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viernes, 5 de agosto de 2011

¿Qué fue del cine.....Avenida de verano en Triana?

Uno de los cines de verano más genuinos de la ciudad  fue el Avenida. Situado en la calle Pagés del Corro, en el mismo corazón de Triana, podía albergar 800 personas, un aforo incluso superior al también desaparecido Ideal de la Alameda de Hércules. Al finalizar la temporada de 1998 ya estaba sentenciado, y en 2001 cerró para siempre: la crisis cinematográfica, que comenzó a hacer mella casi a mediados de los 80 debido a la inclusión del video a nivel usuario - luego también comunitario - que provocó la desaparición de bastantes salas (también de invierno), acometió el espaldarazo definitivo cuando a principios de la década de los 90 subió dramáticamente el precio del suelo. La inmensa mayoría de las salas estivales fueron de alquiler, por lo que tras la venta del solar desaparecían. Ese fue el caso, entre otros, del Avenida. Pese a que los vecinos trianeros intentaron evitar su cierre, enviando miles de firmas, no hubo nada que hacer.

Imágen de abajo: taquillas del cine. Fuente: "Recuerdos de Sevilla". J.M.Gª Bautista y Fco Gª Sánchez. ED Absalón. 2010.

 Junto a cines como el Alfarería, La Estrella o el San Jacinto, fue de aquellos que se convirtieron en populares en Triana durante el paso de los años. La selecta nevería, las yedras colgantes, la bouganvilla, o incluso hasta aquella lucecita roja que veíamos en las puertas, se hicieron parte de la memoria de nuestros abuelos, padres e incluso la nuestra. Abajo, imagen a color del mismo cine. ¿Verdad que evoca recuerdos?


Otra vista del Avenida, en concreto desde arriba. Una toma espectacular que hemos extraído del libro "Recuerdos de Sevilla". J.M.Gª Bautista y Fco Gª Sánchez. ED Absalón. 2010. En la imagen podemos ver la amplitud del recinto junto a su hermosa pantalla, así como la exuberante vegetación. Ya hace años que de esto prácticamente no existe nada:


Por último, finalizamos este dossier mostrando una entrada del trianero cine Avenida. Hoy en día, dificilmente los tickets de las actuales salas tienen el mismo sabor e indéntico colorido que los de antaño, eso que ahora muchos jovenes llaman antiguedad cuando realmente de aquello ha pasado poco, muy poquito tiempo.

















jueves, 4 de agosto de 2011

LOS ÚLTIMOS COMERCIOS DE SIEMPRE: LA DROGUERÍA DE SAN PABLO

LA DROGUERÍA QUE SE EMPEÑA EN SEGUIR SIÉNDOLO



A Eloy

En Sevilla hay comercios con algo más que con encanto: con la perseverancia de sus dueños por mantener su negocio a pesar de las presiones de las multinacionales, de la modernidad, de la globalización, de las franquicias, del paso del tiempo…de la insoportable manera en que los comercios parecen quirófanos impersonales en lugar de sitios con personalidad.

Cuando tenía 14 años y comenzaba el bachillerato, solía ir a Liñeros, en la callejuela del mismo nombre, bocacalle de Cuna, por donde empieza a abrirse la Plaza del Salvador, hoy cerrada con una cancela. Por aquel entonces, era el único de mi clase que utilizaba papel reciclado (me vino pronto la vocación verde) y lo compraba al peso en esa tienda. En realidad, se trataba de un tipo de papel muy fino, de estraza, que se utilizaba para envolver embutidos o carne, pero del tamaño aproximado de un A3, el cual, una vez doblado, me proporcionaba dos A4 de espantoso color y calidad, pero de enorme y económica utilidad para mis apuntes.

Liñeros era un caos magníficamente organizado. Una tienda vieja que olía a lo que tiene que oler una tienda vieja, con unos empleados que se diría que habían nacido entre esas paredes donde amarilleaban calendarios de años que pasaron hacía ya unos cuantos lustros. Pero con ese encanto de lo señero, de lo clásico, de lo auténticamente sevillano. Y por eso me gustaba.

En la calle San Pablo, frente a lo que fue la guarnicionería que tomaba su nombre de dicha calle, y de esa calentería que sirve el mejor chocolate del mundo (con permiso de Virgen de los Reyes), existe aún uno de esos comercios señeros. Ese establecimiento resiste el paso del tiempo con la dignidad propia del orgulloso comerciante que la regenta, con ese olor y ese maravilloso desorden que lo hace único. Y con un escaparate que sería motivo de indignación de cualquier enteradillo en marketing, que muestra unos productos que, quizás, ya eran conocidos en la época en que toda esa calle y todas las calles de Sevilla, estaban repletas de las tiendas de ultramarinos de los montañeses,  de los bares donde servían vino y chochos. Una mirada a su alrededor nos permite contemplar la pervivencia de otros comercios añejos: Osorno, la Óptica San Pablo, Cecilio del Pueyo…Pero al entrar en Reyes Católicos, predominan las multinacionales que, poco a poco, se van haciendo con los edificios emblemáticos de la ciudad y con sus mejores esquinas…Burger King, KFC, Haagen Dasz…

