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sábado, 8 de marzo de 2014

Fuentes: en la Alameda en tiempos de Felipe II

Las fuentes de la Alameda de Hércules ( I ): En tiempos de Felipe II

Uno de los procesos más importantes en la historia de la evolución urbana de Sevilla se produjo en el siglo XVI, motivada  por factores derivados de su establecimiento geográfico y por nuevas circunstancias históricas que provenían inmediantamente del Descubrimiento de América y que tras anteriores monarquías, se establecieron con la llegada del reinado de Felipe II, período en que gran parte de la Ciudad, Puerto de las Indias, sufrirá una intensa remodelación, la cual tendrá su reflejo, entre otros campos, en la arquitectura, los servicios publicos y la ornamentación. De esta forma, consideramos aprovechable el no extendernos en asuntos históricos que ampliarían innecesariamente una información que pretendemos sea resumida y cómoda para el lector, por lo que nos centraremos en el hecho que titula el asunto.

Sabido es que en 1574 el Conde de Barajas drenó los terrenos de lo que era la Laguna de la Feria con el propósito de construir en su lugar un paseo, una alameda, lo que se llamó la Alameda de la Feria. En 1570, Felipe II hizo su entrada en Sevilla, exponiéndose a tal fin ejemplos de arquitectura y ornamentación festivas temporales, preludio de lo que sería  cuatro años después la concepción de la estatuaria civil a modo de monumento público y permanente: las columnas y estatuas de Hércules  ( trasunto de Carlos V ) y Julio César  ( trasunto de Felipe II ), por vez primera en nuestra ciudad. Las columnas son concebidas a la manera de un pórtico triunfal, que será también elemento ordenador de aquella nueva realidad conocida por la Alameda de Hércules.

Piezas Indispensables para el ornato del bulevar serían la fuentes, que además formarían parte de un programa fontanal aún mayor si cabe, orientado también a surtir diferentes collaciones y zonas: tres en la Alameda, una en la Feria, San Vicente y el Duque, mas la reforma de las existentes en el Valle y Santa Lucía. Una obra hidráulica de consideración cuya inspiración pudo haber nacido en la persona de Felipe II durante su estancia de 1570 y que vio en los Países Bajos las mejoras de la nueva ingeniería renacentista sobre terrenos inundados, al igual que también conoció las largas alineaciones de árboles en los paseos italianos, habiendo también promovido el Palacio de Aranjuez.

El propósito  se orientaba a conjuntar la naturaleza, el arte y el espacio social; un jardín manierista que mezclaba pensamientos de tratadistas clásicos y renacentistas como Plinio y Vitrubio, Alberti y Serlio.

Para llevar a cabo el proyecto se invirtieron treinta mil ducados. El notario apostólico Francisco Siguenza, mencionaba las fuentes: ".....el conde de Barajas don Francisco Zapata de Cisneros, que fue assistente de esta Ciudad, queriendo illustrarlla con adornar una plaza tan grande como la que aquí auía, hizo esta Alameda, trayendo a las tres fuentes que vuesa merced en ella vee el agua del Arzobispo.......". Siguenza se refería a las Fuentes del Arzobispo, uno de los acuíferos que abastecieron Sevilla desde tiempo inmemorial, en paralelo a los Caños de Carmona y que se encontraría entre el actual Polígono Store y el ferrocarril de enlace, aquel manantial cuyo nombre se relaciona con el Arzobispo Don Remondo debido a su aportación a las conducciones de agua sobre dicho sitio.

Según Morgado en su Historia de Sevilla, pocos años después de que se urbanice la Alameda: "..... ante todas cosas se hizo limpiar y escombrar, y abrirlea la larga de la una y la otra vanda dos grandes zanjas de más de dos varas en ancho, y medio estado de hondo, por donde se desaguassen al río por su antiguo husillo." plantanda por unas y otras vandas grandes hileras de los mismos árboles, los cuales dividen una zanja de agua, que corre por medio dellos, de las que trasvierte las tres fuentes que se levantaron en esta calle mayor y más principal .....". Las fuentes, proyectadas por Asensio de Maeda, eran de aspecto tradicional italiano, hechas en diversos mármoles; a lo que escribió Ortiz de Zúñiga: "....bien labradas de piedra barroqueña, baxas, así porque el agua no alcanza a subir mucho por la poca altura que dimana, como por la comodidad del pueblo que las frecuenta......".

Esta pintura de la Alameda de Hércules pertenece a la segunda mitad del siglo XVII. Acusa rigidez y no fue tomada del natural, mientras que la fuente y las columnas no acusan las proporciones adecuadas. La hilera central de árboles tampoco obedece al ordenamiento inicial del proyecto:


Hasta el momento sólo tenemos informes de dos de las fuentes: una, hecha por Diego de Pesquera, que iba rematada por el dios Baco; la otra, de Bautista Vázquez, que contenía efigies de Neptuno y las Ninfa. La fundición de los bronces fue obra de Bartolomé Morel.  El diámetro de cada pila de cada fuente era de 16 varas ( 0'836 metros, equivalente de la vara según el patrón sevillano ). Abajo, óleo Ha. 1660. Escena costumbrista de la Alameda en que vemos una fuente  entre las columnas, apreciada mejor en el segundo extracto del lienzo que hemos ampliado:



Esta imagen al óleo corresponde a la primera mitad del XVII. Los restos arqueológicos y las estatuas no se pintaron del original, por lo que no podemos identificar si el emplazamiento de la fuente que vemos en primer término sea la que existió en realidad en aquel momento: 

La instalación de fuentes, parte del proyecto de remodelación de la Alameda, significó la fracción de un ambicioso plan que cambiaría parte de la fisonomía de la Ciudad. El concepto de las fuentes como elemento urbanizante se verá más adelante en la Fuente de Mercurio de la Plaza de San Francisco, al igual que otros lugares de Sevilla. En la próxima entrega sobre las fuentes, hablaremos de las colocadas en el siglo XVIII, tanto en nuestra querida Alameda como en otros lugares de la Ciudad del Betis.

viernes, 7 de marzo de 2014

TIENDAS DE ULTRAMARINOS DESAPARECIDAS DEL CASCO ANTIGUO ( II )

Comenzamos la segunda entrega del espacio relacionado con las tiendas de ultramarinos inexistentes desde hace años en el Casco Antiguo sevillano, que en esta ocasión nos lleva a dos lugares muy diferentes dentro de la configuración conocida de la Ciudad, pero que entre ambos guardaban una clásica relación, tanto en antiguedad como en tradición. 

ULTRAMARINOS LA MONEDA

Situado en una de las calle con más enjundia y solera de Sevilla, Almirantazgo, y en el mismo corazón del Postigo del Aceite se encontraba uno de los comercios de ultramarinos que llegaron a ser más célebres a partir de la segunda mitad del siglo XX. Justo en 1950, enfrente de lo que fue la desaparecida barreduela del Alfolí, que en 1906 formó parte del ilustre Cinematógrafo Salón Gaumont, se fundó por Felipe Justel Santamaría, comerciante de raíces montañesas, la tienda La Moneda, que venía a sustituir el espacio de unas antiguas oficinas. Al parecer, aquel despacho de ultramarinos debió su nombre a otra tienda que ocupó parte de una finca, frente a la Casa de la Moneda, en la calle Adolfo Rodríguez Jurado, que fue derribada para la construcción del edificio del Banco Exterior de España. Abajo, plano de lo que fue la tienda de ultramarinos, con el mostrador (m), dividiendo el espacio principal:


Estaba compuesta por dos habitaciones: despacho al público y almacén. Tenía tres accesos, dos en el frontal y otro en un lateral que comunicaba con una casa vecina. El mostrador era recto, de madera pintada y tapa marmórea. También se encontraban las clásicas sillas para los clientes.

