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viernes, 26 de agosto de 2011

¿ Qué fue del CINE ALFARERÍA de Triana ?


Si en estos momentos pudiera ser posible el viaje en el tiempo, uno de los lugares de visita obligados para los nostálgicos de la Sevilla desaparecida, sería sin duda alguna nuestro barrio de Triana. Si de por sí, el arrabal del otro lado de la ciudad abarca una historia que se pierde en las raíces del nacimiento de Serva la Bari,también podemos afirmar que Triana fue un importantísimo emplazamiento cinematográfico en el devenir de la historia del cine hispalense. Hubo un tiempo en que los cines de verano abundaban en el corazón trianero: el Gran Cinema de Triana, el Avenida, La Estrella, el Gran Vía por Los Remedios, San Jacinto, el San Gonzalo....sillas de enea, puestecillos de higos chumbos muy fresquitos, agua en los botijos....La entrada de la magnífica Terraza de verano Alfarería, que tenía las letras rojas oscuras entre la cal de las paredes, como recordando al Sánchez-Pizjuán de aquellos finales de los 50 y mediados de los 60.

La vida del cine Alfarería fue una historia bonita pero con un final triste. En un principio, podemos decir que la nueva sala comenzó a funcionar a partir de finales de los 40; ello nos lo constata gran trianero y bético Alfonso Jaramillo, quien sí recuerda que por aquel entonces y desde la década de 1930 funcionaba el Gran Cinema de Triana, el cual dejó de funcionar cuando el Alfarería comenzaba a dar sus primeros pasos, allá por 1949, año en que se organizó una velada en el local, en la que actuaron el cómico Guarino, el cantaor Flamenco El Sevillano y otros notables artistas.

En los años 50 el cine era amenizado por una orquesta llamada Tropical. Aunque también hubo actuaciones memorables, de peso, como las de las ilustres llaves del cante, Manuel Vallejo y Antonio Mairena, en 1954. En aquellos años también se celebraron festivales artísticos de primavera organizados por el Ministerio de Información y Turismo, exhibiéndose cantes y bailes populares andaluces.

El cine Alfarería continuó con sus veladas y la inclusión del flamenco. El 23 de agosto de 1961 se celebró una interesantísima actuación en la que hizo aparición el extraordinario cantaor utrerano Enrique Montoya y la también excelente cantaora Antoñita Moreno. Veamos el anuncio:


Durante el resto de los 60, 70 y mediados de los 80, el Alfarería se consolidó como un cine clásico en Triana y Sevilla. En 1969, a través de las Organizaciones Corona, fue nada menos que Antonio Molina la principal atracción en los cines Alfarería, Arrayán y Candelaria; sin olvidar también las actuaciones de Emilio el Moro y la Niña de Antequera. El tiempo pasaba, pero el Alfarería no olvidaba su espacio dedicado a las voces de nuestras raíces musicales.

Al parecer, en 1975 el Ayuntamiento expropió mediante indemnización el terreno del cine a su arrendatario, por lo que el local pasó a ser propiedad consistorial posteriormente. Desde 1978, pese a que la sala continuaba proyectando películas regularmente cada verano, la decisión del consistorio fue la de ubicar en la finca un mercado para Triana, el cual se consumó de manera provisional. Una lástima el estado en que se llegó a ver el terreno del cine. Hasta hace poco se conservaban las letras, pero ahora...¿y si se hubiera quedado todo como antes?


Arriba, entrada original del Cine Alfarería, formato de a finales de los años 70

















lunes, 22 de agosto de 2011

CASA MARCIANO: UNA TRADICIÓN QUE NO DEBIÓ DESAPARECER

Sin lugar a dudas una de las casas comerciales de alimentación más famosas en el Casco Antiguo de Sevilla, era Casa Marciano. Abarcando los números 4 y 6 de la calle Lineros, se fundó por Marciano Díaz en 1928 (nº4 de la vía), comprendiendo sólamente un local hasta que en 1938 se adquirió la zona de la derecha de la tienda (nº 6), que había sido anteriormente una quincalla.

Desde un primer momento, Marciano se convirtió en una de las tiendas de ultramarinos más prestigiosas del centro. Su exquisita calidad y variedad abarcaba conservas, legumbres, jamones, chacinería, aceitunas, quesos, licores, condimentos; todo ello, dentro de larguísimo elenco de productos de primera clase. En navidades el escaparate se rebosaba repleto de mazapanes, turrones, frutas escarchadas, etc; sin faltar las cintas navideñas de colores adornando las delicias a través del escaparate. También hay que mencionar telas diversas que se medían con un metro de madera en la misma puerta.

Abajo, una señora recoje un premio en metálico en Casa Marciano de la firma Garvey. Corría el año 1969 y la popularidad del comercio que nos referimos de la calle Lineros estaba por las nubes.


Además en Casa Marciano se supo valorar el sentido no sólo de la tradición, sino también de la antiguedad. A continuación veamos dos detalles curiosísimos: a través de dos recortes procedentes del diario ABC podemos observar en primer término la famosa "pata de jamón", de la que se decía pesaba dieciocho kilos y medio, y medía metro y ocho centímetros en su longitud. A su lado también se conservaba la fotografía de un cerdo del que se extrajo la pieza. En segundo lugar, más abajo, en el techo del establecimiento podíamos ver ejemplos conservados de los distintos sistemas de luces que alumbraron la tienda a lo largo de su existencia: lámpara de gas (centro), lámpara eléctrica (izquierda) y tubo fluorescente (pegado a la pared).



Como decíamos, Marciano mantuvo la tradición por encima de muchas cosas. El mostrador era de madera, en forma de Z y estaba cubierto por una tapa de mármol. A su alrededor se ubicaban sillas para que se sentaran los clientes, todo ello dentro de un cordial ambiente y de exquisito trato. Todo ésto suena muy lejano, comparandolo con los actuales y fríos negocios orientales. 

Fíjense si aquel establecimiento era tan tradicional, que la última reforma constó en 1932, cuando se revistió de mármol tanto la fachada como las jambas correspondientes al número 4 de Lineros. Las letras eran de latón: " Marciano,  Ultramarinos. Jamones serranos, embutidos, quesos y mantecas finas, coloniales, cafés"

Tras el fallecimiento de Marciano Díaz, su viuda, Ana Martínez Calderón, se hizo cargo del comercio, hasta que también dejó de existir. En 1991 se cerró definitivamente, tras más de sesenta años a sus espaldas, con los empleados más antiguos ya jubilados.

Finalizamos este espacio dedicado a Casa Marciano, exponiendo a continuación una imagen para la nostalgia y, por qué no, el cariño de muchos sevillanos. Es el número 4, la parte más antigua de aquellos ultramarinos de indiscutible sabor tradicional y sevillano (dedicada al igual que a todos los visitantes del blog, a mi amigo Carlos Ortega, que tantas veces me pidió una fotografía como ésta:







jueves, 18 de agosto de 2011

¿ Qué fue del CINE IDEAL de verano ?

Uno de los cines de verano más famosos de la Alameda y también de nuestra ciudad, fue el Ideal. Inclusive pudo ser el más antiguo de su clase, puesto que en 1922 se inauguró, concretamente un 27 de noviembre, junto a un espectáculo de varietés, boxeo femenino y banda de jazz. Al parecer, su primer propietario fue Aurelio García, quien a su vez poseía el almacén de coloniales "El Itsmo", en la calle Alcuceros, hoy en día Córdoba, cerca de la Plaza del Pan. Abajo, perspectiva más extensa del edificio donde se hallaba el cinema, lugar que albergó al antiguo noviciado de las Becas. El Ideal era un cine amplísimo, distribuido en General y Preferencia; siendo en esta última parte donde estaban las mesas en las que se cenaba lo que el público llevaba por cuenta propia, o bien lo que se compraba en el bar de la zona de atrás del cine. La General también era surtida por otro ambigú, en el que brillaba una bombilla roja colocada en la pared, a modo de exit.