Hace unos días fui a la droguería que nos ocupa a por uno de esos productos que ya sólo se encuentran en sitios como ese. Miré con nostalgia cada una de las estanterías que tenía delante mía mientras esperaba que el tendero, un señor de unos 60 años largos, sin la menor prisa, saliese de la trastienda a interesarse por mí. Suelo ser muy poco comunicativo en estos casos, me limito a pedir, pagar y salir. A veces, dado mi despiste, no necesariamente en ese orden; en esta ocasión, me detuve a preguntar con sana curiosidad cómo ha resistido esa esquina a la presión del dinero y de las multinacionales. El señor, propietario del negocio, me contó cómo sus descendientes no quieren hacerse cargo de continuarlo y cómo él solo sigue al frente del mismo desde hace más años de los que puedo llegar a imaginar, regalándome a continuación una de esas frases de las que siempre me acordaré cada vez que pase por allí:

“¿Sabe usted qué pasa? Que a mí me gusta que haya una droguería aquí. Cuando yo pienso en esta esquina de Sevilla, me la imagino con una droguería y como se me ha antojado, pues no pienso dejar que haya otra cosa. No sé si me explico”







Y yo creo que es difícil explicarse mejor y con más claridad.

martes, 2 de agosto de 2011

¿ Qué fue del cine....PATHÉ ?

En el mundo de la cinematografía sevillana pocos cines han podido presumir como la sala Pathé de una trayectoria de nada menos que 60 años. Desde hace años el edificio ha ejercido tanto como de discoteca (1994-95) como de teatro, que es como figura en nuestros días. Aún así, el Pathé fue el primer cine concebido como tal desde su inauguración, un lejanísimo 18 de octubre de 1925. La construcción del local corrió a cargo del prestigioso Juan Talavera Heredia ( Edificio Telefónica, fachada Iglesia de Santa Cruz cuando los infantes ), quien le impregnó unas trazas de matices modernistas. Aquel día del estreno, en la calle Cuna, los infantes Don Carlos y Doña Luisa asistieron como invitados de honor, proyectándose una cinta del famoso actor cómico Harold Lloyd. Tras un lustro de aquello, el 10 de enero 1930, la sala Pathé fue la segunda en proyectar cine sonoro en Sevilla, unos días después que el Llorens diera el primer paso.

Durante la Guerra Civil y en algunos años de la Postguerra, el Pathé, al igual que otros cines hispalenses, fue escenario de funciones benéficas y patrióticas. Básicamente se emitía cine relacionado con las potencias del Eje. El cine americano tuvo que esperar un tiempo, puesto que, gustos aparte, " lo que había era lo que había ". Tras estas líneas, troquelado publicitario del Pathé de una película de Juan de Orduña de 1941, Escuadrilla, con un Alfredo Mayo en la cresta de la ola:


Abajo, momento en que el paso de la Hermandad de la Amargura, conocido popularmente como el desprecio de Herodes, está a punto de llegar a la altura del cine Pathé. Observen la belleza de la fachada, en la que destacan poderosamente las ménsulas, arcos de medio punto, friso y pilastras adosadas. Corrían los años de 1950.


Durante años el Pathé fue una de las salas chic de Sevilla. Se hicieron muy famosas las sesiones "Vermouth", casi al caer la noche, momentos en que la juventud más selecta y de "pollos bien" se daba cita en el cine con la pretensión de buscar nuevos amoríos y aventuras, en aquel terreno de lo prohibido, de lo oculto. Ahora veamos otra perspectiva del local, tal vez en los 60, tras una reforma que se le practicó en los 30, pero que tanto por dentro como por el exterior había respetado sus esencias. En aquel tiempo se cambió a la denominación de Cinema Delicias, pero fue por pocos años.


Ya en los setenta, el Pathé volvió a ser reformado, pero en esta ocasión de una manera más acorde a los nuevos tiempos. La imagen que veremos ahora, que tiene un indudable sabor setentero, pertenece al mes de noviembre de 1978 en que se proyectó el film "Nunca en horas de clase": dirigida por J.A. de la Loma, fue una producción juvenil a lo español que siguió, como tantas otras, la estela travoltista, pero cuyo mejor elemento fue la canción de los italianos New Trolls "It´s downtown". ¿Se imaginan una tarde cualquiera de domingo en otoño en aquellos años, pasando por el cine, en una calle Cuna casi vacía?