Los tiempos actuales han pasado, al igual que por encima de otros establecimientos tradicionales, también por los ultramarinos La Moneda. En su lugar hay un excelente, recogido y coqueto bar-restaurante con el mismo nombre. Pero como todo va paralelo a los tiempos, nuestra apuesta no cambia por nada del mundo el contexto cotidiano de aquel pasado por el actual, por el panorama del espacio, el costumbrismo, la sencillez, la tranquilidad....


ULTRAMARINOS LAS BALEARES

Haciendo esquina entre las calles Baños y Redes, se encontraba esta tienda de alimentación que en 1963, Celso Vime García, la adquirió, pues existía desde una fecha anterior que desconocemos. De esa forma, junto a los ultramarinos El Carmen, al que dedicamos un espacio en el capítulo anterior dedicado a estos establecimientos de comestibles, son por el momento dos los encontrados en Baños y que, además, debieron ser coetáneos durante muchísimos años.

Estaba compuesta por tres habitaciones: despacho, trastienda en un lateral y trastienda al fondo. El acceso, único, era por la calle Baños. El espacio para las ventas era de unos 6 metros de ancho y cuatro de largo, mientras que el mobiliario se componía de estanterías de madera pintadas. Los rótulos ocupaban el frontón a modo de relieve saliente: Ultramarinos, Chacinas, Conservas, y en cursiva Las Baleares.

Ubicada frente al que fue el antiguo Cuartel del Carmen y formando parte de una vieja manzana de casas que linda por detrás con la Plaza del Duque de Veragua. En su lugar, la tienda ha sido sustituido por una tetería que conserva la antigua denominación.

Desde estas líneas, sevilladesaparecida.com valora positivamente los comentarios recibidos tanto en el portal de la red social Facebook como en la web betislibre.com, en agradecimiento a la fidelidad de los lectores y seguidores del blog dentro de este apartado dedicado a las tiendas de ultramarinos de Sevilla, que seguirá con nuevos y más variados reportajes sobre la misma temática.

miércoles, 5 de marzo de 2014

TIENDAS DE ULTRAMARINOS DESAPARECIDAS DEL CASCO ANTIGUO ( 1 )

Iniciamos una nueva singladura relacionada con aquellos establecimientos sevillanos dedicados principalmente al rama de la alimentación, como fueron aquellas tiendas de ultramarinos, cuyo funcionamiento exclusivo se situó tal vez hasta la década de 1990, pero que en épocas cercanas a dicho decenio, como por ejemplo, en el período de los 30, 40, 60, 70 u 80, formaron parte de ese universo hispalense que las frecuentaba. La parte más cercana a la Catedral o Triana, ha sido retratada fielmente por el tratadista de temas locales Nicolás Salas en su Mercurio Sevillano; ejemplar esencial para la comprensión de la historia de los establecimientos de más tradición y popularidad. Nosotros, empero, ofrecemos una visión que se centra básicamente en aquellos recintos menos conocidos pero que también tuvieron su tiempo e incluso hasta su moda; excluyendo por el momento aquellos establecidos en las barriadas extramuros, debido a la enorme dificultad que entraña encontrar lotes de datos suficientes como para exponer un lote bastante completo que nos gustaría aquilatar, esperando reunir lo deseado para más adelante mostrarlo en estas páginas. De esta manera, centrémonos en unos años relativamente próximos en que los cada vez más borrosos recuerdos son los únicos vestigios que perviven en nuestras mentes.

BAR / ULTRAMARINOS FRANCISCO BRACHO SÁNCHEZ


La fecha de fundación de este establecimiento es desconocida, aunque sí conocemos que en 1928 fue adquirida por el padre de Francisco Bracho. Estaba compuesta por tres habitaciones, estando una de ellas dedicada al bar. Hacía esquina tanto a la calle Zaragoza como a Doña Guiomar, concretamente en el número 32 de la primera de estas vías, ocupando unos 40 metros cuadrados. La parte dedicada a los ultramarinos era de forma rectangular, presentando un mostrador de madera pintada con tapa de mármol. El bar, también a modo de rectángulo, poseía un mobiliario similar con sillas para los clientes. En la actualidad el edificio donde estaba la tienda se halla bajo restauración por su antiguedad.  Abajo, interior de la tienda junto a los propietarios; más al fondo, las sillas que ofrecen una bonita imagen romántica.


