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lunes, 1 de agosto de 2016

EL BAR DE LAS TRES CARABELAS

Si tuviéramos que encontrar alguna semejanza entre Londres y Sevilla, seguramente deberíamos apostar por la existencia de dos ríos que fueron y aún siguen estando entre los más importantes del orbe. Quizá poco más, pues la cuidada capital británica se parece muy poco a nuestra hispalense ciudad, dejando ésta algunas huellas en lugares como el British Museum, donde encontramos añejos documentos sevillanos de Pascual de Gayangos, o el famoso y tradicional Trafalgar Square, nombre éste bautizado a la sazón de la victoria inglesa en la famosa batalla naval celebrada en 1805 cerquita de los Caños de la Meca. Pues en dicha plaza londinense se encuentra la National Gallery Picture, poseedora de un par de obras del sevillano Diego de Velázquez. Si a lo anterior unimos la abundancia de palomas, nos iríamos acercando más al panorama hispalense, muy de algunos de nuestros parques más importantes como el de María Luisa o el de Murillo, por donde encontramos el Paseo de Catalina de Ribera, anexo a nuestro Alcázar, sólo que el paralelismo de parte de esta zona con el londinense mencionado, deja que desear en algún que otro aspecto....

Los ingleses, muy dados a la conservación de sus espacios tradicionales -ya sean de gran o escaso valor, contrasta con la particular y secular visión sevillana de borrar de la faz local cualquier construcción mientras que exista la oportunidad para ello. Perpetrar pequeños atentados sobre fábricas no valoradas por las leyes protectoras del patrimonio, no deja de resultar un deporte orientado al beneficio económico mientras se pueda pasar desapercibido en ello. En este caso, al parecer, es nuestro consistorio quien posee, para este caso en cuestión, la patente de corso.

Nos encontramos ante el otrora popular Bar Las Tres Carabelas, uno de los establecimientos - kiosco que se establecieron en el margen colindante a Jardines de Murillo - Paseo Catalina de Ribera, a la orilla del tramo de Menéndez Pelayo, unos metros antes de llegar frente al Hotel Alcázar y al posterior hueco donde estaba el desaparecido Ambulatorio de Socorro Prado. La perspectiva aérea nos ayudará mejor a localizar el lugar:

En realidad, este establecimiento es el único que aún resta ( en ruinas y en obras al parecer detenidas ) de la hilera de quioscos similares que abundaban en la misma zona, como fueron el Al Sur y el Cristales, figurando este último muy cerquita del de Las Tres Calrabelas, demolido hace muy poco tiempo y que, al igual que el resto presentaba un estado de total dejadez, llegando a haber estado ocupado por ocupas. Veamos una escena reciente que abarca en último término el de Cristales antes de su derribo, y en el primero el Carabelas ya abandonado. Entre ambas construcciones, se yergue un pino que pudiera ser de principios del XX: 

Fuente fotografía de abajo a color: sevilla21, autor Nautilus.

Precisamente, si pasamos los restos del Carabelas, se aprecia el armazón en ladrillo visto de lo que será una nueva sede que servirá como taller y alquiler de bicicletas, en la que algunas empresas colaborarán para gestionar lo que será otra nueva herramienta turística para una ciudad más que saturada de bicicletas y de toda clase de pequeños vehículos tipo tandem, scooters, etc.

El establecimiento de las Tres Carabelas, según los datos que disponemos, parece ser que pudo haber sido construido en la segunda mitad de década de 1960. Eran tiempos en que la ciudad pese a su fuerte crecimiento, aún gozaba de mucho espacio libre, incluso por este visitado y transitado sector, disfrutando este puesto de un enorme auge hasta la década de los 80. A partir del siguiente decenio, la botellona obligó al cerramiento de los jardines a partir de ciertas horas nocturnas, conllevando el decaimiento del sitio.

La perspectiva de abajo, presenta una terraza preciosa, con sabor funcional y marinero, abierta y con puntos de luz concentrados en las amplias cristaleras. Los veladores, en asientos de metal, ofrecían el sosiego necesario a un conjunto sencillo y espaciado. La imagen pudo haberse realizado a principios de los 70:

Otra escena interesante era la formada por la representación en hierro de las tres Carabelas, esculturas que al parecer, según Julio, el propietario argentino que tenía el kiosco de chucherías y helados del paseo, fueron arrancadas del bar por sus antiguos dueños. Al menos hemos recuperado una perspectiva de cada figura:

En este 2016, sin que haya leído noticias recientes sobre ello, se supone ha expirado el ultimátum del Ayuntamiento a la propiedad del pequeño edificio, para que se ejecutaran unas reformas de restablecimiento que no se han ejecutado. La Empresa de Terrazas de Sevilla S.L. quien solicitó la licencia para explotar como terraza bar, y reparar este kiosco a partir de 2011, dejó el sitio en deterioro. Los dueños del viejo bar renunciaron a la concesión administrativa el 30 de julio del 2015, por lo que la Gerencia de Urbanismo comenzó a tramitar la recuperación del local. Es decir, Parques y Jardines debió o debe ( si ha existido algún tipo de moratoria ) recibir informes sobre unos arreglos para restituir el edificio a como se hallaba antes de la concesión para aceptar la renuncia presentada por la empresa adjudicataria, que a simple vista a día de hoy, no llegamos a percibir finalizados por la concesionaria, con tal de que el mismo consistorio destine este espacio para jardineros y barrenderos.

Pero sea cual sea el destino del resto del kiosco de las Tres Calaveras, es algo que jamás volverá a ser igual. Una vez más, ayuntamientos y empresarios abandonan lo que durante décadas fue, sin preocuparse por mantener unas simples paredes, un techo y unos cuantos decorados. Como los ingleses con el Argyll Arms de Londres, o con las viejas fábricas de Manchester, vamos....

domingo, 2 de agosto de 2015

LOS KIOSKOS ANTIGUOS DE 1936 - 1939 ( 2 )

En el número publicado el 24/02/2014 de mi antiguo blog sevilladesaparecida, hicimos mención acerca de los puestecillos hexagonales que se ubicaron posiblemente entre 1936 - 1939, a semejanza de los modelos destruidos en la Plaza Nueva: En aquel reportaje vimos los colocados en el Museo, Plaza Duque, así como una imagen de uno los tres que hubo en la Plaza Nueva.

De patrones y fechas similares, algunos, construidos con materiales más pobres, otros de más calidad, encontramos más ejemplares de kioscos localizados en diferentes emplazamientos:  Plaza de la Magdalena, Plaza del Pumarejo, Ronda de Capuchinos, Jardines de Murillo y Macarena. 

El puestecillo de la Ronda de Capuchinos se encontraba justo en la acera de enfrente a la gasolinera, una estación de servicios que se inauguró en 1965 y que ocupó un emplazamiento lindante a la fábrica de papel Onena y que a su vez estaba pegado al famoso cine de verano Capuchinos. Algunos vecinos del lugar afirman que este puesto se desmanteló al construirse en 1978 los bloques de viviendas gemelas números 1 y 3 de la vía sobre parte del derribo del Barrio de San Julián, que comenzó a demolerse en 1962. A este tenor nos compadecemos por este, otro más crimen urbanístico perpetrado una vez más en nuestra ciudad. En el plano de 1943 es mencionado el quiosco, mientras que hemos rayado en rojo parte del todavía existente San Julián; a la izquierda, San Hermenegildo.

No obstante, lo realmente impactante es la fotografía tomada en 1966, ya que la superficie de escampada era donde se ubicaba parte del Barrio de San Julián. En el centro, el Kiosko, más al fondo la gasolinera que se había inaugurado en 1965, mientras que a la izquierda la entrada a los Capuchinos. En el extremo derecho, un niño parece pasear por el solar ( ampliar la imagen ).




















Gobernaron en Sevilla, una vez estallado el Movimiento Nacional, un buen puñado de alcaldes a partir de Ramón de Carranza; entre ellos o alguno de ellos se aprobó la colocación de los puestecillos de los que informamos. Muy popular fue también el ubicado en la plaza del Pumarejo. Sabemos que estuvo delante de la misma puerta del edificio de las antiguas atahonas municipales contruido en 1787 y del que sólo se conserva la fachada con algún añadido posterior; otro ejemplo más de la barbarie y autoflagelación urbanística a la que los dirigentes sevillanos parecieron tener apego desde los comienzos de la Ciudad. En el flanco Este, según el plano de 1943 - bajo estas líneas -, aparece la Casa Palacio de Pumarejo (2), otro edificio del XVIII que esperemos sea conservado; mientras que el número 1 es la mencionada Atahona, el 3 la calle Fray Diego de Cádiz y el 4 la calle Aniceto Sáenz.


