de Terrazas de Sevilla S.L. quien solicitó la licencia para explotar como terraza bar, y reparar este kiosco a partir de 2011, dejó el sitio en deterioro. Los dueños del viejo bar renunciaron a la concesión administrativa el 30 de julio del 2015, por lo que la Gerencia de Urbanismo comenzó a tramitar la recuperación del local. Es decir, Parques y Jardines debió o debe ( si ha existido algún tipo de moratoria ) recibir informes sobre unos arreglos para restituir el edificio a como se hallaba antes de la concesión para aceptar la renuncia presentada por la empresa adjudicataria, que a simple vista a día de hoy, no llegamos a percibir finalizados por la concesionaria, con tal de que el mismo consistorio destine este espacio para jardineros y barrenderos.
Pero sea cual sea el destino del resto del kiosco de las Tres Calaveras, es algo que jamás volverá a ser igual. Una vez más, ayuntamientos y empresarios abandonan lo que durante décadas fue, sin preocuparse por mantener unas simples paredes, un techo y unos cuantos decorados. Como los ingleses con el Argyll Arms de Londres, o con las viejas fábricas de Manchester, vamos....
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Edificios
domingo, 2 de agosto de 2015
LOS KIOSKOS ANTIGUOS DE 1936 - 1939 ( 2 )
En el número publicado el 24/02/2014 de mi antiguo blog sevilladesaparecida, hicimos mención acerca de los puestecillos hexagonales que se ubicaron posiblemente entre 1936 - 1939, a semejanza de los modelos destruidos en la Plaza Nueva: En aquel reportaje vimos los colocados en el Museo, Plaza Duque, así como una imagen de uno los tres que hubo en la Plaza Nueva.
De patrones y fechas similares, algunos, construidos con materiales más pobres, otros de más calidad, encontramos más ejemplares de kioscos localizados en diferentes emplazamientos: Plaza de la Magdalena, Plaza del Pumarejo, Ronda de Capuchinos, Jardines de Murillo y Macarena.
El puestecillo de la Ronda de Capuchinos se encontraba justo en la acera de enfrente a la gasolinera, una estación de servicios que se inauguró en 1965 y que ocupó un emplazamiento lindante a la fábrica de papel Onena y que a su vez estaba pegado al famoso cine de verano Capuchinos. Algunos vecinos del lugar afirman que este puesto se desmanteló al construirse en 1978 los bloques de viviendas gemelas números 1 y 3 de la vía sobre parte del derribo del Barrio de San Julián, que comenzó a demolerse en 1962. A este tenor nos compadecemos por este, otro más crimen urbanístico perpetrado una vez más en nuestra ciudad. En el plano de 1943 es mencionado el quiosco, mientras que hemos rayado en rojo parte del todavía existente San Julián; a la izquierda, San Hermenegildo.
![]() |
Gobernaron en Sevilla, una vez estallado el Movimiento Nacional, un buen puñado de alcaldes a partir de Ramón de Carranza; entre ellos o alguno de ellos se aprobó la colocación de los puestecillos de los que informamos. Muy popular fue también el ubicado en la plaza del Pumarejo. Sabemos que estuvo delante de la misma puerta del edificio de las antiguas atahonas municipales contruido en 1787 y del que sólo se conserva la fachada con algún añadido posterior; otro ejemplo más de la barbarie y autoflagelación urbanística a la que los dirigentes sevillanos parecieron tener apego desde los comienzos de la Ciudad. En el flanco Este, según el plano de 1943 - bajo estas líneas -, aparece la Casa Palacio de Pumarejo (2), otro edificio del XVIII que esperemos sea conservado; mientras que el número 1 es la mencionada Atahona, el 3 la calle Fray Diego de Cádiz y el 4 la calle Aniceto Sáenz.
También la imagen de ABC nos clarifica más tanto las Atahonas como el puestecillo. En los años 80 quizá debió ser sustituído por otro de chapa, una especie de modelo standard que desde finales de la dácada anterior ya comenzaba a sustituir a los de madera, observando aquel en la segunda foto por abajo. Actualmente no existen quioscos en esta plaza, mas la presencia masiva de maleantes en la zona no supone un incentivo para los kiosqueros.
Sobre el kiosco de la Magdalena no hemos encontrado imágenes de fotografía, pero sí disponemos del plano de 1944, donde figura su emplazamiento. En aquel mismo lugar, también en los setenta, al parecer se debió colocar uno de flores que a su vez pudo haber coexistido junto a otro de chapa color aluminio plateado. Interesante las dos vías tranviarias que entonces rodeaban la Plaza, llamada a la sazón del triunfo del Alzamiento en Sevilla como Plaza del General Franco, en 1936. En 1980 se rotuló de forma definitiva como la Plaza de la Magdalena.
Tampoco estaría de más volver a citar el puesto de la Plaza del Duque, que no aparecía en los planos que manejamos de los 40, por lo que tal vez pudo haberse establecido en la década siguiente. Estas perspectivas nos enseñan el techo del Palacio de los Cavaleri y el puestecillo en la esquina, incluso con algunos negocios en la planta baja:

Finalizamos con una escena cotidiana frente a la Basílica de la Macarena, apreciando en primer plano el kiosquillo, que quizá junto al de la Plaza del Museo, sea uno de los dos últimos representantes de un estilo que hace muchísimos años fue una mezcla de aparente monumentalidad y señorío, sobresaliendo por aquellas líneas hexagonales que, si bien nos recuerdan a los seises, no le hemos encontrado ningún trasfondo más allá del de poder atender al público en todas las aristas posibles. Estos puestecillos deberían ser conservados, pues formaron parte del panorama cotidiano sevillano en su momento, lejos de los actuales, de mayor impersonalidad, pero que el Ayuntamiento, continuador también de estos poco románticos tiempos, se propuso imponer.
También la imagen de ABC nos clarifica más tanto las Atahonas como el puestecillo. En los años 80 quizá debió ser sustituído por otro de chapa, una especie de modelo standard que desde finales de la dácada anterior ya comenzaba a sustituir a los de madera, observando aquel en la segunda foto por abajo. Actualmente no existen quioscos en esta plaza, mas la presencia masiva de maleantes en la zona no supone un incentivo para los kiosqueros.
Sobre el kiosco de la Magdalena no hemos encontrado imágenes de fotografía, pero sí disponemos del plano de 1944, donde figura su emplazamiento. En aquel mismo lugar, también en los setenta, al parecer se debió colocar uno de flores que a su vez pudo haber coexistido junto a otro de chapa color aluminio plateado. Interesante las dos vías tranviarias que entonces rodeaban la Plaza, llamada a la sazón del triunfo del Alzamiento en Sevilla como Plaza del General Franco, en 1936. En 1980 se rotuló de forma definitiva como la Plaza de la Magdalena.
Tampoco estaría de más volver a citar el puesto de la Plaza del Duque, que no aparecía en los planos que manejamos de los 40, por lo que tal vez pudo haberse establecido en la década siguiente. Estas perspectivas nos enseñan el techo del Palacio de los Cavaleri y el puestecillo en la esquina, incluso con algunos negocios en la planta baja:

Finalizamos con una escena cotidiana frente a la Basílica de la Macarena, apreciando en primer plano el kiosquillo, que quizá junto al de la Plaza del Museo, sea uno de los dos últimos representantes de un estilo que hace muchísimos años fue una mezcla de aparente monumentalidad y señorío, sobresaliendo por aquellas líneas hexagonales que, si bien nos recuerdan a los seises, no le hemos encontrado ningún trasfondo más allá del de poder atender al público en todas las aristas posibles. Estos puestecillos deberían ser conservados, pues formaron parte del panorama cotidiano sevillano en su momento, lejos de los actuales, de mayor impersonalidad, pero que el Ayuntamiento, continuador también de estos poco románticos tiempos, se propuso imponer.
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Los kioskos antiguos (VI)
miércoles, 15 de julio de 2015
RÓTULOS y PLACAS DESAPARECIDAS DE LA ALAMEDA DE HÉRCULES
Así fueron y así son: mudos testigos de la memoria de la Alameda de Hércules de Sevilla. Viejas inscripciones de piedra o de madera que, desapercibidas y silenciosas, sobrevivieron a terremotos, riadas, guerras, incendios y toda clase de avatares que sufrió la ciudad. Conocieron las historias de hechos alegres y también luctuosos; observaron el progreso de cofradías y procesiones, desfiles, tranvías o entierros; e incluso hasta reconocieron a personajes populares y anónimos, odiados y queridos, buenos y malos de la Sevilla de ayer y de siempre.
LA HISTORIA DE LA PLACA DE LA JABANILLA Y LOS RÓTULOS DE LA ALAMEDA DE HÉRCULES DESAPARECIDOS
Echemos un vistazo a la panorámica del lugar en 1961, el lugar, antiguo número 4 de Potro. Una vieja casa de vecinos de dos plantas que aparece inmortalizada en la arriada tras la barca, décadas antes a su derribo. A la derecha según miramos, una accesoría con persiana de metal, donde trabajaba un zapatero llamado Antonio, mientras que el siguiente número, el 7, justo al lado, era la casa de Carlos Hill, lugar donde se alquilaban disfraces:
Aunque creemos que anterior a 1856 no debió haberse colocado aquel u otro rótulo,
pues Balbino Marrón elaboró un proyecto que dio lugar a la calle Potro , rotulada en 1875. Pero lo cierto es que a principios de este
siglo XXI se derribó esa casa junto al marbete* que rezaba "Alameda de Hércules", aunque aquel no fue el único que mencionaba el nombre del bulevar en este sitio, pues tenemos constancia de otro, que actualmente tampoco existe, que estuvo en un edificio muy retocado pero que antiguamente fue el Bar Los Majarones y que a finales de los 60-70 pasó a ser un taller de recauchutados, de lo que hablamos a continuación.
Abajo y a la izquierda, ampliamos la parte central de la fachada en una toma posterior, ya de a principios de los 80, en la vemos ampliado y con más nitidez el rótulo que se identificaba la Alameda de Hércules. A juzgar por la cercanía a mi domicilio y también por testimonios de vecinos del lugar, el marbete siempre fue el mismo y nunca fue repuesto o reparado por otro distinto. A la derecha, también ampliado el azulejo de " La Jabanilla ", que se hallaba en la parte inferior derecha del anterior:
Como objeto de valor histórico, no ofrece alguna duda el azulejo que no figura, atención, en el Plano de Olavide; eso sí, en el nomenclátor sí está. Pero el asunto se complica porque en realidad no se conoce el topónimo de esa palabra. Al respecto, Demetrio Mármol Plaza, vecino del lugar, comentaba que: " en aquel lugar existió una vieja taberna -anterior a la de los mencionados Majarones- que fue sitio de reunión de cubanos residentes o transehuntes en Sevilla, a la que llamaron por añoranza " La Habanilla ", de ahí en la evolución oral posterior el cambio de la h por la J. Sin embargo, otro acervo explica que " existió también otra taberna de reuniones políticas denominada " Abanilla ", sin hache ". De esta forma, dos interpretaciones diferentes que no aclararon el origen.
Como antes decíamos, el rótulo de la " Alameda de Hércules ", así como la placa de " La Jabanilla " se conservaron hasta hace muy poquito. Ya no existen. En la siguiente imagen, tomada en 1985, el fallecido cantaor El Pali, parece señalar hacia el taller de automóviles, recordando a los Majarones, aunque tal vez sin advertir que placas ( hemos circulado dos ), siendo el del lado inferior izquiero el de esta investigación, y marbete* estaban allí como testigos del momento, dejándonos prueba de su existencia para artículos de investigación como el que publicamos:
En nuestros días, un bar al estilo moderno ocupa la parte baja de aquel edificio, donde no se ven por ninguna parte las placas:
El mismo edificio, en la parte que entra en la calle Barco, también tres placas de significado diferente: alturas alcanzadas por las aguas del Guadalquivir en diferentes arriadas en Sevilla. Ninguna de las tres sobreviven:
La de arriba menciona 1786, mientras que la de abajo está inscrita un siglo después. El azulejo del XVIII tal vez fue trasladado a la calle Santa Ana, esquina Alameda, justo en la antigua Sacristía; el segundo, desapareció y no nos consta se haya recolocado en algún otro lugar de la Alameda. Se marca, además, la línea de la altura del agua, posiblemente muy dispar en relación a otras zonas más o menos anegadas del bulevar alamedano, por lo que creemos que la primera placa no debió trasladarse. El tercero de ellos, que marcaba la altura del agua en 1961, tampoco se conserva en este lugar.
Pero en la esquina de Santa Ana, además de la placa mencionada del XVIII, también existe otra gemela al del mismo edificio de la calle Barco; en concreto marca la llegada del agua en la riada de 1961 como apuntamos. Vemos las dos láminas actualmente:
Precisamente, en la misma calle Santa Ana, justo arriba de la cerámica que vemos sobre estas líneas, existió un rótulo antiguo, de madera, sobre el que conocemos que a principios de los 80 del pasado siglo fue sustituido por otro de material alfarero, al estilo del actual. El marbete, quizá fue acometido por los operarios que trabajaban en la carpintería del mismo edificio que anteriormente fue la bodega de La Sacristía.
Las placas o los rótulos, al formar parte de un patrimonio cultural muy pequeño al que nunca se ha protegido ni por el que no se han preocupado. Señales calladas, testigos de la Historia de nuestra ciudad. Desde estas modestas líneas solicitamos su conservación y que nunca la dejadez o los malos propósitos no pasen por encima ni se impongan encima de estos reducidos compañeros de tránsito.
* Marbete: Como nombre masculino, pedazo de papel, cartulina u otro material parecido que se pega o sujeta sobre una cosa para indicar alguna información relacionada con ella, en especial su contenido o su destino.
Como antes decíamos, el rótulo de la " Alameda de Hércules ", así como la placa de " La Jabanilla " se conservaron hasta hace muy poquito. Ya no existen. En la siguiente imagen, tomada en 1985, el fallecido cantaor El Pali, parece señalar hacia el taller de automóviles, recordando a los Majarones, aunque tal vez sin advertir que placas ( hemos circulado dos ), siendo el del lado inferior izquiero el de esta investigación, y marbete* estaban allí como testigos del momento, dejándonos prueba de su existencia para artículos de investigación como el que publicamos:
En nuestros días, un bar al estilo moderno ocupa la parte baja de aquel edificio, donde no se ven por ninguna parte las placas:
El mismo edificio, en la parte que entra en la calle Barco, también tres placas de significado diferente: alturas alcanzadas por las aguas del Guadalquivir en diferentes arriadas en Sevilla. Ninguna de las tres sobreviven:La de arriba menciona 1786, mientras que la de abajo está inscrita un siglo después. El azulejo del XVIII tal vez fue trasladado a la calle Santa Ana, esquina Alameda, justo en la antigua Sacristía; el segundo, desapareció y no nos consta se haya recolocado en algún otro lugar de la Alameda. Se marca, además, la línea de la altura del agua, posiblemente muy dispar en relación a otras zonas más o menos anegadas del bulevar alamedano, por lo que creemos que la primera placa no debió trasladarse. El tercero de ellos, que marcaba la altura del agua en 1961, tampoco se conserva en este lugar.
Pero en la esquina de Santa Ana, además de la placa mencionada del XVIII, también existe otra gemela al del mismo edificio de la calle Barco; en concreto marca la llegada del agua en la riada de 1961 como apuntamos. Vemos las dos láminas actualmente:
Precisamente, en la misma calle Santa Ana, justo arriba de la cerámica que vemos sobre estas líneas, existió un rótulo antiguo, de madera, sobre el que conocemos que a principios de los 80 del pasado siglo fue sustituido por otro de material alfarero, al estilo del actual. El marbete, quizá fue acometido por los operarios que trabajaban en la carpintería del mismo edificio que anteriormente fue la bodega de La Sacristía.Las placas o los rótulos, al formar parte de un patrimonio cultural muy pequeño al que nunca se ha protegido ni por el que no se han preocupado. Señales calladas, testigos de la Historia de nuestra ciudad. Desde estas modestas líneas solicitamos su conservación y que nunca la dejadez o los malos propósitos no pasen por encima ni se impongan encima de estos reducidos compañeros de tránsito.
* Marbete: Como nombre masculino, pedazo de papel, cartulina u otro material parecido que se pega o sujeta sobre una cosa para indicar alguna información relacionada con ella, en especial su contenido o su destino.
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LA ALAMEDA DESAPARECIDA (7)
viernes, 10 de julio de 2015
LA ALAMEDA DESAPARECIDA, CRÓNICAS ( 6 )
PERSPECTIVA SOCIAL DE LA ALAMEDA
DÉCADAS DE 1970-1980
DÉCADAS DE 1970-1980
Es la Alameda de Hércules una inagotable fuente, un interminable filón de historias, anécdotas, hechos...... Habiendo ejercido un protagonismo indiscutible en la llamada Sevilla de la Transición, en aquellos años 70 y 80 tan queridos y recordados en este espacio. Crónicas de un bulevar alamediano que parecen algunas de ellas quedar en el olvido; mientras que otras a veces se oyen entre algunos supervivientes autócnonos del lugar y alrededores, transmitidas de generación en generación por aquellos que las vivieron, las oyeron a su vez contadas por sus protagonistas o por otros que a la par, recibieron en sus oidos aquellas cosas que pasaron.
Colocándonos en situación, la década de los 70 nos enseñaba una Alameda repleta de un caserío principalmente decimonónico y de a principios del XX , en lo referente a los flancos del bulevar, el cual mantenía su estética rectangular de siempre, pero fraccionado en tres vías transversales producto de la reforma de 1936-45, orientadas para esparcer el tráfico y poder desembocar a calles como Relator, Peris Mencheta, Santa Ana, Niño Perdido, etc. Algunas de estas y otras calles, adyacentes y paralelas al rectángulo, formaban junto a la otra ala ( Leonor Dávalos ); un entresijo interno en el que dominaban edificios también construidos en lejanas décadas anteriores, la mayoría sin reformar y en estado de deterioro. A todo esto, se le unía el aspecto social en el que destacaban la prostitución y la inseguridad ( esto último acentuado desde principios de los 80 ). También, a raíz de la segunda mitad del decenio de 1970, aparecen las drogas duras . La situación social del lugar, poco antes de la llegada de los 90, llegó a presentar un escenario en el que, salvo la media mañana o el mediodía, el riesgo de robo a punta de navaja era un peligro casi constante. La prostitución anteriormente autóctona desaparecía progresivamente; el proxeneta, también otrora del lugar, iba dejando paso a tipos que, procedente de las barriadas periféricas, acudían con motocicletas a recoger a las prostitutas, aprovechando sin escrúpulos el intimidar y robar a cualquier viandante circunstancial o potencial cliente. La llegada de estos improvisados motoristas se vio favorecida por el crecimiento del motor en el mercado de segunda mano, unido a las nuevas leyes blandas, la continuación y aumento de la marginalidad en la periferia, así como la mencionada llegada de la droga.
Sección de la Alameda de Hércules en una perspectiva aérea de 1982. Señalamos algunas calles conflictivas como eran Leonor Dávalos (1), Joaquín Costa (2), Niño Perdido (3). El número 4 era la "boca del metro", cuyas obras se cerraron y quedaron paralizadas. Por supuesto, otras calles cercanas a Joaquín Costa fueron lugares muy peligrosos ( Cruz de la Tinaja, Juan Pérez Montalbán, Molinos, Niño Perdido...), sin olvidar el sector de la Plaza de la Europa. No obstante, la Alameda de entonces era prácticamente un todo inseguro.
Crónicas buenas y crónicas malas. Historias de otro tiempo....
Mientras se desarrollaba el mortal episodio, ambulancias, policía y bomberos se encaminaban raúdamente mientras los vecinos de la calle y personas que paraban entonces en otros bares cercanos, contribuyendo éstos a sofocar el fuego con cubos de agua e intentar a su vez salvar alguna vida.
Sección de la Alameda de Hércules en una perspectiva aérea de 1982. Señalamos algunas calles conflictivas como eran Leonor Dávalos (1), Joaquín Costa (2), Niño Perdido (3). El número 4 era la "boca del metro", cuyas obras se cerraron y quedaron paralizadas. Por supuesto, otras calles cercanas a Joaquín Costa fueron lugares muy peligrosos ( Cruz de la Tinaja, Juan Pérez Montalbán, Molinos, Niño Perdido...), sin olvidar el sector de la Plaza de la Europa. No obstante, la Alameda de entonces era prácticamente un todo inseguro.
Crónicas buenas y crónicas malas. Historias de otro tiempo....
LA LEYENDA NEGRA DE LA VAQUITA
En la calle Joaquín Costa número 20, se hallaba una de las muchas whisquerías de entonces: La Vaquita. El 18 de enero de 1973, un camionero, cliente quizás circunstancial del bar, dicen las fuentes de prensa que según testigos del local, forcejeó con alguna de las chicas que allí trabajaban, por lo que fue expulsado, prometiendo venganza contra quienes se encontraban allí dentro. En efecto. Posteriores opiniones cuentan que J.F.A.C. - iniciales del supuesto caminonero - fue a la gasolinera de Torneo y con una lata de combustible se encaminó de nuevo hacia el bar, cumpliendo aquellas siniestras palabras vengativas. Roció con gasolina el suelo, lanzando a continuación la latilla sobre una estufa de butano. Inmediatamente el fuego y la humareda inundaron el local. El encargado, J.O., reaccionó colaborando en sacar de las llamas y el humo a Rosario ( la mujer que vendía el tabaco ), así como a un par de clientes.
Mientras se desarrollaba el mortal episodio, ambulancias, policía y bomberos se encaminaban raúdamente mientras los vecinos de la calle y personas que paraban entonces en otros bares cercanos, contribuyendo éstos a sofocar el fuego con cubos de agua e intentar a su vez salvar alguna vida.
Cinco mujeres (la mayor parte de de ellas de nacionalidad o procedencia árabe ) y un hombre fueron los fallecidos: camareras y un cliente. Otros tres varones resultaron heridos, figurando uno de ellos como otro de los encargados de la whiskería. Por su parte, el autor del múltiple crimen terminó entregándose en la Comisaría.
De esta forma, a la izquierda, ABC nos mostraba el estado final de La Vaquita

Derecha: Escena tomada en 1978. Vemos un día cualquiera en la vida de La Alameda, con los proxenetas paseando en Niño Perdido y Joaquín Costa. Al fondo del todo, en la derecha observamos parte de lo que fue la nueva whiskería "La Vaquita -2" -con el letrero de cerveza "Águila dorada"-, que se trasladó al número 18 hasta 1981. Vemos un Seat 127 a la derecha de la calle, justo pegado a la entrada del desaparecido bar "Seire". Sabor añejo de unos tiempos que no volverán, pero que nos evocan a las páginas negras de la Alameda, en hechos sucedidos hace más de cuarenta años.
EL ROBO DEL BUTRÓN EN EL BAR LOS ESCUDOS
En algunos reportajes anteriores sobre la Alameda, hemos hablado de la administración de quinielas Chispitas, establecimiento del que tenemos constancia de su existencia al menos desde principio de los 70; lugar que se convirtió en un sitio muy popular, pues fue una peña quinielística que proporcionó numeroso premios a lo largo de su dilatada existencia.
A la derecha del despacho aparecen las puertas del bar Los Escudos , el cual también fue víctima en aquella ocasión del robo que mencionamos. Bar y administración pertenecían a Antonio Luque, quien al llegar con su hijo la mañana del 14 de diciembre de 1984, encontró que desde la azotea de una casa colindante, deshabitada, penetraron al zagúan contiguo al bar, forzaron la cancela de su entrada y practicaron un agujero en el muro para pasar al interior. Afortunadamente, al ser de madrugada y no localizarse el interruptor de la luz, sin linternas y sólo mecheros, los ladrones produjeron mucho ruido en su trajín y sólo pudieron arramblar con parte de la recaudación de las quinielas, unas 40 mil pesetas de entonces, aunque los destrozos causados se elevaron a doscientas mil. Alertada por los vecinos, la policía hizo aparición, aunque los cacos ya habían huido.
Otro robo más en la zona. Como no podía ser de otra forma, la Alameda y sus aledaños eran el principal espejo para la inseguridad del Casco Antiguo de una Sevilla que había multiplicado por tres el número de robos en apenas once años, desde 1972.
PREMIO DE LOTERÍA DE NAVIDAD PARA LA GENTE HUMILDE
En nuestra querida Alameda no todo fueron robos y crímenes. También existieron momentos de felicidad y de jolgorio dentro de aquel microcosmos. El exponente principal de la mejor noticia de todas las pensables fue que Sevilla, como en otras ocasiones, fue beneficiada con varios premios importantes de la Lotería Nacional navideña. Si en la deprimida entonces barriada de Torreblanca tocó un premio de 25 millones de las antiguas pesetas, gracias a un número adquirido en la Administración del Gato Negro, en la Alameda de Hércules, nada menos que una parte importante del 55.793, o sea, el Segundo Premio, fue a parar allí. También una empresa ubicada en la Carretera de Su Eminencia fue beneficiada. Una Lotería de Navidad en la que las niñas de San Ildefonso por primera vez hicieron su debut.