ULTRAMARINOS LA GAVIOTA

Situada en el antiguo número 7 de la calle San Laureano, frente al famoso Patio de dicho nombre, cerquísima del viejo zócalo, residuo de lo que en sus tiempos fue la histórica Puerta de Goles o Real, el despacho de ultramarinos La Gaviota pudo haber comenzado su datación a principios del siglo XX, pues antes que desapareciese, tuvo varios propietarios, hasta que en 1970, Juan Madrigal Sánchez la obtuvo mediante un traspaso. Como se aprecia en la imagen, vemos la clásica báscula o peso sobre el mostrador; las letras cursivas, tal vez de latón, pintadas, hacen añorar ese clásico sabor y olor a comestibles, dentro de lo que fue una época muchísimo más sencilla y costumbrista.


 ESTANCO / ULTRAMARINOS EL CARMEN 

Todavía existen muchos vecinos de la zona de San Lorenzo / Gavidia, que recuerdan perfectamente el establecimiento conocido por El Carmen, pues solía ser muy frecuentado para echar las quinielas de fútbol. El lugar, concretamente es el número 6 de la calle Baños, que ocupa parte de un edificio del siglo XIX. Como propietaria recordamos a Encarnación Cruz Moreno, que la heredó de su padre que la compró en 1930. Anteriormente a aquella fecha, también constaba con un bar, pero que fue suprimido para añadirle el estanco.

Del local destacaba su longitud, pues medía alrededor de 15 metros de largo. Como se aprecia en la imagen, hacía acceso tanto a Baños como a Martínez Montañés. El espacio dedicado al estanco era muy pequeño, mientras que el mobiliario consistía en casi su mayor parte en estanterías de madera pintadas y abiertas. El viejo mostrador fue sustituído con el tiempo por cámaras frigoríficas. El zócalo bajo del exterior, era marrón.

La clasicidad de la fachada junto a los letreros nos evocan a quienes conocimos El Carmen  - en que la calle Baños absorbía mucho menos tráfico que desde hace más de una década -, a también otros negocios cercanos de entonces, como, por ejemplo, la vieja ferretería de José y sus hermanos, el almacen de frutos secos y alpiste de Diego, el bar El Camborio, o la droguería de Ana, populares en aquellos tiempos.

Hasta aquí, el primero de esta serie de capítulos destinados a los ultramarinos sevillanos, establecimientos que fueron de toda la vida, por encima de algunos nuevos comercios de última moda, que pese a su similitud con aquellos, nunca llegarán a sustituirlos, y menos aún, confundirlos.

Querido lector: desde sevillaperdida.blogspot.com, recuerde que valoramos cualquier participación que le parezca pueda ser útil para la elaboración de estos reportajes, animándole a contactar con nosotros mediante nuestro email: beticista96@gmail.com ya que somos de la opinión que el valor de una fotografía debe estar por encima de una una simple publicación en cualquier red social.









lunes, 24 de febrero de 2014

LOS KIOSKOS DE LA PLAZA DEL MUSEO Y LOS DE 1939

LOS KIOSKOS DE LA PLAZA DEL MUSEO Y LOS DE 1939

La mayoría de los kioskos sevillanos de prensa o chucherías, pasaron a un modelo uniforme, perdiendo las variopintas y tradicionales estéticas que los conformaron. La ley de 1998-99 se encargó de ello, facilitándole de esta forma al kiosquero una estructura más moderna, segura y funcional; a cambio, dejamos de ver aquellas casitas de madera, por lo general, de espacio limitado y tal vez frágil apariecia, pero que pertenecieron al costumbrismo que vivió algunas generaciones de sevillanos, cosa esta que poco le importa al político una vez descubre por donde ganar dinero.

Sevilladesaparecida.com ha sido un portal pionero en la investigación y difusión sobre la historia de nuestros quioscos tradicionales. Continuamos en esa línea, dirigiéndonos en esta ocasión a los ubicados en la histórica Plaza del Museo, espacio resultante esta última de una operación urbanística que se culminó con la demolición de gran parte del Convento de la Merced en el siglo XIX.

En 1875 el Ayuntamiento decide celebrar una velada debido a una fiesta religiosa de la Iglesia de San Vicente. Desde entonces se instalaron paradas de carruajes, urinarios públicos y puestos de agua. Rafael Laffon, evocaba a la Plaza como "oscura y desértica" durante la noche, pese a todo, desde los años 90 del siglo pasado se halla concurrida por vagabundos, que ocupan bancos y espacios verdes para dormir, mezclando un paisaje algo pintoresco entre los turistas que visitan la Pinacoteca y la joven chavalería que discurre por allí. En los 80, también acudían mendigos provenientes de una casa ubicada en la calle Abad Gordillo, donde repartían bocadillos.

El kiosko más antiguo del que tenemos constancia se estableciera en la plaza, se encontraba en la acera casi frente a Abad Gordillo, mirando a la fachada de la desaparecida Iglesia de la Asunción, tal como nos lo dice la imagen de la izquierda, que fue tomada en 1928 y en la que figuran, de izquierda a derecha, Juan Antonio Domínguez Valderrama ( propietario de aquel kiosko y padre de la dueña del posterior ), su tío, Francisco Vidal; un taxista, y Josefa Vidal Camacho, hija de Juan Antonio.

Esta clase de puestecillo, pequeñito, se prestaba a abrirse a través del mismo cierre, al parecer, por dos lados distintos. En su tiempo abundaron junto a otros modelos mayores.


Según la hija de Josefa, Carmen Domínguez Vidal, databa de "cuando el Movimiento", el nuevo kiosko que sustituyó al anteriormente reseñado, por lo que se debió establecer entre 1936-39. Por aquellos años y quizá también algo posteriormente, debieron programarse construcciones muy similares, de las que se citan al menos una terna de modelos de sutiles diferencias. A la derecha, el puesto de Carmen cuando ella aún vivía, a principios de los años 80. Aún había espacio para que los chavales dieran patadas a un balón y se asombraran ante la rara aparición de pintorescos personajes foráneos que pasaban por allí. Actualmente, el Quiosco pertenece a Información y Turismo, pero lleva tiempo cerrado. Abajo, vemos que en el plano de la ciudad de 1943 aparece en la Plaza del Museo en su enclave actual; 

Los otros modelos similares al del Museo, estuvieron repartidos por diversos puntos de la ciudad. Caso curioso es el de la Plaza del Duque, que según la perspectiva en la riada de 1961, se hallaba frente al Palacio de los Cavaleri, que en la imagen aún estaba casi en ruinas, pero que a partir de 1963 pasaría a ser los almacenes Lubre. Al no encontrarse en planos de los 40, dataríamos al establecimiento en la década de 1950:
En la Plaza Nueva, sabemos que existieron tres puestecillos, estando uno de ellos a modo de estanco y otro para la venta de la prensa. Esta fotografía particular que hemos recibido, a nombre de Celestino Menéndez Ruiz, tomada a fines de los años 50 y principios del siguiente decenio, nos coloca el Kiosko a la izquierda del lector, en un tiempo pasado libre del trasiego que en nuestros días ofrece el centro:
De igual forma, el plano de 1943-45 nos expone la imagen de los tres puestos, siendo el que está a la siniestra frente al Consistorio el de arriba:
Hasta aquí la primera parte de los modelos de puestecillos que se construyeron a partir de 1936, racionalistas, de forma hexagonal a la última moda de la época. Desaparecidos la mayoría de ellos, seguirán sobresaliendo en su protagonismo, cuyo espacio les dedica sevilladesaparecida.com