También la imagen de ABC nos clarifica más tanto las Atahonas como el puestecillo. En los años 80 quizá debió ser sustituído por otro de chapa, una especie de modelo standard que desde finales de la dácada anterior ya comenzaba a sustituir a los de madera, observando aquel en la segunda foto por abajo. Actualmente no existen quioscos en esta plaza, mas la presencia masiva de maleantes en la zona no supone un incentivo para los kiosqueros.


Sobre el kiosco de la Magdalena no hemos encontrado imágenes de fotografía, pero sí disponemos del plano de 1944, donde figura su emplazamiento. En aquel mismo lugar, también en los setenta, al parecer se debió colocar uno de flores que a su vez pudo haber coexistido junto a otro de chapa color aluminio plateado. Interesante las dos vías tranviarias que entonces rodeaban la Plaza, llamada a la sazón del triunfo del Alzamiento en Sevilla como Plaza del General Franco, en 1936. En 1980 se rotuló de forma definitiva como la Plaza de la Magdalena.

Tampoco estaría de más volver a citar el puesto de la Plaza del Duque, que no aparecía en los planos que manejamos de los 40, por lo que tal vez pudo haberse establecido en la década siguiente. Estas perspectivas nos enseñan el techo del Palacio de los Cavaleri y el puestecillo en la esquina, incluso con algunos negocios en la planta baja:

Finalizamos con una escena cotidiana frente a la Basílica de la Macarena, apreciando en primer plano el kiosquillo, que quizá junto al de la Plaza del Museo, sea uno de los dos últimos representantes de un estilo que hace muchísimos años fue una mezcla de aparente monumentalidad y señorío, sobresaliendo por aquellas líneas hexagonales que, si bien nos recuerdan a los seises, no le hemos encontrado ningún trasfondo más allá del de poder atender al público en todas las aristas posibles. Estos puestecillos deberían ser conservados, pues formaron parte del panorama cotidiano sevillano en su momento, lejos de los actuales, de mayor impersonalidad, pero que el Ayuntamiento, continuador también de estos poco románticos tiempos, se propuso imponer.




miércoles, 15 de julio de 2015

RÓTULOS y PLACAS DESAPARECIDAS DE LA ALAMEDA DE HÉRCULES

Así fueron y así son:  mudos testigos de la memoria de la Alameda de Hércules de Sevilla. Viejas inscripciones de piedra o de madera que, desapercibidas y silenciosas, sobrevivieron a terremotos, riadas, guerras, incendios y toda clase de avatares que sufrió la ciudad. Conocieron las historias de hechos alegres y también luctuosos; observaron el progreso de cofradías y procesiones, desfiles, tranvías o entierros; e incluso hasta reconocieron a personajes populares y anónimos, odiados y queridos, buenos y malos de la Sevilla de ayer y de siempre.

LA HISTORIA DE LA PLACA DE LA JABANILLA Y LOS  RÓTULOS DE LA ALAMEDA DE HÉRCULES DESAPARECIDOS


Echemos un vistazo a la panorámica del lugar en 1961, el lugar, antiguo número 4 de Potro. Una vieja casa de vecinos de dos plantas que aparece inmortalizada en la arriada tras la barca, décadas antes a su derribo. A la derecha según miramos, una accesoría con persiana de metal, donde trabajaba un zapatero llamado Antonio, mientras que el siguiente número, el 7, justo al lado, era la casa de Carlos Hill, lugar donde se alquilaban disfraces:


Aunque creemos que anterior a 1856 no debió haberse colocado aquel u otro rótulo, pues Balbino Marrón elaboró un proyecto que dio lugar a la calle Potro , rotulada en 1875. Pero lo cierto es que a principios de este siglo XXI se derribó esa casa junto al marbete* que rezaba "Alameda de Hércules", aunque aquel no fue el único que mencionaba el nombre del bulevar en este sitio, pues tenemos constancia de otro, que actualmente tampoco existe, que estuvo en un edificio muy retocado pero que antiguamente fue el Bar Los Majarones y que a finales de los 60-70 pasó a ser un taller de recauchutados, de lo que hablamos a continuación.

Abajo y a la izquierda, ampliamos la parte central de la fachada en una toma posterior, ya de a principios de los 80, en la vemos ampliado y con más nitidez el rótulo que se identificaba la Alameda de Hércules. A juzgar por la cercanía a mi domicilio y también por testimonios de vecinos del lugar, el marbete siempre fue el mismo y nunca fue repuesto o reparado por otro distinto. A la derecha, también ampliado el azulejo de " La Jabanilla ", que se hallaba en la parte inferior derecha del anterior:

Como objeto de valor histórico, no ofrece alguna duda el azulejo que no figura, atención, en el Plano de Olavide; eso sí, en el nomenclátor sí está. Pero el asunto se complica porque en realidad no se conoce el topónimo de esa palabra. Al respecto, Demetrio Mármol Plaza, vecino del lugar, comentaba que: " en aquel lugar existió una vieja taberna -anterior a la de los mencionados Majarones- que fue sitio de reunión de cubanos residentes o transehuntes en Sevilla, a la que llamaron por añoranza " La Habanilla ", de ahí en la evolución oral posterior el cambio de la h por la J. Sin embargo, otro acervo explica que " existió también otra taberna de reuniones políticas denominada " Abanilla ", sin hache ".  De esta forma, dos interpretaciones diferentes que no aclararon el origen.

Como antes decíamos, el rótulo de la " Alameda de Hércules ", así como la placa de " La Jabanilla " se conservaron hasta hace muy poquito. Ya no existen. En la siguiente imagen, tomada en 1985, el fallecido cantaor El Pali, parece señalar hacia el taller de automóviles, recordando a los Majarones, aunque tal vez sin advertir que placas ( hemos circulado dos ), siendo el del lado inferior izquiero el de esta investigación, y marbete* estaban allí como testigos del momento, dejándonos prueba de su existencia para artículos de investigación como el que publicamos:


En nuestros días, un bar al estilo moderno ocupa la parte baja de aquel edificio, donde no se ven por ninguna parte las placas:


El mismo edificio, en la parte que entra en la calle Barco, también tres placas de significado diferente: alturas alcanzadas por las aguas del Guadalquivir en diferentes arriadas en Sevilla. Ninguna de las tres sobreviven:

La de arriba menciona 1786, mientras que la de abajo está inscrita un siglo después. El azulejo del XVIII tal vez fue trasladado a la calle Santa Ana, esquina Alameda, justo en la antigua Sacristía; el segundo, desapareció y no nos consta se haya recolocado en algún otro lugar de la Alameda. Se marca, además, la línea de la altura del agua, posiblemente muy dispar en relación a otras zonas más o menos anegadas del bulevar alamedano, por lo que creemos que la primera placa no debió trasladarse. El tercero de ellos, que marcaba la altura del agua en 1961, tampoco se conserva en este lugar.


Pero en la esquina de Santa Ana, además de la placa mencionada del XVIII, también existe otra gemela al del mismo edificio de la calle Barco; en concreto marca la llegada del agua en la riada de 1961 como apuntamos. Vemos las dos láminas actualmente:


Precisamente, en la misma calle Santa Ana, justo arriba de la cerámica que vemos sobre estas líneas, existió un rótulo antiguo, de madera, sobre el que conocemos que a principios de los 80 del pasado siglo fue sustituido por otro de material alfarero, al estilo del actual. El marbete, quizá fue acometido por los operarios que trabajaban en la carpintería del mismo edificio que anteriormente fue la bodega de La Sacristía.

Las placas o los rótulos, al formar parte de un patrimonio cultural muy pequeño al que nunca se ha protegido ni por el que no se han preocupado. Señales calladas, testigos de la Historia de nuestra ciudad. Desde estas modestas líneas solicitamos su conservación y que nunca la dejadez o los malos propósitos no pasen por encima ni se impongan encima de estos reducidos compañeros de tránsito.

* Marbete: Como nombre masculino, pedazo de papel, cartulina u otro material parecido que se pega o sujeta sobre una cosa para indicar alguna información relacionada con ella, en especial su contenido o su destino.
 


viernes, 10 de julio de 2015

LA ALAMEDA DESAPARECIDA, CRÓNICAS ( 6 )

PERSPECTIVA SOCIAL DE LA ALAMEDA
DÉCADAS DE 1970-1980

Es la Alameda de Hércules una inagotable fuente, un interminable filón de historias, anécdotas, hechos...... Habiendo ejercido un protagonismo indiscutible en la llamada Sevilla de la Transición, en aquellos años 70 y 80 tan queridos y recordados en este espacio. Crónicas de un bulevar alamediano que parecen algunas de ellas quedar en el olvido; mientras que otras a veces se oyen entre algunos supervivientes autócnonos del lugar y alrededores, transmitidas de generación en generación por aquellos que las vivieron, las oyeron a su vez contadas por sus protagonistas o por otros que a la par, recibieron en sus oidos aquellas cosas que pasaron.

Colocándonos en situación, la década de los 70 nos enseñaba una Alameda repleta de un caserío principalmente decimonónico y de a principios del XX , en lo  referente a los flancos del bulevar, el cual mantenía su estética rectangular de siempre, pero fraccionado en tres vías transversales producto de la reforma de 1936-45, orientadas para esparcer el tráfico  y poder desembocar a calles como Relator, Peris Mencheta, Santa Ana, Niño Perdido, etc. Algunas de estas y otras calles, adyacentes y paralelas al rectángulo, formaban junto a la otra ala ( Leonor Dávalos ); un entresijo interno en el que dominaban edificios también construidos en lejanas décadas anteriores, la mayoría sin reformar y en estado de deterioro. A todo esto, se le unía el aspecto social en el que destacaban la prostitución y la inseguridad ( esto último acentuado desde principios de los 80 ). También, a raíz de la segunda mitad del decenio de 1970, aparecen las drogas duras . La situación social del lugar, poco antes de la llegada de los 90, llegó a presentar un escenario en el que, salvo la media mañana o el mediodía, el riesgo de robo a punta de navaja era un peligro casi constante. La prostitución anteriormente autóctona desaparecía progresivamente; el proxeneta, también otrora del lugar, iba dejando paso a tipos que, procedente de las barriadas periféricas, acudían con motocicletas a recoger a las prostitutas, aprovechando sin escrúpulos el intimidar y robar a cualquier viandante circunstancial o potencial cliente. La llegada de estos improvisados motoristas se vio favorecida por el crecimiento del motor en el mercado de segunda mano, unido a las nuevas leyes blandas, la continuación y aumento de la marginalidad en la periferia, así como la mencionada llegada de la droga.

Sección de la Alameda de Hércules en una perspectiva aérea de 1982. Señalamos algunas calles conflictivas como eran Leonor Dávalos (1), Joaquín Costa (2), Niño Perdido (3). El número 4 era la "boca del metro", cuyas obras se cerraron y quedaron paralizadas. Por supuesto, otras calles cercanas a Joaquín Costa fueron lugares muy peligrosos ( Cruz de la Tinaja, Juan Pérez Montalbán, Molinos, Niño Perdido...), sin olvidar el sector de la Plaza de la Europa. No obstante, la Alameda de entonces era prácticamente un todo inseguro.

Crónicas buenas y crónicas malas. Historias de otro tiempo....

LA LEYENDA NEGRA DE LA VAQUITA

En la calle Joaquín Costa número 20, se hallaba una de las muchas whisquerías de entonces: La Vaquita. El 18 de enero de 1973, un camionero, cliente quizás circunstancial del bar, dicen las fuentes de prensa que según testigos del local, forcejeó con alguna de las chicas que allí trabajaban, por lo que fue expulsado, prometiendo venganza contra quienes se encontraban allí dentro. En efecto. Posteriores opiniones cuentan que J.F.A.C. - iniciales del supuesto caminonero - fue a la gasolinera de Torneo y con una lata de combustible se encaminó de nuevo hacia el bar, cumpliendo aquellas siniestras palabras vengativas. Roció con gasolina el suelo, lanzando a continuación la latilla sobre una estufa de butano. Inmediatamente el fuego y la humareda inundaron el local. El encargado, J.O., reaccionó colaborando en sacar de las llamas y el humo a Rosario ( la mujer que vendía el tabaco ), así como a un par de clientes.

Mientras se desarrollaba el mortal episodio, ambulancias, policía y bomberos se encaminaban raúdamente mientras los vecinos de la calle y personas que paraban entonces en otros bares cercanos, contribuyendo éstos a sofocar el fuego con cubos de agua e intentar a su vez salvar alguna vida.

Cinco mujeres (la mayor parte de de ellas de nacionalidad o procedencia árabe ) y un hombre fueron los fallecidos: camareras y un cliente. Otros tres varones resultaron heridos, figurando uno de ellos como otro de los encargados de la whiskería. Por su parte, el autor del múltiple crimen terminó entregándose en la Comisaría.

De esta forma, a la izquierda, ABC nos mostraba el estado final de La Vaquita


Derecha: Escena tomada en 1978. Vemos un día cualquiera en la vida de La Alameda, con los proxenetas paseando en Niño Perdido y Joaquín Costa. Al fondo del todo, en la derecha observamos parte de lo que fue la nueva whiskería "La Vaquita -2" -con el letrero de cerveza "Águila dorada"-, que se trasladó al número 18 hasta 1981. Vemos un Seat 127 a la derecha de la calle, justo pegado a la entrada del desaparecido bar "Seire". Sabor añejo de unos tiempos que no volverán, pero que nos evocan a las páginas negras de la Alameda, en hechos sucedidos hace más de cuarenta años.

             EL ROBO DEL BUTRÓN EN EL BAR LOS ESCUDOS

En algunos reportajes anteriores sobre la Alameda, hemos hablado de la administración de quinielas Chispitas, establecimiento del que tenemos constancia de su existencia al menos desde principio de los 70; lugar que se convirtió en un sitio muy popular, pues fue una peña quinielística que proporcionó numeroso premios a lo largo de su dilatada existencia.

A la derecha del despacho aparecen las puertas del bar Los Escudos , el cual también fue víctima en aquella ocasión del robo que mencionamos. Bar y administración pertenecían a Antonio Luque, quien al llegar con su hijo la mañana del 14 de diciembre de 1984, encontró que desde la azotea de una casa colindante, deshabitada, penetraron al zagúan contiguo al bar, forzaron la cancela de su entrada y practicaron un agujero en el muro para pasar al interior. Afortunadamente, al ser de madrugada y no localizarse el interruptor de la luz, sin linternas y sólo mecheros, los ladrones produjeron mucho ruido en su trajín y sólo pudieron arramblar con parte de la recaudación de las quinielas, unas 40 mil pesetas de entonces, aunque los destrozos causados se elevaron a doscientas mil. Alertada por los vecinos, la policía hizo aparición, aunque los cacos ya habían huido.

Otro robo más en la zona. Como no podía ser de otra forma, la Alameda y sus aledaños eran el principal espejo para la inseguridad del Casco Antiguo de una Sevilla que había multiplicado por tres el número de robos en apenas once años, desde 1972.

    PREMIO DE LOTERÍA DE NAVIDAD PARA LA GENTE HUMILDE

En nuestra querida Alameda no todo fueron robos y crímenes. También existieron momentos de felicidad y de jolgorio dentro de aquel microcosmos. El exponente principal de la mejor noticia de todas las pensables fue que Sevilla, como en otras ocasiones, fue beneficiada con varios premios importantes de la Lotería Nacional navideña. Si en la deprimida entonces barriada de Torreblanca tocó un premio de 25 millones de las antiguas pesetas, gracias a un número adquirido en la Administración del Gato Negro, en la Alameda de Hércules, nada menos que una parte importante del 55.793, o sea, el Segundo Premio, fue a parar allí.  También una empresa ubicada en la Carretera de Su Eminencia fue beneficiada.  Una Lotería de Navidad en la que las niñas de San Ildefonso por primera vez hicieron su debut.

Las crónicas narran que un popular lotero conocido como " El Chino ", llevó la felicidad en forma de billetes que se tradujeron en 372 millones que cayeron en manos de parados, prostitutas, trabajadores y hasta propietarios de algunos locales del lugar. Aquella Alameda solitaria y taciturna fue por unos días un lugar en que la felicidad y el alboroto se hizo patente para todos los vecinos.

Sabemos que dos bares fueron afortunados con buenos pellizcos, como la Cervecería Otero, que se encontraba al principio de Joaquín Costa, esquina Barco ( casi diez millones ), o el bar Las Columnas ( que no es el local actual con su mismo nombre ), sino otro que estaba localizado cerca de la Plaza de la Mata. En la imagen de la izquierda, escena en la puerta de este último local.

La Alameda, aquel espacio autóctono y genuínamente sevillano; la de los chulos y prostitutas que allí vivían, la de los guardacoches, la de los prostíbulos, whisquerías, la freiduría la Isla, Las Maravillas reformada, Los Faroles, La Conga, las de las partidas ilegales de cartas en el Casino Ferroviario, Las Sirenas en ruina, los derribos vacíos, la de los kioskos de madera; aquella que sucedió a la del flamenco, los cines verano y las tertulias taurinas,  fue parte de la Sevilla de la Transición y, aunque para muchos para bien, hace años que murió, permaneciendo sólo en la memoria de los nostálgicos como el autor de estas líneas.