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miércoles, 5 de marzo de 2014

TIENDAS DE ULTRAMARINOS DESAPARECIDAS DEL CASCO ANTIGUO ( 1 )

Iniciamos una nueva singladura relacionada con aquellos establecimientos sevillanos dedicados principalmente al rama de la alimentación, como fueron aquellas tiendas de ultramarinos, cuyo funcionamiento exclusivo se situó tal vez hasta la década de 1990, pero que en épocas cercanas a dicho decenio, como por ejemplo, en el período de los 30, 40, 60, 70 u 80, formaron parte de ese universo hispalense que las frecuentaba. La parte más cercana a la Catedral o Triana, ha sido retratada fielmente por el tratadista de temas locales Nicolás Salas en su Mercurio Sevillano; ejemplar esencial para la comprensión de la historia de los establecimientos de más tradición y popularidad. Nosotros, empero, ofrecemos una visión que se centra básicamente en aquellos recintos menos conocidos pero que también tuvieron su tiempo e incluso hasta su moda; excluyendo por el momento aquellos establecidos en las barriadas extramuros, debido a la enorme dificultad que entraña encontrar lotes de datos suficientes como para exponer un lote bastante completo que nos gustaría aquilatar, esperando reunir lo deseado para más adelante mostrarlo en estas páginas. De esta manera, centrémonos en unos años relativamente próximos en que los cada vez más borrosos recuerdos son los únicos vestigios que perviven en nuestras mentes.

BAR / ULTRAMARINOS FRANCISCO BRACHO SÁNCHEZ


La fecha de fundación de este establecimiento es desconocida, aunque sí conocemos que en 1928 fue adquirida por el padre de Francisco Bracho. Estaba compuesta por tres habitaciones, estando una de ellas dedicada al bar. Hacía esquina tanto a la calle Zaragoza como a Doña Guiomar, concretamente en el número 32 de la primera de estas vías, ocupando unos 40 metros cuadrados. La parte dedicada a los ultramarinos era de forma rectangular, presentando un mostrador de madera pintada con tapa de mármol. El bar, también a modo de rectángulo, poseía un mobiliario similar con sillas para los clientes. En la actualidad el edificio donde estaba la tienda se halla bajo restauración por su antiguedad.  Abajo, interior de la tienda junto a los propietarios; más al fondo, las sillas que ofrecen una bonita imagen romántica.


ULTRAMARINOS LA GAVIOTA

Situada en el antiguo número 7 de la calle San Laureano, frente al famoso Patio de dicho nombre, cerquísima del viejo zócalo, residuo de lo que en sus tiempos fue la histórica Puerta de Goles o Real, el despacho de ultramarinos La Gaviota pudo haber comenzado su datación a principios del siglo XX, pues antes que desapareciese, tuvo varios propietarios, hasta que en 1970, Juan Madrigal Sánchez la obtuvo mediante un traspaso. Como se aprecia en la imagen, vemos la clásica báscula o peso sobre el mostrador; las letras cursivas, tal vez de latón, pintadas, hacen añorar ese clásico sabor y olor a comestibles, dentro de lo que fue una época muchísimo más sencilla y costumbrista.


 ESTANCO / ULTRAMARINOS EL CARMEN 

Todavía existen muchos vecinos de la zona de San Lorenzo / Gavidia, que recuerdan perfectamente el establecimiento conocido por El Carmen, pues solía ser muy frecuentado para echar las quinielas de fútbol. El lugar, concretamente es el número 6 de la calle Baños, que ocupa parte de un edificio del siglo XIX. Como propietaria recordamos a Encarnación Cruz Moreno, que la heredó de su padre que la compró en 1930. Anteriormente a aquella fecha, también constaba con un bar, pero que fue suprimido para añadirle el estanco.

Del local destacaba su longitud, pues medía alrededor de 15 metros de largo. Como se aprecia en la imagen, hacía acceso tanto a Baños como a Martínez Montañés. El espacio dedicado al estanco era muy pequeño, mientras que el mobiliario consistía en casi su mayor parte en estanterías de madera pintadas y abiertas. El viejo mostrador fue sustituído con el tiempo por cámaras frigoríficas. El zócalo bajo del exterior, era marrón.

La clasicidad de la fachada junto a los letreros nos evocan a quienes conocimos El Carmen  - en que la calle Baños absorbía mucho menos tráfico que desde hace más de una década -, a también otros negocios cercanos de entonces, como, por ejemplo, la vieja ferretería de José y sus hermanos, el almacen de frutos secos y alpiste de Diego, el bar El Camborio, o la droguería de Ana, populares en aquellos tiempos.

Hasta aquí, el primero de esta serie de capítulos destinados a los ultramarinos sevillanos, establecimientos que fueron de toda la vida, por encima de algunos nuevos comercios de última moda, que pese a su similitud con aquellos, nunca llegarán a sustituirlos, y menos aún, confundirlos.

Querido lector: desde sevillaperdida.blogspot.com, recuerde que valoramos cualquier participación que le parezca pueda ser útil para la elaboración de estos reportajes, animándole a contactar con nosotros mediante nuestro email: beticista96@gmail.com ya que somos de la opinión que el valor de una fotografía debe estar por encima de una una simple publicación en cualquier red social.









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