Las crónicas narran que un popular lotero conocido como " El Chino ", llevó la felicidad en forma de billetes que se tradujeron en 372 millones que cayeron en manos de parados, prostitutas, trabajadores y hasta propietarios de algunos locales del lugar. Aquella Alameda solitaria y taciturna fue por unos días un lugar en que la felicidad y el alboroto se hizo patente para todos los vecinos.
Sabemos que dos bares fueron afortunados con buenos pellizcos, como la Cervecería Otero, que se encontraba al principio de Joaquín Costa, esquina Barco ( casi diez millones ), o el bar Las Columnas ( que no es el local actual con su mismo nombre ), sino otro que estaba localizado cerca de la Plaza de la Mata. En la imagen de la izquierda, escena en la puerta de este último local.

Derecha: Escena tomada en 1978. Vemos un día cualquiera en la vida de La Alameda, con los proxenetas paseando en Niño Perdido y Joaquín Costa. Al fondo del todo, en la derecha observamos parte de lo que fue la nueva whiskería "La Vaquita -2" -con el letrero de cerveza "Águila dorada"-, que se trasladó al número 18 hasta 1981. Vemos un Seat 127 a la derecha de la calle, justo pegado a la entrada del desaparecido bar "Seire". Sabor añejo de unos tiempos que no volverán, pero que nos evocan a las páginas negras de la Alameda, en hechos sucedidos hace más de cuarenta años.
EL ROBO DEL BUTRÓN EN EL BAR LOS ESCUDOS
En algunos reportajes anteriores sobre la Alameda, hemos hablado de la administración de quinielas Chispitas, establecimiento del que tenemos constancia de su existencia al menos desde principio de los 70; lugar que se convirtió en un sitio muy popular, pues fue una peña quinielística que proporcionó numeroso premios a lo largo de su dilatada existencia.A la derecha del despacho aparecen las puertas del bar Los Escudos , el cual también fue víctima en aquella ocasión del robo que mencionamos. Bar y administración pertenecían a Antonio Luque, quien al llegar con su hijo la mañana del 14 de diciembre de 1984, encontró que desde la azotea de una casa colindante, deshabitada, penetraron al zagúan contiguo al bar, forzaron la cancela de su entrada y practicaron un agujero en el muro para pasar al interior. Afortunadamente, al ser de madrugada y no localizarse el interruptor de la luz, sin linternas y sólo mecheros, los ladrones produjeron mucho ruido en su trajín y sólo pudieron arramblar con parte de la recaudación de las quinielas, unas 40 mil pesetas de entonces, aunque los destrozos causados se elevaron a doscientas mil. Alertada por los vecinos, la policía hizo aparición, aunque los cacos ya habían huido.
Otro robo más en la zona. Como no podía ser de otra forma, la Alameda y sus aledaños eran el principal espejo para la inseguridad del Casco Antiguo de una Sevilla que había multiplicado por tres el número de robos en apenas once años, desde 1972.
PREMIO DE LOTERÍA DE NAVIDAD PARA LA GENTE HUMILDE
En nuestra querida Alameda no todo fueron robos y crímenes. También existieron momentos de felicidad y de jolgorio dentro de aquel microcosmos. El exponente principal de la mejor noticia de todas las pensables fue que Sevilla, como en otras ocasiones, fue beneficiada con varios premios importantes de la Lotería Nacional navideña. Si en la deprimida entonces barriada de Torreblanca tocó un premio de 25 millones de las antiguas pesetas, gracias a un número adquirido en la Administración del Gato Negro, en la Alameda de Hércules, nada menos que una parte importante del 55.793, o sea, el Segundo Premio, fue a parar allí. También una empresa ubicada en la Carretera de Su Eminencia fue beneficiada. Una Lotería de Navidad en la que las niñas de San Ildefonso por primera vez hicieron su debut.
Sabemos que dos bares fueron afortunados con buenos pellizcos, como la Cervecería Otero, que se encontraba al principio de Joaquín Costa, esquina Barco ( casi diez millones ), o el bar Las Columnas ( que no es el local actual con su mismo nombre ), sino otro que estaba localizado cerca de la Plaza de la Mata. En la imagen de la izquierda, escena en la puerta de este último local.
La Alameda, aquel espacio autóctono y genuínamente sevillano; la de los chulos y prostitutas que allí vivían, la de los guardacoches, la de los prostíbulos, whisquerías, la freiduría la Isla, Las Maravillas reformada, Los Faroles, La Conga, las de las partidas ilegales de cartas en el Casino Ferroviario, Las Sirenas en ruina, los derribos vacíos, la de los kioskos de madera; aquella que sucedió a la del flamenco, los cines verano y las tertulias taurinas, fue parte de la Sevilla de la Transición y, aunque para muchos para bien, hace años que murió, permaneciendo sólo en la memoria de los nostálgicos como el autor de estas líneas.
Publicado por
RAFAEL MEDINA DELGADO
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5:15
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Etiquetas:
CRÓNICAS ( 6),
LA ALAMEDA DESAPARECIDA
viernes, 29 de mayo de 2015
RETROSPECTIVA OBRERA DEL REAL BETIS BALOMPIÉ
¿ Fué el Real Betis alguna vez un club obrero ?
Cualquier bético desde la niñez, oyó alguna vez que el equipo de sus
amores fue una entidad que, partiendo desde la modestia, se convirtió en
grande y popular con el paso de los años. Aún así, el sello de gran
parte de su masa social continuó aperteneciendo a clases trabajadoras,
humildes y económicamente poco favorecidas. Esta marca comenzó a
configurarse a partir de los pocos años de la creación del Club, una vez
que los primitivos fundadores, a su vez directivos y también jugadores,
en parte procedentes de la prestigiosa Academia Politécnica, empezaban a
ser, en su mayoría, sustituídos por otros nuevos, en una situación
acorde al nuevo contexto futbolístico local y económico que vivía la
Entidad.
Aproximadamente, entre 1913 / 1916 aparecen los primeros recintos
vallados ( cuando menos en Sevilla ), lo que conllevó a la aparición del
pago por entrada y al aumento de los socios para disfrutar de una
localidad. En aquel tiempo, el Betis se establece primero en el Prado de San Sebastián, luego en la Enramadilla y, posteriormente, en el Patronato Obrero: lugares rodeados de fábricas como la Pirotecnia, la de Luca de Tena, la de Gas, o las instalaciones ferroviarias, que proyectaron la afluencia de trabajadores a los sucesivos recintos béticos. De esta forma, la masa social bética impregnó un carácter
proletario que trascendió tanto en lo crematístico como en lo deportivo.
Abajo: 1º) Vista aérea del conjunto industrial de Luca de Tena, figurando a la izquierda el famoso chalet de Las Palmeras, mientras que en el centro también aparece la entrada al recinto fabril.
2º) Instantánea de un derby jugado el 24 de febrero de 1918 en el terreno de la Enramadilla y que terminó con victoria del Real Betis por 3 a 1 frente al Sevilla FC. En el fondo, perspectiva frontal de la fábrica de losetas de cemento.
Al lado de aquella humilde masa social, un reducido número de militares y pequeños burgueses que, con grandes altibajos económicos sustentarán la base del Club en tiempos donde el foot-ball debía ser amateur, pero que el eterno rival, más preparado económicamente, se llevaba uno tras otro a los futbolistas del Balompié. Aquello sucedió hasta 1925, en que por fin se legalizó el profesionalismo en nuestro país.
En la crónica de El Liberal, del
periodista Triquitraque, ante un partido
del Campeonato de Andalucía en 1918, jugado contra el Sevilla con victoria de este por
3-1, reza: "....el equipo de los azules ( color de la
camiseta del Real Betis Balompié, que iba alternándose con la
verdiblanca ) integrado por obreros, en todos los
momentos hacían generosa ofrenda de su corazón....". Unos obreros que por mandato municipal deben trasladarse al campo del Patronato Obrero, terrenos prestados gracias a la mediación del entonces concejal, el intelectual Santiago Montoto de Sedas ( abajo ), siempre sentimentalmente vinculado al Betis, al igual que algún otro personaje bético como fue Carlos Alarcón de la Lastra.
Existió influencia, indudablemente, pero poca capacidad adquisitiva. Importante testimonio es el que, en una entrevista concedida en 1954 al aficionado Arturo Roldán Tapia, en el Sevilla, diario de la tarde, aporta sobre aquellos primeros momentos ( ampliado abajo ):
El testimonio de Roldán Tapia es, por calificarlo de alguna manera, de "verdad histórica", una huella en la historiografía del Balompié que no se puede negar. Las primera tribuna del Patronato pudo haber sido construida en aquel año de 1918, aunque según investigamos, sobre la existencia de una grada no vemos se menciona hasta 1924, cuando aún no estaba instalado el profesionalismo de forma oficial y se menciona el 5 de septiembre de aquel año " tribunas y gradas de madera ". Por lo demás Tapia confirmó por aquel tiempo, quizás aún en 1924, que los jugadores eran humildes trabajadores.
En el Madrid Sport, el plumilla Marathon, mencionó en 1919, tras otro partido contra el Sevilla FC, un detalle también muy esclarecedor sobre el amateurismo y la vinculación obrera de los jugadores del Real Betis Balompié:
Es importante recalcar que la
competición principal de entonces, cuando menos hasta el inicio de la Liga, fue el Campeonato de
Andalucía, iniciado en 1915. Resultaba más que sorprendente el hecho de que el
eterno rival, el Sevilla FC, se hacía año tras año con dicho trofeo, un galardón
que sólo a los campeones regionales hasta 1925, permitía el acceso a la Copa de España. Por su parte,
el Balompié solía ser el sempiterno subcampeón, y tuvo que esperar para
participar en dicha competición hasta 1926. Además, la aprobación del
profesionalismo, en 1925 -instimos en ello-, evitó que el club de Nervión se siguiera llevando por
la cara a los mejores jugadores béticos, integrados habitualmente en las clases
obreras de entonces.
Un artículo de Madrid Sport, en concreto del 16-1-1922, nos refrenda de nuevo una estrecha relación entre el mundo proletario y la esencia blanquiverde. Más claro imposible:
Gil Gómez Bajuelo "Discóbolo", periodista que
presidió al Betis en la 22-23, afirmaba la penosa situación económica que sufría
la Entidad,
reflejándose este hecho en el mal estado de las tablas verdes que cerraban el
Patronato. Esta fotografía del equipo rayado, en 1922, nos enseña los tablones que rodeaban el recinto, mientras que detrás se levantaba la mole de la Fábrica de abonos La Unión Española:
El Club debió carecer de un cuerpo burgués numeroso o
suficientemente adinerado dentro de sus socios, puesto que por una causa u
otra, para mejorar solía aparecer algún guía, como fue, por ejemplo, Navarro
Cáceres ( 1924-25 ), que junto a su directiva, debió o debieron invertir un
dineral, pues se reformó y amplió el recinto verdiblanco mediante una inversión
sin precedentes. Apostamos poder confirmar esta adjudicación económica, porque
al año siguiente, en 1926, una nota del Betis a la prensa apuntaba que su número
de socios existente era de ¡ 100 !, suponiendo que entre los mismos se hallarían
unos pocos pudientes y muchos de la clase obrera. Ya no estaba Navarro Cáceres y la estabilidad dependía , posíblemente, de los mecenas:
LA CONTINUIDAD DEL MECENAZGO: JUGADORES PROFESIONALES, AFICIÓN OBRERA
En 1927, la llegada del famoso torero Ignacio Sánchez Mejías a la
presidencia verdiblanca genera una inusitada expectación que, junto a
las nuevas y expectaculares reformas del Campo del Patronato nos presenta un
Betis con casi cuatro mil socios. A la par, el terreno de juego es
reforzado nuevamente por la pared de la tribuna del reciente Club de
Tenis Betis, foco de atracción para un sector de la clase alta y media
sevillana, que también disfruta como residencia de chalets de El
Porvenir, construidos muchos para la Exposición Iberoamericana de 1929,
año este en que el diestro sevillano dejaría la presidencia bética,
sucediéndose en este puesto burgueses de profesiones liberales que
mantendrían, a través de sus gestiones y posiblemente aportaciones,
estable al club en la recien inagurada Primera División, aunque la base
de la afición debió seguir perteneciendo a la clase trabajadora de la
época, tal y como se comprobará más adelante.
En 1933, el abogado Moreno Sevillano inició un ambicioso proyecto de
fichajes que culminaría con la obtención de la Liga en 1935. Sin
embargo, una vez finalizado el Campeonato, el mismo jurista bético
comentaba que " El agotamiento de la Directiva...." ( según nota de El
Correo de Andalucía ) dejó lugar a la entrada de otra nueva. Entendemos
que el esfuerzo económico impuesto por los directivos no llegaba a más. A
este tenor, el fallecido Alfonso Jaramillo citaba textualmente que "
Una vez vi a Moreno Sevillano al poco de ganar la Liga, dispuesto a
empeñar una cubertería de plata propia, y me dijo que era porque el
Betis necesitaba dinero ". De esa forma, en 1935, campeones de Liga como Areso y el entrenador Mr. O'Connell
se van al Barcelona, Lecue al Madrid, y Timimi también se marcha. Estába
claro que los aficionados poco tenían para aportar, y más aún en los tiempos venideros.
La Afición del Balompié festeja un triunfo, en 1928. La mayoría de los socios del Patronato eran humildes y con escasa capacidad adquisitiva, incluyendo también a muchos abonados infantiles. Imagen: manquepierda.com
En 1936, la gestión de una nueva Directiva enlazará de forma definitiva con el sabor a proletariado que el hincha bético evidenciaba, justificando el mismo la casi total falta de medios sustentadores respecto una entidad que ascendía de forma excesiva el precio de las entradas. De esta manera, la carta de un aficionado a El Correo de Andalucía del 14 de mayo del 36 nos decía: ".......Estos abusos hacen mella en la afición, compuesta en su mayoría
por empleados modestos y obreros, que en una gran parte, debido a la
escasez de trabajo, están a dos y tres días en semana, y la juventud,
aficionadísima a este deporte y que, por ser hijos de familia, no
disponen más que de las pocas pesetejas que sus padres les dejan para el
gasto semanal....".
Tras la Guerra Civil, de forma lenta, la sociedad española e hispalense se reorganiza. Son tiempos en que la cantidad de socios, igual que sus aportaciones, aumentarán en jugar un papel fundamental en la vida de los clubes, en que el fútbol pasa a ser definitivamente la casi principal actividad de entretenimiento, popularizándose de forma general a nivel nacional. Pero el Betis seguirá arrastrando esas carencias económicas que lo meterán en una peligrosa espiral, hasta que la llegada de inversiones elevadísimas, acertadas, decididas y desinteresadas, volverán a colocar al club blanquiverde en una posición favorable, que aún así, a lo largo de los años nunca llegó a consolidarse a un nivel parejo en continuidad a otras entidades que gozaron de bases económicas muy elevadas y de también, por qué no decirlo, de una constancia y perseverancia superiores, salvo excepciones, en esos terrenos mencionados.
Hasta aquí, Sevilla Desaparecida finaliza
este ensayo orientativo pero a su vez creemos cercano a lo categórico,
muy reforzado también por la tradición social que identificaba en el pasado al Betis
con " el equipo de los obreros " y que ha llegado hasta nuestros días como algo secular, conservado en el espíritu de los béticos de toda la vida.
Publicado por
RAFAEL MEDINA DELGADO
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