Junto al Ideal otros cines estivales hicieron furor en la Alameda herculana, como fueron el España o el Villasol, situados éstos en el rectángulo del bulevar. Pero en los años 60 sólamente subsistió el Ideal desapareciendo los otros, quedando las noches de diversión y fiesta de forma mayoritaria para las clases sociales menos favorecidas, residentes en la zona y cercanías. En las décadas siguientes continuó la misma tónica. Películas de Bud Spencer & Terence Hill, Pajares y Esteso, Bruce Lee; los árboles de dentro, la salamanquesa en la pared, la selecta nevería, el anuncio de Cine Dis, los cortes de improviso y la gente protestando; el público aplaudiendo escenas. De aquello no quedó nada cuando en los años 90 se cerró, se remodeló y quedó como una parte de viviendas y residencia para curas de no sé de donde....


Abajo a la izquierda: exterior del Ideal, por el que también se podía entrar. En el ángulo comunicaba con la calle Becas, en concreto con el Colegio Cervantes, edificio del siglo XVI que ha sufrido diversas restauraciones. La imagen es de 1985.

Y ahora, una entrada de Preferencia del Cine Ideal. Lo que muchos pueden considerar una joya del coleccionismo o un simple recuerdo de aquellos tiempos. En este caso no aparece el formato en el que se especificaba la fecha con matasellos, por lo que este ticket pudiera pertenecer a los años 1980 - 1986.
Este reportaje está dedicado especialmente, aparte de a nuestros lectores, a Manolo Beltrán, Manuel García Ruiz, José Jesús García Ruiz, al Sile, Antonio Mondaka, Nieves, José Manuel, Luis el Cateto; toda la gente de la Alameda de aquellos tiempos, y a mis padres.




































































































































































































































































































miércoles, 17 de agosto de 2011

La Correduría, hacia la impersonalidad de lo transitorio (2)

Continuando las semblanzas acerca de la calle Correduría (antigua Doctor Letamendi), es obligatorio dedicar un espacio a un célebre y antiguo establecimiento sevillano que se hallaba justamente al principio de aquella vía: Las Siete Puertas. Fundado por el industrial hostelero Agapito Calvo Jiménez, el bar llegó a convertirse en uno de los más populares de la ciudad. Dentro del estigma alamedano, junto a la desaparecida "Casa Morillo", la "Sacristía", la tienda-bar "Los Majarones", del flamenco local, con sabor a la guitarra de "El Chico Melchor", las voces de  Antonia "La Gamba", el "Piripi", el Chocolate", o, por qué no, algún detalle del impresionante Manuel Vallejo. Saetas en sus balcones a la Hiniesta, a la Macarena...A veces, la military police hacía presencia con las porras en la mano para buscar a los descarriados reclutas de la Navy roteña que se encontraban en los reservados de alterne con las niñas de la Alameda.

Abajo vemos un recorte de publicidad sobre los helados que se vendían en Las Siete Puertas en 1944. Un bar retaurante de muchísima categoría. Eran otros tiempos.


Ya en los años 60 y 70, la Alameda quedó circunspecta al ambiente de la prostitución y las noches alegres de los prohibido, Las Siete Puertas figuró como un espacio importante en los tiempos en que "la Gilda" se pavoneaba por la Europa y el Joseliqui deambulaba un lado para otro.

Abajo, barra americana de Las Siete Puertas, una de las primeras de Sevilla. Según decían albergaba una cañera que llegó a tener más de 100 cañas.


A continuación imagen de Las Siete Puertas poco antes de su cierre, que acaeció tras la muerte de su propietario, Agapito Calvo, en 1981. En 1995 el local abrió bajo el nombre del Brujas, muy de ambiente universitario, porros y ambiente en madrugada. De todas formas aquellos tiempos nunca volvieron a ser lo que antes fueron. Más abajo, azulejo que se conservó durante muchísimos años insertado en la parte del local de Conde de Torrejón, en el que se mencionaba la llegada del agua en la riada de 1796.



En el próximo reportaje finalizaremos estos bloques sobre la Calle Correduría y sus desaparecidos establecimientos.