En diciembre de 1985 el Pathé fue cerrado para siempre, afectado por aquellas circunstancias que hemos relatado en otros reportajes sobre cines sevillanos y que fueron determinantes para la muerte de estas clásicas e históricas salas dedicadas al séptimo arte. De todas formas, nos gustaría despedir este dossier recordando un ticket muy al gusto del contenido de nuestro blog; en esta ocasión bajo un formato con sabor de a principios de los 80:



lunes, 1 de agosto de 2011

¿ Qué fue del cine....PALACIO CENTRAL ?

A partir de principios de los 90 uno ya se daba cuenta de los nuevos acontecimientos y cambios que llegarían a la ciudad. Aunque algunos de los cuales los hemos mencionado en este blog, no debemos olvidar que factores como la globalización, el neoliberalismo y la implantación de nuevas tecnologías fueron introduciéndose en todos los barrios de la vieja Sevilla; y, ese cambio, quedaría traducido sobre la práctica en la llegada de una cierta cantidad de pobladores: unos, de paso: turistas; otros, nuevos inquilinos (funcionarios, empresarios, inmigrantes, etc), así como la renovación constante de los negocios. Esta relación es importante, pues pretendo transmitir algunos aspectos evolutivos que desde tiempos recientes comenzaron a aparecer y que hicieron perder para siempre tantos y tantos lugares tradicionales y tantísimas intimidades que vivimos hace apenas 20 años. Qué poquito queda de entonces mientras que lo nuevo dura poco menos que un suspiro. Esas son las exigencias de la vida actual.

Hace muchos años, durante los primeros años 70, siendo muy pequeño mis padres me llevaba mucho a los cines que estaban cerca de mi casa. Dicen que vivir en barrios como San Vicente o San Lorenzo puede ser un privilegio, pues se está prácticamente en el mismísimo centro histórico y comercial del Casco Antiguo. Para mí lo fue más aún cuando iba pasando esa niñez, te ibas haciendo mayor, y seguías viendo como esas imagenes tradicionales, identidades que procedía de lo genuinamente sevillano, continuaban inmutables, como fueron aquellos cines.

Si en un reportaje anterior estuvimos hablando del cine Llorens, en esta ocasión nuestro reportaje tratará sobre el Palacio Central. La historia de este lugar puede remontarse perfectamente a la Sevilla de Olavide, allá por el siglo XVIII mediante la aparición de Teatro Principal cuya fachada principal asomaba a la calle O'Donnell, entonces llamada de la Muela. Entre 1830-40, en la regencia de María Cristina, anterior al reinado de Isabel II, el maestro mayor de obras o arquitecto municipal, Melchor Cano, fue encargado de restaurar este teatro. Realizó un edificio de cuatro plantas y albergó el Teatro Principal que llegó a ser muy conocido en la ciudad. En 1850 se abrió el Teatro San Fernando (derribado en 1973, donde está C&A.), situado muy cerca.

Más tarde, Suárez Garmendia, al parecer retocó sensiblemente aquel edificio, cuyo Teatro era de madera, creyéndose que tal vez contó con la ayuda de Balbino Marrón (Museo de Bellas Artes, Palacio de San Telmo), discípulo de Eiffel.

A principios del XX nuestro edificio fue el salón Kursaal, gran teatro de variedades junto con el del Duque. En el año 1941 pasó a denominarse teatro cine Palacio Central, que a mediados de los 80 cerró para siempre. Abajo, panorama de la entrada a la sala por la parte de Sierpes; las otras puertas de acceso estaban en O'Donnell y Pedro Caravaca. La imagen pertenece a marzo de 1980, anunciándose la obra de Federico Fellini, Ensayo de orquesta. A su derecha la papelería Padura, otro clásico desaparecido.


Pero el Palacio Central también tuvo su parte innovadora como cine, ya que fue la primera sala refrigerada en Sevilla. En el edificio llegaron a residir personas como Rafael El Gallo y la viuda de Ignacio Sánchez Mejías, Gabriela. Ahora, cartelería de mano de la proyección Suez, en 1943. Corrían los primeros años.


Durante los 70 y 80, la sala cinematográfica proyectaba sesiones de mañana y tarde. Normalmente, las matutinas solían incluir programación más infantil, aunque no siempre, como por ejemplo a la fecha que correspondió este ticket que abajo ofrecemos (una joyita de enorme sabor): una película de Charles Bronson de acción, denominada América Violenta, 10 de agosto de 1976:


Pese a que en 2003 el edificio fue restaurado, exponiéndose una fachada muy similar a la anterior por Sierpes, es decir, carácter neoclásico, con almohadillado, rejas y balcón central sobre ménsulas entre otras conservaciones, realmente lo que nos interesaría a muchos nostálgicos sería su recuperación como cine, incluyendo un nuevo patio de butacas y, por qué no, las antiguas letras y carteles al estilo de entonces. A continuación en primer término el edificio antes de su restauración total, ya en 2004; y abajo del todo en la actualidad: