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domingo, 7 de agosto de 2011

Los Remedios, el cine de Benito Villamarín

El barrio de Los Remedios de los años 84, 85 u 86 fue una zona repleta de bares juveniles, pubs discotecas; en una de ellas, el Piruetas, que abrió concretamente en 1985, uno de los porteros del local un día me comentó que aquello unos meses antes había sido un cine, una sala muy conocida y prestigiosa en el mundillo de los cines sevillanos. En 1958, aquel nuevo barrio de Sevilla que aún estaba sin terminar, pudo tener un cine propio al igual que siempre los hubo en la vecina Triana.

Por entonces, Benito Villamarín, que ya era presidente perpetuo del Real Betis Balompié, poseía negocios inmobiliarios en Los Remedios y se puso manos a la obra para construir un cine invernal que pudo ser durante muchos años el de mayor aforo de la ciudad con 1.400 butacas. los arquitectos Espiau y Recansens confeccionaron una enorme sala con patio y platea. Concebido también como sala de teatro en una reforma posterior, contaba con 28 metros de embocadura, es decir, la mayor de España, así como una escena de 200 metros cuadrados. El vestíbulo era de un gusto exquisito, repleto de mármoles y cuadros al estilo francés del XIX. 


El 6 de abril de 1958 se procedió a la inaguración del salón mediante una ceremonia en la que acudieron cerca de 300 personas, entre ellas Sáenz de Buruaga, director general de la Guardia Civil. Pero quien se ganó los aplausos del respetable, fue la trianera Paquita Rico, que no sólo estuvo presente en el cine para ver la proyección de prueba aquel día (NO-DO), sino que también fue actriz en la primera película que se estrenó unos días más tarde en el Los Remedios: " Lavanderas de Portugal".

En 1966, al poco de fallecer el gerente del cinema, Francisco Rodríguez Ramos, la empresa Sánchez-Ramade, poseedora de una cadena de cines y teatros andaluces (en Sevilla era propietaria del cine Villasis) se hizo cargo del Los Remedios. Abajo, una imagen de la fachada, concretamente del año 1968:


A principios de los 70, grandes artistas del momento como Victor Manuel o Mari Trini actuaron en el escenario del cine de la calle Asunción. En 1978, el gerente José Muñoz Díaz anunciaba la definitiva reestructuración de la sala, que se convertiría en cine-teatro. Era, con más de mil localidades la mayor de Sevilla dedicada a la representación teatral. En la foto de abajo, exterior de la sala, a finales de los años 70. Delante del cine, un querido 600:


Desde fines de los 70 hasta principios de los 80, el Teatro-Cine Los Remedios llegó a rivalizar con el Álvarez Quintero, gozando de actuaciones memorables: las de las compañías de Lina Morgan (1978), de Las Leandras de Angel de Andrés, de la Compañía quinteriana Teatro Breve; Marifé de Triana (1979); o los humoristas Pepe Da Rosa, Paco Gandía, Manolo de Vega, Josele, Los Morancos de Triana (1983), etc. Aunque sobre 1980 sobrevino una crisis en el mundo de los teatros, pero pese a todo continuaron las actuaciones y presencias de artistas y cantantes, como por ejemplo en 1982, cuando Javier Gurruchaga estuvo presente en la presentación de Bésame tonta.

De todas formas, el Los Remedios no pudo mantenerse y llegaron nuevos tiempos para la sala. En diciembre de 1984, ya con nuevos directores, se transformó en la mítica discoteca Piruetas (de la cual hablaremos en su momento), para ser actualmente el Bingo Los Remedios. De todas formas, si alguna vez pasáis por la fachada (el detalle es que sigue habiendo una farmacia al lado y que las casas de arriba son las mismas) o accedeis al interior, no olvideis que aquel espacio fue uno de los cines de invierno y teatros más importantes de Sevilla.




viernes, 5 de agosto de 2011

¿Qué fue del cine.....Avenida de verano en Triana?

Uno de los cines de verano más genuinos de la ciudad  fue el Avenida. Situado en la calle Pagés del Corro, en el mismo corazón de Triana, podía albergar 800 personas, un aforo incluso superior al también desaparecido Ideal de la Alameda de Hércules. Al finalizar la temporada de 1998 ya estaba sentenciado, y en 2001 cerró para siempre: la crisis cinematográfica, que comenzó a hacer mella casi a mediados de los 80 debido a la inclusión del video a nivel usuario - luego también comunitario - que provocó la desaparición de bastantes salas (también de invierno), acometió el espaldarazo definitivo cuando a principios de la década de los 90 subió dramáticamente el precio del suelo. La inmensa mayoría de las salas estivales fueron de alquiler, por lo que tras la venta del solar desaparecían. Ese fue el caso, entre otros, del Avenida. Pese a que los vecinos trianeros intentaron evitar su cierre, enviando miles de firmas, no hubo nada que hacer.

Imágen de abajo: taquillas del cine. Fuente: "Recuerdos de Sevilla". J.M.Gª Bautista y Fco Gª Sánchez. ED Absalón. 2010.

 Junto a cines como el Alfarería, La Estrella o el San Jacinto, fue de aquellos que se convirtieron en populares en Triana durante el paso de los años. La selecta nevería, las yedras colgantes, la bouganvilla, o incluso hasta aquella lucecita roja que veíamos en las puertas, se hicieron parte de la memoria de nuestros abuelos, padres e incluso la nuestra. Abajo, imagen a color del mismo cine. ¿Verdad que evoca recuerdos?


Otra vista del Avenida, en concreto desde arriba. Una toma espectacular que hemos extraído del libro "Recuerdos de Sevilla". J.M.Gª Bautista y Fco Gª Sánchez. ED Absalón. 2010. En la imagen podemos ver la amplitud del recinto junto a su hermosa pantalla, así como la exuberante vegetación. Ya hace años que de esto prácticamente no existe nada:


Por último, finalizamos este dossier mostrando una entrada del trianero cine Avenida. Hoy en día, dificilmente los tickets de las actuales salas tienen el mismo sabor e indéntico colorido que los de antaño, eso que ahora muchos jovenes llaman antiguedad cuando realmente de aquello ha pasado poco, muy poquito tiempo.

















jueves, 4 de agosto de 2011

LOS ÚLTIMOS COMERCIOS DE SIEMPRE: LA DROGUERÍA DE SAN PABLO

LA DROGUERÍA QUE SE EMPEÑA EN SEGUIR SIÉNDOLO



A Eloy

En Sevilla hay comercios con algo más que con encanto: con la perseverancia de sus dueños por mantener su negocio a pesar de las presiones de las multinacionales, de la modernidad, de la globalización, de las franquicias, del paso del tiempo…de la insoportable manera en que los comercios parecen quirófanos impersonales en lugar de sitios con personalidad.

Cuando tenía 14 años y comenzaba el bachillerato, solía ir a Liñeros, en la callejuela del mismo nombre, bocacalle de Cuna, por donde empieza a abrirse la Plaza del Salvador, hoy cerrada con una cancela. Por aquel entonces, era el único de mi clase que utilizaba papel reciclado (me vino pronto la vocación verde) y lo compraba al peso en esa tienda. En realidad, se trataba de un tipo de papel muy fino, de estraza, que se utilizaba para envolver embutidos o carne, pero del tamaño aproximado de un A3, el cual, una vez doblado, me proporcionaba dos A4 de espantoso color y calidad, pero de enorme y económica utilidad para mis apuntes.

Liñeros era un caos magníficamente organizado. Una tienda vieja que olía a lo que tiene que oler una tienda vieja, con unos empleados que se diría que habían nacido entre esas paredes donde amarilleaban calendarios de años que pasaron hacía ya unos cuantos lustros. Pero con ese encanto de lo señero, de lo clásico, de lo auténticamente sevillano. Y por eso me gustaba.

En la calle San Pablo, frente a lo que fue la guarnicionería que tomaba su nombre de dicha calle, y de esa calentería que sirve el mejor chocolate del mundo (con permiso de Virgen de los Reyes), existe aún uno de esos comercios señeros. Ese establecimiento resiste el paso del tiempo con la dignidad propia del orgulloso comerciante que la regenta, con ese olor y ese maravilloso desorden que lo hace único. Y con un escaparate que sería motivo de indignación de cualquier enteradillo en marketing, que muestra unos productos que, quizás, ya eran conocidos en la época en que toda esa calle y todas las calles de Sevilla, estaban repletas de las tiendas de ultramarinos de los montañeses,  de los bares donde servían vino y chochos. Una mirada a su alrededor nos permite contemplar la pervivencia de otros comercios añejos: Osorno, la Óptica San Pablo, Cecilio del Pueyo…Pero al entrar en Reyes Católicos, predominan las multinacionales que, poco a poco, se van haciendo con los edificios emblemáticos de la ciudad y con sus mejores esquinas…Burger King, KFC, Haagen Dasz…

Hace unos días fui a la droguería que nos ocupa a por uno de esos productos que ya sólo se encuentran en sitios como ese. Miré con nostalgia cada una de las estanterías que tenía delante mía mientras esperaba que el tendero, un señor de unos 60 años largos, sin la menor prisa, saliese de la trastienda a interesarse por mí. Suelo ser muy poco comunicativo en estos casos, me limito a pedir, pagar y salir. A veces, dado mi despiste, no necesariamente en ese orden; en esta ocasión, me detuve a preguntar con sana curiosidad cómo ha resistido esa esquina a la presión del dinero y de las multinacionales. El señor, propietario del negocio, me contó cómo sus descendientes no quieren hacerse cargo de continuarlo y cómo él solo sigue al frente del mismo desde hace más años de los que puedo llegar a imaginar, regalándome a continuación una de esas frases de las que siempre me acordaré cada vez que pase por allí:

“¿Sabe usted qué pasa? Que a mí me gusta que haya una droguería aquí. Cuando yo pienso en esta esquina de Sevilla, me la imagino con una droguería y como se me ha antojado, pues no pienso dejar que haya otra cosa. No sé si me explico”







Y yo creo que es difícil explicarse mejor y con más claridad.

martes, 2 de agosto de 2011

¿ Qué fue del cine....PATHÉ ?

En el mundo de la cinematografía sevillana pocos cines han podido presumir como la sala Pathé de una trayectoria de nada menos que 60 años. Desde hace años el edificio ha ejercido tanto como de discoteca (1994-95) como de teatro, que es como figura en nuestros días. Aún así, el Pathé fue el primer cine concebido como tal desde su inauguración, un lejanísimo 18 de octubre de 1925. La construcción del local corrió a cargo del prestigioso Juan Talavera Heredia ( Edificio Telefónica, fachada Iglesia de Santa Cruz cuando los infantes ), quien le impregnó unas trazas de matices modernistas. Aquel día del estreno, en la calle Cuna, los infantes Don Carlos y Doña Luisa asistieron como invitados de honor, proyectándose una cinta del famoso actor cómico Harold Lloyd. Tras un lustro de aquello, el 10 de enero 1930, la sala Pathé fue la segunda en proyectar cine sonoro en Sevilla, unos días después que el Llorens diera el primer paso.

Durante la Guerra Civil y en algunos años de la Postguerra, el Pathé, al igual que otros cines hispalenses, fue escenario de funciones benéficas y patrióticas. Básicamente se emitía cine relacionado con las potencias del Eje. El cine americano tuvo que esperar un tiempo, puesto que, gustos aparte, " lo que había era lo que había ". Tras estas líneas, troquelado publicitario del Pathé de una película de Juan de Orduña de 1941, Escuadrilla, con un Alfredo Mayo en la cresta de la ola:


Abajo, momento en que el paso de la Hermandad de la Amargura, conocido popularmente como el desprecio de Herodes, está a punto de llegar a la altura del cine Pathé. Observen la belleza de la fachada, en la que destacan poderosamente las ménsulas, arcos de medio punto, friso y pilastras adosadas. Corrían los años de 1950.


Durante años el Pathé fue una de las salas chic de Sevilla. Se hicieron muy famosas las sesiones "Vermouth", casi al caer la noche, momentos en que la juventud más selecta y de "pollos bien" se daba cita en el cine con la pretensión de buscar nuevos amoríos y aventuras, en aquel terreno de lo prohibido, de lo oculto. Ahora veamos otra perspectiva del local, tal vez en los 60, tras una reforma que se le practicó en los 30, pero que tanto por dentro como por el exterior había respetado sus esencias. En aquel tiempo se cambió a la denominación de Cinema Delicias, pero fue por pocos años.


Ya en los setenta, el Pathé volvió a ser reformado, pero en esta ocasión de una manera más acorde a los nuevos tiempos. La imagen que veremos ahora, que tiene un indudable sabor setentero, pertenece al mes de noviembre de 1978 en que se proyectó el film "Nunca en horas de clase": dirigida por J.A. de la Loma, fue una producción juvenil a lo español que siguió, como tantas otras, la estela travoltista, pero cuyo mejor elemento fue la canción de los italianos New Trolls "It´s downtown". ¿Se imaginan una tarde cualquiera de domingo en otoño en aquellos años, pasando por el cine, en una calle Cuna casi vacía?


En diciembre de 1985 el Pathé fue cerrado para siempre, afectado por aquellas circunstancias que hemos relatado en otros reportajes sobre cines sevillanos y que fueron determinantes para la muerte de estas clásicas e históricas salas dedicadas al séptimo arte. De todas formas, nos gustaría despedir este dossier recordando un ticket muy al gusto del contenido de nuestro blog; en esta ocasión bajo un formato con sabor de a principios de los 80: